Cartas a los Delincuentes, Concepción Arenal

Obra sociológico-jurídica de la escritora españo­la Concepción Arenal (1820-1894) publica­da en Madrid en el año 1865. Constituye una exposición del Código Penal entonces vigen­te, o sea del de 1850, dirigida a los delin­cuentes, quienes, en general, opina la es­critora, sufren la pena impuesta por una Ley, cuya letra, cuyo espíritu y cuya mo­ralidad desconocen. Viendo por ello en la Ley y en la pena simplemente un poder enemigo más fuerte que ellos y que, por lo tanto, los sujeta y oprime. Basándose en que la primera condición necesaria para que el castigo moralice es el convenci­miento, por parte del que lo sufre, de que es justo, va desarrollando la razón de la Ley para castigar cada delito, y las raíces sociológica y psicológica del mal ya que «las Leyes penales varían en los castigos que imponen pero no en las cosas que pro­híben, pues la base de todos los Códigos pasados, presentes y futuros, es el princi­pio : No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti». Las circunstancias exi­mentes, atenuantes, agravantes, problemas de responsabilidad, las penas (es interesan­te su definición de la prisión moralmen­te considerada como reunión forzosa de hombres ignorantes, culpables, débiles y desdichados) y los delitos en particular son analizados, muy especialmente aquellos que pueden tener a la mujer como sujeto activo o pasivo. Es fundamental la afirmación de que los criminales son personas y no cosas, tampoco monstruos, sino dolientes del alma en los que, como los del cuerpo, salvo el órgano u órganos enfermos, los demás fun­cionan con regularidad y conforme a las le­yes establecidas por Dios para todos los seres. El correccionalismo que inspira la obra de Concepción Arenal puede quizá condensarse en esta frase contenida en el prólogo: «El criminal, salvo algún caso raro, no está fuera de la Humanidad; creemos que hay algunos criminales que pueden corregirse y muchos que pueden modificarse, llegando, si no a ser buenos, sí a no ha­cer mal.»

O. Pérez-Vitoria