El Pajarito Belverde, Carlo Gozzi

[L’Augellin Belverde]. Fábula teatral de Carlo Gozzi (1720-1806), representada con éxito en el teatro San Samuele de Venecia por la com­pañía de Antonio Sacchi el 19 de enero de 1765.

En El pajarito Belverde, Gozzi recoge los personajes y el ambiente del Amor de las tres naranjas (v.) para atacar esta vez, como Aristófanes en las Nubes (v.), la nueva filosofía, humillándola con la com­paración de la sabiduría popular de las fábulas.

La reina madre Tartagliona, en ausencia de Tartaglia (v.), ha hecho enterrar viva a su nuera Ninetta, acusándola de haber parido dos perritos. Pero los verda­deros hijos, dos gemelos, son milagrosa­mente salvados y educados por Esmeraldina, mujer de Truffaldino (v.).

Pero el marido ha leído a Holbach y a Helvétius y profesa la teoría del egoísmo: por lo cual arroja a los gemelos Renzo y Barbarina que, tam­bién seguidores de la filosofía moderna, marchan sin un gesto de agradecimiento por Esmeraldina, que se ha sacrificado, según ellos, por el placer egoísta de hacer una buena acción.

Encuentran una estatua, Calmón, un hombre transformado en piedra por haber seguido semejante filosofía, quien les enriquece. Entonces se entregan a la buena vida, pero a los deseos satisfechos sustituyen nuevos deseos.

Renzo se ena­mora de una mujer, también transformada en estatua por su egoísta vanidad, y Barbarina, cortejada rudamente por el Rey en una graciosa escena, es retada por Tarta­gliona a procurarse el agua que baila y los frutos que cantan.

Renzo, para satisfacer y dar voz a su estatua, se dirige hacia el jardín de Serpentina, donde es ayudado por Calmón y otras estatuas. Marcha luego ha­cia el cerro del Ogro para cazar al Pajarito Belverde y es transformado también en esta­tua, junto con Truffaldino.

Entonces, final­mente conmovida, Barbarina arrostra valien­temente graves peligros para salvarle, y, en un final que se parece al del Amor de las tres naranjas, el pajarito Belverde, conver­tido en príncipe, se casa con Barbarina, y Renzo con su estatua convertida en mujer; el Rey recobra resignado a su Ninetta, aún viva pero algo avejentada, mientras Tarta­gliona se transforma en tortuga.

En El paja­rito Belverde, la mejor de las fábulas gozziánas, el autor se abandona libremente al torbellino ilusionista de grotescas extrava­gancias en que radica su poesía, mezcla de lo real y maravilloso, que se anulan a pla­cer en un irónico contrapunto. La fábula deriva del Cuento de los Cuentos (v.) de Basile y de la Posillecheata de Sarnelli.

E. Rho

A Gozzi le falta el claroscuro, le falta la impresión y el sentimiento de lo sobrena­tural. . (De Sanctis)