Bouvard y Pécuchet, Gustave Flaubert

[Bouvard et Pécuchet]. Obra de Gustave Flaubert (1821- 1880), publicada póstuma e incompleta en 1881. Dos amanuenses, Bouvard y Pécuchet, han estrechado una mutua amistad que les consuela de su existencia de solitarios sol­terones. Cuando Bouvard recibe una gran herencia, comparte la fortuna con su amigo y se retiran al campo, tratando de dedicarse a la agricultura, con éxito desastroso. Desi­lusionados, pasan a la química, a la medici­na, a la geología, poniendo en cada experi­mento todo el empeño y la buena voluntad que no bastan para impedir cada vez el fracaso, el desánimo, y el escepticismo final. No tienen mejor éxito sus tentativas en la alquimia, en la historia, en la litera­tura; ensayan la vida de sociedad, el amor, y fracasan de nuevo. Se pierden en el mag­netismo, el espiritismo y la teosofía, pien­san en el suicidio; les salva la llamada de la Iglesia, durante la Nochebuena, pero pronto se pierden en discusiones religiosas. Después de otras experiencias (desgraciadí­sima la de orden pedagógico, sobre dos chiquillos abandonados) y no encontrando otro sistema para llenar su vida, vuelven al antiguo oficio. Es una fuerte farsa filosó­fica en la que debió desembocar todo el odio de Flaubert por el espíritu burgués.

La idea central parece ser la condena de quien busca la ciencia para encontrar, como últi­ma respuesta, la paz. No faltan episodios, invenciones ingeniosamente divertidas, pero el humorismo desemboca, en esta obra, muy a menudo, en una ira ruda, sin suavidades irónicas. El autor no consigue dominar la pasión, la antipatía que le inspiran. Además los dos amanuenses, dos tristes grotescos, evolucionando lentamente, se afinan, sufren melancolías, disgustos casi flobertianos, su­fren a causa de la misma tontería humana que estarían llamados a representar. Obra notabilísima de todos modos, de la cual es difícil dar un juicio porque dista mucho de estar acabada. Además del final del relato, del cual sólo está compuesto el argumento, falta el segundo volumen que hubiese con­tenido lo que los amigos copiaban para su placer; sin duda, las tonterías de los escri­tores grandes y pequeños, que precisamente Flaubert se divertía en recopilar, o el Dictionnaire des idées regues, el Diccionario de las frases hechas, de los párrafos con­vencionales, que también el novelista había reunido. V. Lugli

Un canto de cisne que se ha convertido en graznido de oca. (Barbey d’Aurevilly)

Este libro sólo es comparado al Quijote y nos divierte también como la novela de Cervantes divirtió en el siglo XVII. (Gourmont)

Un intento de Divina Comedia a la in­versa; la epopeya del intelecto que se sume en la bestialidad. (E. Cecchi)