Eduardo Barrios

Novelista chileno n. en Valparaíso en 1884, hijo de padre chileno y madre peruana de ascendencia germánica (Hudtwalcker).

De juventud agitada y errante, estudió en la Escuela Militar, don­de no quiso terminar la carrera de las armas, fue agente vendedor, oficinista de salitreras y saltimbanqui; acabó en direc­tor general del Servicio de Bibliotecas y Archivos.

Ministro de Educación Pública en 1927. Obtuvo el Premio Nacional de Lite­ratura en 1946, es miembro de la Acade­mia Chilena de la Lengua y correspondien­te de la Española. Sus intentos teatrales tie­nen poco interés, pese a su reiteración: Mer­caderes en el templo (1910), Lo que niega la vida y Por el decoro (1913), Vivir (1916).

Es fundamentalmente un novelista, y como tal, sus obras más importantes son El her­mano asno (v.) y Gran señor y rajadiablos (v.). Analista psicológico, siempre con más ternura y simpatía humana que dureza, escribe una prosa limpia y transparente, cuidada y elegante; otras novelas suyas son: El niño que enloqueció de amor (1915), Un perdido (1917), Páginas de un pobre dia­blo (novelas cortas, 1923), Y la vida sigue (novela, 1925), con prólogos de Gabriela Mistral, en la que presenta diversos aspec­tos de su pensamiento y de su vida; Tama- rugal (1944) y Los hombres del hombre (1950).

El salto de 1925 a 1944 significa un silencio literario explicable sólo en parte por sus actividades políticas. Después de Blest Gana, la novela chilena no había dado ningún autor de la calidad de Barrios.

J. Sapiña