San Avito

(Sexto Alcimo Ecdicio). Nacido en Vienne (Delíinado) en 455 ó 456, m. en la misma ciudad en 519. Descendiente de una familia de obispos oriunda de Auvernia, de categoría senatorial, fue discípulo del retó­rico Sapaudo y de Sidonio Apolinar.

En 490 sucedió a su padre en el gobierno de la diócesis. Desde su sede, desplegó Avito una vasta acción pastoral, política y literaria. Se afanó por la conversión de los burgundios arríanos y de sus reyes Gundebaldo y Segismundo (que entró en la Iglesia y ha llegado a Santo). Tuvo gran parte en las disposiciones disciplinarias del Concilio de Epaóne (517) y combatió las herejías que proliferaban en la Galia, el arrianismo de los burgundios, el semipelagianismo de Fausto de Riez, el nestorianismo y el monofisismo.

De su producción profana, des­pués que el sitio de Vienne del 500 des­truyó los numerosos Epigramas, no nos ha quedado ningún testimonio. Hacia el 507, Avito reunió sus Homilías (v.), que se han per­dido todas, excepto dos; dejó, además, dos poemas: De consolatoria laude castitatis, de­dicado a su hermana monja Fuscina, y las Gestas de la historia espiritual (v.), que Milton tuvo muy presentes en la composi­ción de su Paraíso perdido (v.). De su acti­vidad pastoral y de su extraordinaria adhe­sión a la sede romana son testimonio las 98 Epístolas (v.) de carácter bien teológico, bien bíblico y polémico.