Memorias, Lorenzo Da Ponte

[Memorie]. Precedidas en 1807 por un esbozo biográfico, la obra de Lorenzo Da Ponte (Emanuele Conegliano, 1749-1838) fue publicada en Nueva York en 1823-1827. Son el típico documento de un aventurero veneciano que, más que por las calumnias de sus enemigos y por su obra de italianista en los Estados Unidos, pasó a la posteridad por la composición de algunos libretos de ópera a los que Mozart puso música.

Na­cido en Céneda (ahora Vittorio Veneto),de familia israelita, y protegido por el obispo, que le dio al bautizarse su propio nombre, entró a estudiar en el seminario. La belleza de la vida le atrajo muy pronto y gozó de la vida alegre de Venecia. Sus primeros amores muestran su carácter vivo y aventurero. Enseña en el seminario de Treviso, si bien debido a ciertas diferencias es ex­cluido de todas las escuelas de la repú­blica. Comprometido por otras cuestiones, huye de Venecia y más tarde abandona Italia. En Dresde y Viena trata de hacer fortuna con obras teatrales, conoce en la capital austríaca a Metastasio y escribe dramas para ser puestos en música. Para Mozart escribe Las bodas de Fígaro (v.), que no tiene el menor éxito, y luego el Don Juan (v.), estrenado en Praga. Cansado de Viena, busca en Trieste la ayuda del empe­rador Leopoldo II, pero es mejor tratado por el nuevo soberano, Francisco II.

Hace algunos viajes, visita en Praga a Casanova, de quien se hace amigo para combatirlo luego duramente, y va a Londres y a Ho­landa. Regresa a Italia y encuentra a Foscolo. En Londres le esperan nuevas aven­turas y, entre letras de cambio y especu­laciones teatrales, como no logra ponerse de acuerdo con sus acreedores, huye a América con su familia. En los Estados Unidos hace de tendero para vivir y pere­grina por varias ciudades. En Nueva York enseña el italiano, pero muy pronto es re­chazado por sus compatriotas, que le acu­san de escándalo. Con otras empresas editoriales y comerciales, se carga de deudas; abre una escuela y difunde los libros ita­lianos, defiende su lengua patria, hace una especie de historia de la literatura, dedica estudios a Dante y luego celebra su ochen­ta cumpleaños con un discurso a sus dis­cípulos sobre las glorias de Italia. Trans­formado el colegio de Columbia en Uni­versidad, el autor es llamado a la cátedra de italiano; con este reconocimiento, que premia su multiforme actividad y deshace las calumnias de sus enemigos, terminan las memorias.

La obra ofrece múltiples testimonios sobre la sociedad literaria y ga­lante del siglo XVIII y da noticias funda­mentales sobre la vida de los italianos en los Estados Unidos durante los primeros decenios del siglo XIX. Su valor como fuen­te histórica le ha proporcionado varias re­ediciones, especialmente la italiana de 1918, a cargo de Giovanni Gambarin y Fausto Nicolini, y anotada en las referencias a lu­gares y personas.

C. Cordié