Historia de la época de Luis XIV [Das Fráulein von Scudéri]. Cuento largo de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), comprendido en la recopilación Los . hermanos de San Serapión (v.), publicada en 1819-21. En el París de Luis XIV y de la Maintenon, desde hace algún tiempo se repite un misterioso crimen: caballeros que llevan a sus amantes una rica joya son agredidos, robados y casi siempre asesinados.
El pueblo se conmueve, así como la corte; el rey quisiera acabar con los misteriosos asesinos, la misma Maintenon considera que no hay que tomarlo tan a pecho tratándose de vividores empeñados en aventuras galantes; la señorita de Scudéri, estimada por su virtud y cordura, interrogada por el rey, responde con una frase que muy pronto recorre todo París: «Un amant qui craint les voleurs n’est pas digne d’amour». A los pocos días recibe como regalo un magnífico collar de parte de los «invisibles», es decir, de parte de los asesinos, cuya defensa, con dicha frase, ha tomado involuntariamente. Pero al poco tiempo es asesinado Cardillac, el primer orfebre de París, de cuyo taller salen las joyas regularmente robadas: es acusado del homicidio Oliverio Brusson, su primer oficial, prometido a la hermosísima hija de Cardillac. Al fin, a través de complicadas escenas y golpes de teatro, se descubre que no es Oliverio el temido asesino y ladrón de las joyas, sino el mismo Cardillac, que heredó de su madre la fatal pasión del robo y no podía separarse del oro y de las gemas que había trabajado y, sirviéndose de su fuerza atlética así como de un pasadizo misterioso que existía en su casa, agredía a cuantos acababa de entregar sus obras en sus propias manos; hasta que una vez un oficial, defendiéndose, lo mató.
La Scudéri, que ha empleado todas sus fuerzas para salvar al inocente Oliverio y devolverlo a su esposa, reconoce en él al hijo de una antigua camarera. La ardiente fantasía de Hoffmann hace revivir algunos cuadros de aquella corte fastuosa: el Rey Sol y la Maintenon, los gentileshombres galantes y viciosos, la tenebrosa «chambre ardente», donde los terribles magistrados de aquella época se servían de la tortura para arrancar la confesión a los acusados. Cuento y no fábula, como Princesa Brambilla (v.), la Olla de oro (v.) y el Pequeño Zaches (v.), mundo real sin la intervención de lo sobrenatural; pero sobrenatural es la fuerza del sino que arrastra a la delincuencia así como el alucinante poder de la manía, todo lo cual compone en torno a la realidad la acostumbrada aureola de ensueño hoffmanniana.
B. Allason

