[De Svaanische Brabander]. Comedia de Gerbrand Adriaenszoon Bredero (1595-1618), representada por primera vez en Amsterdam en 1617. El asunto está inspirado, con pocas variantes, en el tercer capítulo de la novela picaresca Lazarillo de Tormes (v.). El lugar del digno escudero, amo de Lazarillo, (v.) está ocupado por el «noble Jerónimo Rodrigo», en realidad un aventurero arruinado de Amberes que toma a su servicio a un muchacho mendigo de Amsterdam, Robbeknol, del mismo modo que el escudero español había tomado a su servicio a Lazarillo. Como Lazarillo, Robbeknol, mendigando, consigue procurarse comida, igual que el escudero, Jerónimo declara haber comido espléndidamente; pero ¡qué honores hace a la comida cuando el muchacho, compadecido, le invita a probarla! También el final es el mismo: Bayteris, ropavejera y alcahueta, y Gerardo, el avaro patrón de la casa, se dirigen a Jerónimo para que les pague las deudas. Este les dice por mediación del muchacho que está ocupado en importantes asuntos y para calmar a la mujer furibunda le promete pagarle al día siguiente, cuando haya buscado dinero en la bolsa. Sale de casa, pero no regresa. Y en el quinto acto los acreedores, con el juez y el notario, se precipitan en la casa vacía, donde sólo ha quedado un camastro que el juez incauta para pagar los gastos del juicio.
En este asunto de vida pordiosera, Bredero ha pintado sabrosas y vivas escenas, como, en el primer acto, el encuentro de los tres viejos de Amsterdam con el sepulturero y sus consideraciones sobre la muerte, debido a que la peste arrecia; en el segundo acto, las prostitutas que hablan de los altibajos del oficio e inesperadamente, viendo llegar a Jerónimo, cambian de conversación, ostentando un lenguaje rebuscado, para volver luego a su acostumbrada vulgaridad cuando se dan cuenta que de aquel no pueden esperar nada; y, en el tercer acto, las mujeres de un correccional, rudas pero de buen corazón, que, conmovidas por las palabras de Robbeknol, quien para ganar el sustento se dedica a difundir el Evangelio, le dan de comer. Estas escenas vivas y coloridas de la vida popular de Amsterdam constituyen la parte verdaderamente original de la comedia; y de ellas podría decirse que la poesía es como la pintura. Bredero, que había estudiado para pintor, se acreditó de excelente pintor con las palabras de estos pintorescos fragmentos de comedia.
F. Bramanti
Bredero puso en los cantos y en las escenas de la vida popular una voz y un color que repetían ecos de la Edad Media, y la trivialidad cotidiana conquistaba un esplendor nuevo bajo el cielo y la alegría de una época ascendente hacia una nueva cultura. (A. Verwey)

