Taqwīmal-Buldān, Abū’l-fidā

[Determinación de los países en longitud y latitud]. Compendio geográfico conocido bajo el título de Geo­grafía de Abulfeda, del historiador y geó­grafo árabe Abū’l-fidā (1273-1331), termi­nado en 1321. La obra, que es clásica en la geografía árabe, fue objeto, durante la primera mitad del siglo XVII, de diversas ediciones y traducciones, entre las que figura como la más importante la de J. Gravius, publicada en Londres en 1650, y la de París entre 1840 y 1848.

Si bien es cierto que no se halla exenta de algunos errores, no existe en toda la Edad Media, en Europa, ninguna otra obra de este género que pueda parangonarse con ésta. Es nueva y original la parte dedicada a Siria y a las regiones vecinas, mientras que para lo restante el autor se refiere a la obra de los geógrafos anteriores, especialmente de Edrisi, Ibn- Haukal e Istakhri. En este tratado, Abū’l-fidā prueba astronómicamente la esfericidad de la tierra, señalando que las estrellas apa­recen y se ocultan antes para los pueblos de oriente que para los de occidente; señala cómo el polo y las estrellas del Norte se elevan dirigiéndose hacia el Septentrión, mientras el polo y las estrellas del Sur se elevan dirigiéndose hacia el Mediodía. Com­prueba después cómo la redondez de la tierra no es modificada por la presencia de las montañas y las depresiones: «los astró­nomos han demostrado—escribe Abū’l-fidā — que una montaña de una legua y media de altura es, en relación con la masa del globo, lo que sería la treinta y cincoava parte de la longitud de un grano de cebada en rela­ción con un globo que tuviese un codo de diámetro».

Utilizando una notación original, establece que iniciando la circunvalación de la tierra en dos direcciones opuestas, el que parte desde occidente y vuelve al punto de partida gana un día, mientras que el que lo hace en dirección opuesta, pierde un día. Tal afirmación fue comprobada experimen­talmente cuando en 1522 Sebastián Elcano, compañero de Magallanes, regresó a España pasando por oriente. Para los árabes, la tierra estaba, como para los antiguos, ro­deada por el océano, y así Abū’l-fidā con­cibe el océano como un río circular llamado Mar Circundante; siguiendo la idea de Tolo- meo, divide la tierra en zonas climáticas, sin definir los climas, sino limitándose a señalar la duración de los días más largos en sus límites y en las partes medias, en relación con las latitudes correspondientes.

A. Uccelli