Oberón, Carl Maria von Weber

Del poema de Wieland, James Robinson Planché extrajo el libreto, en lengua in­glesa, para el Oberón de Carl María von Weber (1786-1826), obra romántica en tres actos estrenada en Londres el 12 de abril de 1826.

Es la última ópera del compositor alemán. Aunque no alcanza la coherencia y la fuerza dramática de Der Freischütz (v.), tal vez por la mediocridad del tex­to, contiene, sin embargo, páginas de no­table riqueza melódica y rítmica, sobre todo originales por la maestría de la instrumen­tación; en los fragmentos sinfónicos, la or­questa consigue efectos de timbre y de color completamente nuevos y sorprendentes, que contribuyen a determinar el clima fantás­tico y mágico en que se desarrolla la ac­ción.

La trama queda reducida a una serie de cuadros que se suceden sin íntima conexión. El rey de las hadas, Oberón, riñe con su consorte Titania, y no podrá recon­ciliarse con ella hasta que encuentre una pareja humana cuyo amor permanezca cons­tante aun en medio de las mayores adversi­dades. La pareja elegida para la prueba está formada por Hugo de Burdeos, caballero de Carlomagno, y por Rezia, hija del califa de Bagdad, junto a los cuales están Ceras- mino, escudero de Hugo, y Fátima, criada de Rezia.

Oberón los vigila y les ayuda con diversos encantamientos. Hugo llega a la corte del califa en el mismo momento en que Rezia está a punto de ser entregada por esposa al príncipe Babekan; Hugo mata al pretendiente de la joven y parte en una nave con Rezia, Fátima y Cerasmino.

Obe­rón encarga entonces a su fiel espíritu Puck que desencadene una tempestad, y la nave naufraga. Los dos amantes llegan a nado a una isla desierta, donde son asaltados por unos piratas, que raptan a Rezia y aban­donan al caballero, a quien han herido, sobre la playa. Entretanto, Cerasmino y Fátima, después del naufragio, llegan a Túnez y pasan a ser esclavos del emir; mientras están trabajando en el jardín llega volando Hugo, transportado por Puck.

Al mismo tiempo, la nave pirata lleva también a Túnez a Rezia, que es hecha esclava por el emir. Mientras tanto, en el palacio, Ro- xana, mujer del emir, intenta en vano seducir a Hugo, quien, sorprendido por el emir, es condenado a muerte junto con Rezia. Por fortuna, Cerasmino recupera un cuerno encantado que le había regalado Oberón, lo toca, y por arte de magia todos se ven obligados a danzar, de tal modo que no pueden ejecutar la sentencia de muerte.

Los cuatro protagonistas huyen, y por fin llegan a la corte de Carlomagno, donde son acogidos en triunfo. La música ilustra los puntos salientes de esta complicada acción, mientras las partes narrativas o explicati­vas son expuestas en diálogo hablado. Como en el Der Freischütz, también en el Oberón es visible la influencia que Weber ejercerá más tarde sobre Wagner, especialmente en lo que se refiere a la expresión dramática del canto. Basta para demostrarlo la gran aria de Rezia en el acto segundo, la cual, junto con la célebre obertura, de la cual re­pite el motivo. Es una de las páginas más bellas de la ópera.

El Oberón de Weber pertenece a aquel clima del primer romanticismo sobre el cual ejerció gran influencia el mundo fan­tástico de las alegorías del Renacimiento y de las novelas caballerescas, sobre todo por medio del Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, con el cual se relaciona, si no en su argumento, en la ambientación y en la elección de los personajes (Oberón, Titania, Puck, etc.), que recuerdan sobremanera el mundo shakespeariano.

M. Doná

La música de Weber encanta con su sen­cillez melódica y hechiza con el juego del color instrumental. Se pueden ya distinguir en él los gérmenes de los nuevos principios que Wagner introdujo en el drama musical. (Krehbiel)