Nacido el 9 de febrero de 1885 en Viena, donde m. el 24 de diciembre de 1935. Hijo de una familia acomodada y originaria de Nuremberg, siguió los cursos normales que le llevaron a la universidad; al mismo tiempo, inició, como autodidacto, el estudio de la música.
La muerte de su padre le obligó a dejar la universidad y asumir un modesto empleo burocrático. En otoño de 1904 conoció a Schonberg, el músico austríaco teórico de la dodecafonía, con el cual sintióse muy pronto unido por un profundo afecto y una íntima afinidad. Tal relación, establecida al principio entre discípulo y maestro, lo fue luego de dos amigos.
Berg reconoció siempre la gran influencia que sobre él ejerciera Schonberg, como hombre y como artista, y la demostró en múltiples ocasiones. Sin embargo, este íntimo vínculo personal no constituyó nunca, para el naciente músico, un obstáculo en el desarrollo autónomo y original de sus propias posibilidades y cualidades.
La Sonata op. 1 para piano (1906-08), los cuatro Cantos op. 2 (1908-09) y el Cuarteto op. 3 (1910) revelan una crisis de adaptación que cabe considerar reflejo del contemporáneo proceso teórico en cuyo transcurso el maestro Schonberg pasaba de la prolongación postwagneriana del conjunto cromático a la enunciación de la teoría de los doce sones.
En cambio, los cinco Cantos para orquesta op. 4 (1912), las cuatro Piezas para clarinete op. 5 (1913) y las tres Piezas para orquesta op. 6 (1913-14) iban afianzando la tendencia a los contrastes y a la representación dramática, que es una de las características peculiares de Berg.
El 1914 fue un año fundamental para el músico: conoce Woyzeck (v.), de Georg Büchner y, poco después, la amarga experiencia personal de la guerra en el frente. Ambos episodios parecen consolidarse mutuamente, y, así, nace la obra maestra de Berg, Wozzeck (1917-22), tragedia de la desolación infinita y expresión de la soledad humana llevada a cabo con una «alucinante potencia lírica» (Mila).
Mientras tanto, el autor no dejó de trabajar en otras producciones, en las que si bien por una parte empleaba la técnica dodecafónica de una manera cada vez más segura, decidida y coherente, de la otra seguía afianzando una absoluta independencia de la sustancia expresiva, condición de la misma técnica y no elemento subordinado y accesorio; así, el Concierto de cámara para piano, violín y trece instrumentos (1923-25), compuesto con motivo de los 55 años de Schonberg, y la Suite lírica para cuarteto de cuerda (1925-26), una de las obras más profundas e íntimas de Berg.
En abril de 1928 inició la adaptación de Espíritu de la tierra (v.) y de La caja de Pandora (v.), de Franz Wedekind, como libreto de una nueva ópera, Lulú (v.). Puede considerarse un estudio para ésta la bella aria de concierto El vino (v.), de Baudelaire (1928).
La composición de Lulú avanzaba con cierta rapidez y ello resulta particularmente cierto si tenemos en cuenta la natural lentitud de Berg en la creación de sus obras y los inexorables progresos de la enfermedad que habría de llevarle a la tumba en medio de atroces sufrimientos.
En 1935 el músico hubo de pasar por un gran dolor: el de la muerte de Manon Gropius, hija de dieciocho años de Alma Mahler, viuda de Gustav y gran amiga suya de todos los tiempos, buenos y malos.
Nació entonces el Concierto para violín y orquesta (1935) dedicado «a la memoria de un ángel», posiblemente la obra más sinceramente emotiva y transparente de Berg, quien falleció la víspera de Navidad de aquel mismo año y sin haber podido terminar la trágica Lulú, que sería representada incompleta en el Teatro Municipal de Zurich el 2 de junio de 1937.
C. Marinelli

