Nació en 1478 en una antigua familia asturiana de Madrid y murió en Vallado- lid en 1557. Su prólogo a la Historia, e incluso ésta misma, permiten trazar su biografía y sus rasgos personales. Educado en la casa de un discípulo de Pietro Martine d’Anghiera, Alonso de Aragón, duque de Villahermosa, apasionado por las Humanidades, estuvo durante algún tiempo a su servicio.
Luego fue «mozo de cámara» del hijo de los Reyes Católicos don Juan, para quien escribió El libro de la Cámara real del Príncipe don Juan. Su obra revela el conocimiento de muchos y variados autores: Tolomeo, Aristóteles, Plinio, Cicerón, Ovidio, Vitruvio, San Agustín y Petrarca, cuya tierra, junto con las correspondientes costumbres, evoca a veces en las descripciones americanas.
Muerto el príncipe don Juan (1497), Fernandez de Oviedo marchó a Italia con el Gran Capitán, de quien fue secretario en España. En 1502 volvió a la patria y luego combatió en el Rosellón. En 1513 tomó parte en la expedición de Pedrarias Dávila al Darién como «veedor de la fundición del oro». Al regreso de América marchó a Flan- des y posteriormente dirigióse al reino de Nápoles.
Estuvo en Barcelona al mismo tiempo que Las Casas, con el cual se halla de acuerdo al lamentar el gobierno de los españoles en el Nuevo Mundo y su conducta respecto de los indígenas. En 1520, nombrado gobernador del Darién, marchó de nuevo a América; en 1523 regresó a España con Diego Colón. Su Historia general y natural de las Indias (v.) abarca el período comprendido entre la conquista y el año 1523; en 1525 y 1535 imprimióse en Toledo la primera parte de la obra.
Fernandez de Oviedo estuvo además en Santo Domingo en 1532 y 1536. Nombrado en 1549 regidor perpetuo luego de haber sido alcalde, permaneció allí hasta el mes de jimio de 1556, y a causa de su justicia fue amado por los indígenas. De nuevo en España, hizo imprimir el vigésimo libro de su Historia, primero de la segunda parte, y no mucho después murió a causa de fiebres contraidas en América.
Dejó inédito el resto de su obra, que tenía intención de completar ulteriormente con una cuarta parte enriquecida con la documentación de hechos a los cuales atribuía valor de experiencia directa y personal. En la Historia, abundante en pasajes ingenuos y creencias a veces pueriles, narra cuanto oyó y contempló, intenta no separarse de la verdad y busca los documentos probatorios de sus afirmaciones.
Se le deben, además, otras obras, manuscritas, como Batallas y Quincuagenas, La historia del Estrecho de Magallanes, Relación de lo sucedido en la prisión del Rey Francisco, Quincuagenas y El memorial del cardenal F. J. de Cisneros. Tradujo del italiano Reglas de la vida espiritual y secreta Teología. Su novela caballeresca Don Claribalte pertenecería según ciertos críticos, a un autor homónimo
G. Savelli

