Ballet en 2 actos y 3 cuadros, libreto de Ch. Nuitter (1828-1899) y Saint- Léon y música de Léo Delibes (1836-1891). Coppelia, que lleva por subtítulo La muchacha de los ojos de esmalte, es un personaje que aparece en uno de los más conocidos cuentos fantásticos de Hoffmann: un joven alocado que se prenda de una autómata maravillosa.
Coppelia, creación de Coppelius, es la misma autómata que la Olimpia creada por Spallanzano en los Cuentos de Hoffmann (v.). En el primer cuadro aparece la plaza de un pueblo de Galitzia, donde se encuentra el misterioso taller de Coppelius y por cuya ventana se divisa a una bella dama siempre inmóvil en actitud de leer, precisamente la que ha trastornado al joven Franz, prometido de Swanilda, la cual no oculta su despecho al verse abandonada, y más por ser éste el día en que el burgomaestre debería casarlos. Coppelius deja caer una llave, de la que se sirve Swanilda para penetrar en casa de su rival, a quien desea ver de cerca. Por su parte, Franz trata de entrar por la ventana sirviéndose de una escala para darse después a la fuga ante la presencia de Coppelius, ya de regreso. El segundo cuadro tiene por escenario el interior del taller poblado de autómatas. Swanilda se convence pronto de que Coppelia sólo es una muñeca y, cuando Coppelius se presenta, se oculta detrás de una cortina. Franz, que al fin ha subido por la escala, entra a su vez, pero es sorprendido por el dueño del taller, a quien, viéndose perdido, confiesa su amor por Coppelia.
Para infundirle confianza, Coppelius le invita a beber haciéndole ingerir un brebaje, que lo adormece; después, valiéndose de pases magnéticos, trata de transferir la vitalidad de Franz al cuerpo de la autómata, y Coppelia se levanta y anda. En realidad, se trata de Swanilda que ha ocupado el lugar de la muñeca (los dos papeles son interpretados por la misma bailarina) y que interpreta una danza cada vez más vertiginosa para, al final, huir y dejar a Coppelius aterrado ante la verdadera autómata, mientras Franz escapa también por la escala. Aquí termina la acción. Pero existe un tercer cuadro: «La fiesta de la campana», en donde se asiste a la boda de Franz con Swanilda, que ya le ha perdonado. Múltiples entretenimientos animan la fiesta. La música de Delibes se revela danzarina, pintoresca, ingeniosa, espiritual y llena de colorido. Al situar la acción en la Europa central, los libretistas brindaron al músico la ocasión de abordar temas exóticos, sobre todo eslavos y húngaros. El primer cuadro consta de ocho números: «Vals», «Escena», «Mazurca», «Escena», «Balada de la Espiga», «Tema eslavo», «Czardas y danza húngara» y «Final». El segundo, de diez, entre los cuales figuran la «Música de los autómatas», la «Canción del brindis», el «Vals de la muñeca», un «Bolero» y una «Jiga». En el tercero se suceden la «Marcha de la campana», el «Vals de las horas», la «Aurora», la «Plegaria», la «Friolera», la «Boda aldeana», la «Guerra», la «Paz» y el «Galop final».
La obra se representó por vez primera en la ópera de París el 14 de junio de 1870, corriendo el papel de Coppelia a cargo de Léontine Beaugrant, a la que después sucedieron, representando el mismo personaje, todas las estrellas de la danza: Rita Sangalli, Rosita Mauri, Julia Subra, Carlota Zumbelli, etc.

