[Lettres á Sophie]. Epistolario amoroso, filosófico y político de Gabriel-Honoré de Riquetti de Mirabeau (1749-1791) publicado en 1792. En 1772 Mirabeau era capitán de corbeta, cuando su padre le obligó a volver a su casa para hacerle trabajar junto a él y darle esposa. Por haber contraído deudas para atender a los gastos de su casa, por voluntad de su padre, fue encarcelado primero en el castillo de If y después en el de Joux cerca de Pontarlier. Allí conoció a María Teresa Richard de Ruffey (a quien había de inmortalizar con el nombre de Sophie), la cual, a los dieciocho años había sido dada por esposa a un setentón, el marqués de Monnier. Enamorados locamente uno de otro huyeron a Holanda, pero después de nueve meses de vida feliz, por la doble orden del padre y del marido, fueron detenidos y encerrados, él en el torreón de Vincennes, ella en un correccional y más tarde en el convento de Sainte-Clare en Gien. Durante los primeros meses de reclusión, Sophie dio a luz una niñita, Sophie-Gabriel. Mientras tanto, una correspondencia activa y apasionada se cruza entre el convento y el torreón (1777-1780). Estas cartas nos dan a conocer a Mirabeau de cuerpo entero con la grandeza y las bajezas de su naturaleza, con la violencia y la inmoralidad congénita en su temperamento, pero también con sus generosas aspiraciones, con su cultura enciclopédica y la magnificencia de su forma oratoria.
Hay en ellas la viril melancolía de las almas fuertes, para las cuales la desventura no es más que un acicate que las impele más poderosamente al torbellino de la lucha. Cartas de un padre que idolatra a su hija, la pequeña Sophie- Gabriel, objeto de sus ansias, de sus deseos, de sus sueños, «Je vis dans cette enfant», escribe una porción de veces. Inmensamente dulces y tristes son las cartas que nos hablan de la niña muerta. Calmado con el tiempo el tumulto de los sentidos, las cartas se tornan charlas interminables de viejos amigos puestos a prueba y unidos uno a otro por la desventura. Mirabeau es ateo, y las Lettres á Sophie son un manual de ateísmo formal e indiscutible. Incrédulo por naturaleza, considera todos los cultos como invención humana. Los grandes problemas metafísicos no dicen, por lo tanto, nada a su espíritu y si se ve obligado a hablar de ellos, lo hace tímidamente para decir que los ignora, y para demostrar que es incapaz de comprender su importancia. Ya nos hablen de los dolores, de las esperanzas, de la desesperación del ilustre encarcelado, ya traten de las más altas cuestiones políticas, las Lettres á Sophie son una larga improvisación escrita, en que resplandece con todo su brío el genio de Mirabeau.
M. Romanini
Increíble mescolanza de sinceras declaraciones y de consejos precisos en que el amor asoma por entre la filosofía, la política, la moral, en que todo Mirabeau se descubre con la grandeza y vileza de su naturaleza, con su violencia de temperamento y su fundamental inmoralidad, pero también con sus aspiraciones generosas, su cultura enciclopédica y el ímpetu de su oratoria. (Lanson)

