Ondina, Friedrich H. Karl de La Motte Fouqué

[Undine]. Cuento del escritor alemán Friedrich H. Karl de La Motte Fouqué (1777-1843), aparecido en 1811.

Es la obra más sugestiva de Fouqué, por el colo­rido romántico y fantástico del paisaje. Puede decirse que la protagonista es la na­turaleza, personificada en Ondina, extraña muchacha nacida en un palacio de cristal en el fondo del mar y llevada, cuando niña, por la corriente, a las puertas de una caba­ña de pescadores que la recogieron en me­moria de su hijita misteriosamente desapare­cida en las aguas.

Ondina espera que un hombre la ame, de quien recibir con el primer abrazo el alma humana que falta a las criaturas elementales como ella. Y éste se presenta bajo forma de Uldibrando, el hermoso caballero perdido en el bosque. Se celebran las bodas y ambos marchan, feli­ces, hacia el castillo del esposo, pasando por extrañas aventuras.

Todos los espíritus de las aguas vigilan la felicidad de Ondina, entre ellos el tío Kühleborn, que toma as­pecto humano para convertirse de impro­viso en cascada o riachuelo. Llegados al castillo, entra en su vida la pérfida Bertolda, que, según Kühleborn revela a Ondina, es la hija de sus padres adoptivos, que él ha raptado. Pero la pérfida Bertolda, desde­ñando a sus humildes padres, continúa vi­viendo con Ondina y Uldibrando y consigue que éste se enamore de ella.

Cierto día, du­rante un viaje por el río, las fuerzas de las aguas advierten que su criatura es infeliz y engañada, y la raptan. Ondina desaparece y llora su amor en el fondo del mar, pero esto no basta. La ley de las fuerzas miste­riosas de la naturaleza quiere que, en el momento en que se efectúe la traición, Uldibrando muera.

El día de las bodas re­aparece Ondina, hermosa y llorosa; él, arre­pentido, se arroja a sus brazos, pero en el abrazo queda helado y muere. En torno a su tumba corre un riachuelo alimentado por una fuente inagotable: es Ondina que llora, perennemente unida a él. Fouqué, que per­tenece al segundo romanticismo, ha pasado por Tieck, Arnim y Brentano; «todo cuanto toca toma en seguida un tono poético», dijo Varnhagen.

Son particularmente felices la facilidad de invención, los tránsitos de lo real a lo maravilloso y la visión fantástica del mundo, animado y personificado por las entrañas de la tierra, las aguas y las llamas. Aura de ensueños, pero de ensueños con contornos netos y precisos.

G. F. Ajroldi