Marie-Louise von François

Nació el 27 de junio de 1817 cerca de Merseburg (Sa­jorna) y murió el 25 de octubre de 1893 en Weissenfels.

Su padre, de origen francés, falle­ció cuando la niña contaba un año, y el tutor de ella, una vez dilapidado el patri­monio de la huérfana, suicidóse. Conoció una juventud poco grata, pasada entre li­bros, aunque no llegó a cursar estudios re­gulares.

Vio frustrado un brillante noviazgo por falta de dote. Su madre, mientras tanto, se había vuelto a casar, y cuando en 1855 ambos esposos, ya ancianos, cayeron enfer­mos — paralítica ella y ciego el padrastro —, la doncella, que contaba entonces treinta y ocho años, hubo de mantenerlos.

Para ello se puso a escribir, empezando con algunos cuentos, en su mayoría de fondo autobiográfico; sin embargo, no consiguió la fama hasta 1872, año en que una entusiasta crí­tica de Gustav Freytag la señala como gran escritora a raíz de la publicación de su no­vela La última de los Reckenburg (v.), com­puesta unos diez años antes y para cuya publicación hubo de peregrinar de uno a otro editor.

En 1874 murió el padrastro y, aun cuando nuestra autora quedó libre, pre­firió seguir su vida retirada y entregada al arte narrativo. En 1882 dejó de escribir y se dedicó solamente a estudios históricos.

El único solaz de sus últimos años fue la amistad con Marie von Ebner-Eschenbach y Conrad Ferdinand Meyer, con quienes mantuvo una interesante correspondencia, luego publicada. La nobleza de espíritu, la gracia y una conmovida comprensión hu­mana, unidas a cierto rigor intelectual, son las principales características que distin­guen a François de los autores de novelas de folle­tín de su tiempo.

V. M. Villa