En febrero de 1851 estrena Francisco Camprodón (1816-1870) su drama en tres actos y un prólogo, ¡Flor de un día!, que obtiene un éxito extraordinario. Un mes hacía que se había trasladado a la Corte desde Barcelona, y ello le fue favorabilísimo para su porvenir literario. El drama, es fama que tuvo algún apoyo autobiográfico, y fue escrito febrilmente en dos semanas. Su conflicto es el muchas veces tratado de la ausencia y retorno del amante, cuando la amada ha dispuesto irremediablemente de su amor. Camprodón logra escenas muy animadas y dramáticas, y el interés es acuciante desde las primeras. Sospechas y celos parece que hacen caminar el conflicto hacia una solución trágica, pero queda en un final triste y sentimental, con reconciliación de los esposos, generosa ausencia del primer amante y una atmósfera de melancolía matizando el cuadro. Ocurre la acción en 1813, y el ambiente es en parte el de nuestras colonias americanas. Ni falta el tipo sentimental y romántico del negro, modelo de fidelidad y abnegación. Dentro de la comedia sentimental postromántica, tiene importancia este drama. Escrito en verso, los descuidos y hasta faltas gramaticales no escasean, como en las demás obras dramáticas del autor catalán.
J. M.a de Cossío

