[Briefe an M. Mendelssohn über die Lehre des Spinoza’s]. Obra publicada en 1819, en edición definitiva, por el filósofo alemán Friedrich Heinrich Jacobi (1743-1819). Contiene una recopilación de cartas enviadas por el autor a Moisés Mendelssohn, reflejando las vivas polémicas que la interpretación del sistema spinoziano había suscitado durante aquellos años. Precisamente en el momento en que La Crítica de la Razón pura (v.), de Kant, se difundía en alemania, el eco de la metafísica spinoziana iba haciéndose cada vez más fuerte. Friedrich Jacobi es un exponente típico de la vida religiosa y sentimental alemana en tiempos del «Sturm und Drang» (v.); su crítica de Spinoza es la del racionalismo ilustrado del siglo XVIII. La base de la polémica viene dada por la posición de Lessing frente a Spinoza. «Lessing ha llegado a identificar la filosofía con el spinozismo», afirma Jacobi; así, pues, «mi filosofía tendría que ser spinozismo o no ser». El programa de Jacobi es claro: si por un lado, del uso lógico de la inteligencia quiere demostrar la irrefutabilidad del spinozismo, por otra parte, contra cuanto él llama «ateísmo spinoziano», quiere revalorar la fuerza de la intuición y de la fe. Contra la identificación panteísta y pagana sostiene los derechos del Dios cristiano, personalista. Rechaza la omnisciencia de la Razón que se considera autosuficiente, y contra el presupuesto de un Incondicionado y un Indeterminado, del que por proceso generativo espontáneo descenderían los innumerables seres; contra la afirmación spinoziana «Ex nihilo nihil fit», sostiene el concepto cristiano del «fiat creativo», de la escisión entre el mundo creado y el creador.
A la concepción spinoziana, recogida por Lessing, de una Causa Primera, que por su misma unidad trascendente e infinitud universal no puede tener ningún objeto del pensamiento ni del querer, contrapone su fe en una Causa Inteligente y Consciente del mundo. Por ello rechaza el fatalismo, el determinismo, y trae a primer plano la fe en el libre albedrío. Esta posición religiosa no le consiente compromisos: la calificación de atea que aplica a la filosofía spinoziana es radical. El hecho de que Spinoza haga derivar las cosas finitas de la Esencia Divina «necesariamente», no según ideas y fines, y niegue que exista una causalidad libre según los fines, y sí sólo una causalidad mediante causas naturales, hace de su Ética (v.) una física, y de su mismo sistema, para que tenga coherencia y consistencia internas, resulta un fatalismo que excluye la fe en Dios y rechaza necesariamente su existencia. Para Jacobi, la filosofía leibniziano-wolfianano es menos fatalista que la spinoziana; pues conduce a los principios de la última. El racionalismo científico, procediendo por una serie infinita de condicionados, está destinado a desembocar en un naturalismo ateo. El saber, o pensamiento demostrado, tiene, en virtud de su misma esencia, carácter spinoziano: necesidad mecánica de todo lo finito en lo cual, por el mismo interés de la ciencia, no puede existir Dios. En efecto, un Dios que pudiera ser objeto de conocimiento no puede ser Dios. Pero por encima del saber mediato está el sentimiento, que da la verdadera conciencia inmediata; con él finalmente alcanzamos, en la certidumbre indemostrable de la fe, la unificación con el objeto y la realidad de lo Supersensible de Dios, de la libertad, de la moralidad y de la inmortalidad. La polémica entre Jacobi y Mendelssohn tiene una importancia histórica de primer plano, tanto por la crítica indirecta al racionalismo cartesiano, que en la Ética de Spinoza alcanza su máxima expresión, como porque, gracias a la oposición de Jacobi al spinozismo de Lessing, se expone a plena luz el pensamiento spinoziano en sus líneas esenciales. Del misticismo religioso de Jacobi, cálido, genial, más afirmativo que argumentativo, se sirvieron los filósofos románticos postkantianos, tanto para la interpretación de la doctrina de Spinoza como para convalidar su viva reacción a los cánones del racionalismo en general.
O. Abate

