Obra compuesta primero en checo, del 1629 al 1632 y más tarde (1640) en latín: es una de las obras más notables de la literatura pedagógica mundial. Contiene 33 capítulos, orientados al fin que el autor se propone, fortalecer las instituciones pedagógicas, o sea, echar las bases de una ciencia pedagógica sólida y universal. La parte central de la obra, está constituida por los capítulos XVI al XIX que contienen el núcleo del pensamiento didáctico de Comenius, que consiste en el arte de enseñar todo a todos con sencillez y certeza para «conseguir buenos efectos». En torno a este tema, el autor coordina y desenvuelve otros temas que se refieren también al problema de la educación desde el punto de vista religioso, social y moral, y todo se ilumina a la luz de una intuición fundamental.
En eso consiste la naturaleza divina del hombre: el hombre dirigido a Dios, su vida es una preparación para la vida eterna. El hombre es imagen del Dios vivo, y su naturaleza posee los gérmenes de todo cuanto es necesario para que pueda realizar sus fines eternos, esto es, la instrucción, la virtud y la devoción. En este proceso de elevación hacia Dios, el mundo visible tiene la función de ser escuela de los hombres: por eso el autor muestra siempre ejemplos tomados de la naturaleza de las cosas, de la experiencia, y del modo de comportarse las criaturas irracionales. En los primeros siete capítulos de la Didáctica, Comenius pone el fundamento de la obra educativa en la constitución intrínseca de la naturaleza humana, tal como fue creada por Dios: la educación no es otra cosa que la capacidad propia del hombre de hacer fecundar las semillas que Dios ha puesto en su naturaleza, o sea, las semillas de la instrucción, de la virtud y de la devoción.
Éstas siguen siendo distintas en su pensamiento, pero al desarrollarse quedan subordinadas a la instrucción, que ocupa por eso la mayor parte de la obra, y cuya importancia justifica el título de la misma. La instrucción es un deber individual, pero a la vez es también obligación social, y mediante la escuela se fortalece la conciencia social del individuo. Por eso debe haber en todas partes escuelas abiertas a todos; hombres y mujeres, ricos y pobres, y deben enseñar de todo, es decir deben enseñar todas las cosas necesarias a la cultura del hombre completo: para llegar a esto, es necesario reformar las escuelas existentes y abrir otras nuevas (Cap. VIII-XV). Luego se adentra en el funcionamiento de la escuela y escribe los cuatro capítulos centrales de la Didáctica magna, en los cuales trata de fijar de manera universal e infalible los procedimientos del método didáctico, para no dejar de obtener buenos resultados.
Es una tentativa de construir una teoría general del método didáctico haciendo calcar al hombre, con sus procedimientos artificiales, los procedimientos infalibles de las cosas naturales. Por eso estos capítulos están llenos de «fundamentos» es decir, de esquemas y generalizaciones de los procedimientos con que obra la naturaleza en los seres vivientes, de los que Comenius toma las normas, que él cree fundadas sobre la naturaleza misma de las cosas, tal como fue querida por Dios, para juzgar de manera universalmente segura la acción didáctica. Así, de la observación de las cosas naturales deduce algunos principios como los siguientes: «La naturaleza prepara la materia, antes de comenzar a darle forma». «La naturaleza no se confunde en la realización de sus obras, sino que procede con claridad».
«La naturaleza comienza todas sus operaciones por las partes internas». De estos principios generales, pone primero de relieve las oportunas imitaciones en las artes, después las aberraciones en las escuelas, y por último propone la enmienda didáctica: así desde los comienzos, según el principio primero, se propone formar la inteligencia antes que la lengua, cultivar las disciplinas positivas antes que las lingüísticas y las lógicas. Del segundo principio fundamental deriva la norma de no fijar la dialéctica en la cabeza de quienes estudian la gramática y obrar de modo que los alumnos sólo deban ocuparse de un estudio cada vez. Y del tercer principio, deduce la siguiente enmienda: «Primero, se formará la inteligencia de las cosas; segundo, la memoria; tercero, la lengua y la mano.»
Una vez fijadas las normas generales del método didáctico, el autor, en los tres capítulos siguientes, se ocupa de la didáctica aplicada a las ciencias, a las artes y a la lengua; en otros dos capítulos, encuadra el método para desenvolver los gérmenes de la virtud y de la devoción (moral y religiosa) que junto a la instrucción forman al hombre completo. En los últimos capítulos. XXV-XXXIII, vuelve al problema de la escuela y traza una reorganización de las instituciones escolares en cuatro grados; escuela materna, escuela de lengua nacional, escuela de latín y la Academia; y termina su obra, remachando los criterios para obtener un orden universal y perfecto en las escuelas, y superando los obstáculos que se opongan a la aplicación del método universal. La Didáctica de Comenius es una de las mayores manifestaciones de la ciencia pedagógica, que trata de asentar los cimientos de su constitución teorética.
Para comprender su importancia, es preciso encuadrarla en el espíritu científico de su tiempo, en el cual aparece como una genial aplicación. Los fundadores de la ciencia moderna, estaban convencidos de que ésta se regía por leyes inmutables, escritas por Dios mismo en la estructura de las cosas con lenguaje matemático. ¿No era, pues, justo pensar que el mundo de la naturaleza sirviera al hombre de modelo y guía para descubrir los procedimientos normales del desarrollo de la vida espiritual? A esta exigencia obedeció Comenius. Después de siglos de evolución de la ciencia pedagógica, nosotros no pensamos ya en los conceptos de naturaleza y de ley > como los pensaba Comenius, y no vemos en la naturaleza torpe el modelo de espíritu, sino más bien la anticipación y el presentimiento de la vida espiritual. Pero reconozcamos a Comenius el mérito de haber planteado el problema pedagógico en sus términos esenciales.
M. Maresca

