Diálogos de Carmelitas, Georges Bernanos

Estos Diálogos fueron com­puestos) a principios de 1948 y no fueron publicados hasta después de su muerte en 1949. El te­ma está tomado de una novela corta de Gertrude von le Fort, La última en el cadalso [La Demiére á l’óchafaud] (inspirada a su vez en un hecho histórico: la ejecución de dieciséis carmelitas de Compiégne, guillo­tinadas el 17 de julio de 1794 en París).

El acorde fundamental entre la historia misma y los temas constantes de la obra de Bernanos, así como la correspondencia ocasio­nal, pero poderosamente dramática, entre el miedo que la muerte inspira a dos persona­jes de la obra (Blanca y la Priora) y el que el mismo autor sentía en su propia carne por la grave enfermedad que padecía, han contribuido a hacer de esta obra de cir­cunstancia, e incluso de encargo, una obra muy bella, muy nueva y reveladora, sobre la que, por otra parte, trabajó su autor lar­ga y apasionadamente.

La esposa del mar­qués de la Forcé ha muerto al dar a luz una hija, Blanca, pocas horas después de haber experimentado un violento terror: la ca­rroza del marqués y la marquesa ha sido detenida por una muchedumbre presa del pánico y repentinamente amenazadora. La joven Blanca de la Forcé disimula con dolorosa vergüenza el miedo que constante­mente experimenta a causa de las circuns­tancias que acompañaron a su nacimiento. Decide por fin entrar en el Carmelo.

A las preguntas que la Priora le dirige sobre el motivo de su elección responde que lo que la lleva al Carmelo es «la atracción de una vida heroica». Pero, de hecho, lo que busca en el Carmelo es el refugio contra el miedo que le amenaza a cada instante en el mun­do, o mejor quizá , un heroísmo más fácil, un heroísmo «llevada de la mano». Poco después de la llegada de Blanca al Carmelo, la Priora entra en el trance de la agonía, y contra toda previsión, da muestras en aquel instante de un gran terror.

Una joven car­melita que se une a Blanca, un poco a pe­sar de ella, simple, alegre, pero muy pura, se expresa acerca de la muerte de la Priora en términos que anuncian el drama inmi­nente y revelan el secreto sentido del mis­mo: «Se diría que en el momento de darle la muerte el Buen Dios se ha confundido, como en el vestuario se nos da un hábito por otro. Sí; ésta debía haber sido la muer­te de otra, no ha sido una muerte a la me­dida de nuestra Priora; una muerte dema­siado pequeña para ella; no lograba ni tan sólo enfundarse las mangas» — «La muerte de otra, ¿qué es lo que eso puede querer decir Hermana Constancia ?» , pregunta Blanca. Y Constancia responde: «Esto quie­re decir que esta otra, cuando vendrá la hora de la muerte se sorprenderá de entrar con tanta facilidad, y de sentirse tan con­fortablemente… Puede ser incluso que ella al alcanzar la gloria diga: Ved como estoy con facilidad allí dentro, como este vestido tiene hermosos pliegues…»

La Priora mue­re, y como el curso de los acontecimientos es el principio de la Revolución — ame­naza cada vez más le seguridad de las reli­giosas, el convento escoge para reemplazarla no la más digna de una tal carga, sino aquella cuyo origen y buen sentido popular pueden asegurar su pervivencia. El Car­melo vive sumergido en una atmósfera de espera dramática: algunas de las religiosas desean el martirio, pero Blanca tiene miedo, y vergüenza de un miedo que no pasa des­apercibido.

Las religiosas son expulsadas; se dispersan. Blanca en el palacio de su padre, que acaba de ser guillotinado, se transforma en la criada de sus antiguos servidores. Entre tanto sus compañeras son detenidas. Ella se entera de que serán gui­llotinadas. La última escena, a la que no acompaña diálogo alguno, muestra el cadal­so erigido en la Plaza de la Revolución, las Carmelitas suben a él una tras otra cantan­do la «Salve Regina» y el «Veni Creator». El coro disminuye: sólo quedan dos voces, sólo una… Entonces desde otra esquina de la Plaza se eleva una nueva voz. Blanca de la Forcé avanza hacia el cadalso, atrave­sando la muchedumbre que se aparta: su faz está limpia de todo temor.

El texto es de una simplicidad y de un vigor extraordi­narios. Las figuras de Blanca de la Forcé, de la Madre María, resumen las creaciones más poderosas y elevadas de Bernanos. Por el tema de la Comunión, de los Santos, los Diálogos de Carmelitas están situados en el corazón mismo de la obra de Bernanos. La Priora ha soportado la cruz que Blanca de­bía haber llevado. Y el motivo del miedo a la muerte humana, que recuerda el del miedo de la agonía de Cristo, adquiere aquí toda su fuerza incisiva.

Enc. Montaner