[Le catacombe romane]. Resumen de todas las publicaciones, estudios,, apuntes de arqueología cristiana del insigne arqueólogo Orazio Marucchi (1852-1931) publicado póstumo en el año 1933, y puesto al día por Enrico Josi. Comienza por la «Historia general de las Catacumbas romanas»; cementerios cristianos subterráneos primitivos que significa: junto al lugar profundo; denominación dada primero al cementerio de San Sebastián, por el profundo barranco adyacente, y después extendida a los demás), excavados por los cristianos y constituidos por una red de galerías «cryptae», en cuyas paredes se abren filas de sepulcros (loculi) a veces arcosolios (tumbas arqueadas con mesa), y de vez en vez «cubiculi», es decir habitaciones mayores o incluso, verdaderas iglesias subterráneas. Situadas entre la primera y la tercera milla de los muros de Roma y, hasta el siglo III, propiedad de nobles o de personajes adinerados, pasaron luego a ser en parte propiedad directa de la Iglesia. Confiscados durante las persecuciones, Constantino las restituyó en 313. En el apartado «Las tumbas y el culto de los mártires», se estudian los indicios probatorios del martirio de los fieles que allí están enterrados, haciendo la historia de las vicisitudes de las catacumbas y de los documentos que han aportado datos topográficos para localizarlas. En el primer libro se estudian los cementerios del Trastévere (Vaticano), Vía Aurelia, en especial San Pancracio, Vía Portuense, sobre todo el «Ponciano», y el cementerio de «Generosa».
En el segundo libro se trata de los cementerios de aquende el Tíber. Junto a la Ostiense: el cementerio de «Lucilla» en el que fue sepultado San Pablo; el de Comodilla, Santa Tecla y San Timoteo. Junto a la Vía Ardeatina: el vasto cementerio de «Domitilla», propiedad de la familia patricia romana Flavia Domitilla, desterrada por Domiciano «a causa de sus prácticas extranjeras», riquísimo en inscripciones cristianas e importantes pinturas. Vienen luego los cementerios de la Vía Appia: el más célebre el de «Calixto» (núcleo ya del siglo II) con la famosa «Cripta de los Papas», en la que fueron enterrados catorce obispos de Roma del siglo III, con cinco «loculi» todavía cerrados por lápidas con inscripciones; los de «San Sebastián» con la famosa Platonia, y de «Pretextato», en la «Spelunca Magna». A continuación trata de los cementerios de la Vía Latina, Labicana y Tiburtina (entre ellos, el de «San Hipólito», con la cripta del mártir cantado por Prudencio); los cementerios de la Vía Nomentana (San Nicomedes, Santa Inés, el Mayor y San Alejandro). Junto a la Vía Salaria Nueva, después del cementerio de Santa Felicitas mártir, el de Trasón, el más hondo, que llega a tener cinco pisos, y el de los «Jordanos», con muchas pinturas simbólicas del siglo III; después de ellos se describe el más notable, el de «Priscilla», con el cual, según demostró el autor, deben relacionarse todos los recuerdos de la primera predicación y el baptisterio de San Pedro en Roma. Comprende una región del siglo II, «la más grandiosa y regular de toda la Roma subterránea» con las más antiguas pinturas de tema sagrado cristiano, el ninfeo de los Acilio Glabrión, con la «Capilla griega» y la histórico monumental basílica de San Silvestre, en la que fueron enterrados siete pontífices de los siglos IV y V. Siguen los demás cementerios de la Vía Salaria Vieja; el de «San Panfilio» y «San Hermes», y el de «San Valentín» junto a la Vía Flaminia. En el tercer libro se estudian los «cementerios suburbicarios», y en el cuarto los hipogeos de los cristianos heréticos y cuatro cementerios judíos que se asemejan, incluso por las inscripciones, casi todas redactadas en griego, a los cristianos. Un precioso apéndice pone al día la obra, que es hasta hoy la más amplia investigación sobre el tema, complemento, junto con la de Armellini, de las investigaciones del gran G. B. de Rossi.
G. Pioli

