Obra histórica del médico psiquiatra y sociólogo argentino José María Ramos Mejía (1849-1914). Publicada en 1907, juzga una de las resurrecciones más animadas de la dictadura que ejerció en Río de la Plata durante cuatro lustros Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina y, de hecho, jefe temido y obedecido de toda ella.
El autor, afiliado a la escuela positivista, adoptó el método de Taine en Los orígenes de la Francia contemporánea (v.) y llevó a su obra, aun proponiéndose la objetividad histórica, la misma pasión que puso Taine en su juicio sobre la Revolución Francesa y Napoleón. No es una narración continuada en que los hechos guarden la sucesión cronológica, sino una sucesión de cuadros y estudios, todos convergentes a iluminar la figura del tirano, pintada con sombríos colores, y sus métodos de gobierno. El primer capítulo examina los precedentes historiadores de Rosas (los autores de memorias, y Adolfo Salías, Mariano Pelliza, Vicente Fidel López, Ernesto Quesada, etc.); a continuación el autor estudia el linaje de Rosas, el ambiente físico, político y social en que se formó el tirano, sus instrumentos de opresión, la organización y funcionamiento de la plebe rosina, cómo funciona y se sostiene la dictadura, los medios coercitivos y de propaganda empleados para imponer el terror, el papel desempeñado por las mujeres allegadas a Rosas — su esposa, su cuñada, su hija—, el concurso que le prestaron con el espionaje las mujeres de la plebe, y, por contraste, la conducta de las encubiertas adversarias unitarias, las costumbres administrativas, los recursos financieros obtenidos por medio de la tiranía civil y económica y, por fin, la expansión militar y la guerra que sostuvo Rosas en las provincias durante largos años contra sus adversarios: los generales Lamadrid, Lavalle, Paz, etc.
El libro se cierra unos diez años antes de la caída del tirano en la batalla de Caseros, o sea, cuando triunfante sobre los ejércitos enemigos quedó afianzado su despotismo sobre la Confederación. Quedan excluidos importantes acontecimientos, como la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana y la intervención bélica de Francia e Inglaterra en los asuntos del Río de la Plata. El último capítulo traza la personalidad moral del tirano, disección hecha conforme a los métodos clínicos de la psicología morbosa en que era versado el autor, según lo había demostrado en sus obras anteriores: Las neurosis de los hombres célebres, La locura de la historia, Las multitudes argentinas. Estos métodos’ y su vocabulario científico ocupan .importante* espacio, juzgado excesivo, en Rosas y su tiempo. Una abundante documentación y la tradición oral forman parte del instrumental del historiador. La primera ha sido tachada por sus críticos de insuficiente y no siempre cabalmente interpretada, por exceso de generalización; la segunda, de parcial. No obstante las críticas que se le han hecho, esta historia cautiva por la intuición con que el autor penetra en el alma de la sociedad porteña y de sus tipos y personajes representativos, por el vigor y el brillo con que describe las costumbres del tiempo, por la vida que comunica a la evocación de toda una época. Su estilo es el de los románticos franceses (Michelet, Saint Víctor), que hicieron de la Historia una resurrección del pasado, y en muchas partes el autor lo consigue, a pesar de los defectos de su prosa, pintoresca pero incorrecta y frecuentemente abigarrada, salpicada de tecnicismos y también de argentinismos, aunque expresivos.
R. F. Giusti

