Cuando el pecador babilonio o asirio intentaba ablandar a la divinidad ofendida por el pecado que él había cometido, ante todo debía confesar su pecado y después hacer acto de contrición y de penitencia. Las composiciones religiosas en las cuales el pecador pintaba con vivos colores el estado lamentable en que le había sumido el dios irritado, y en que daba rienda suelta a sus sentimientos de penitencia — aunque en realidad no se trataba de penitencia en el sentido exacto de la palabra — y prometía al dios venerarle y alabarle siempre, han sido llamadas por los eruditos modernos Salmos penitenciales, porque ofrecen algunas afinidades, tanto de forma como de contenido, con los salmos penitenciales del Antiguo Testamento. Los antiguos mesopotamios daban a estos escritos el nombre de Shigu. Traducciones de muchos salmos penitenciales se encuentran en Castellino, Le lamentazioni individúan e gli inhi in Babilonia e in Israele (Turín, 1940).
G. Furlani

