Los cuadernos del Hafa (Pablo Cerezal)

Los cuadernos del Hafa

Hay narrativa de trama y narrativa de sensaciones, más cercana a lo poético que a lo argumental, en tanto que su mejor valor es la evocación de sensaciones, como un catálogo de perfumes. Los cuadernos de Hafa pertenece a este segundo grupo y destaca por su capacidad de evocar lugares y momentos que son a la vez cercanos y lejanos.

En la vieja tradición del “érase una vez en un país lejano”, los cuadernos del Hafa utilizan el pretexto de la distancia y lo exótico para hablarnos de lo que en realidad es absolutamente cercano: el abandono, la soledad, el deterioro de unos mundos derrotados que subsisten en una especie de aparte, o margen de la vida, poblados por personas casi elegíacas que seguramente tuvieron un momento mejor y que se agarran a él como el panadero que una vez en su vida representó una obra de teatro y sigue poniendo “actor” en su tarjeta en vez de panadero.

Por el libro van desfilando referencias culturales de todo tipo, unas conocidas, otras alejadas del gran público, pero necesarias todas para componer un gran cuadro de lo que ha sido el intento de expresión de las últimas décadas: miedo al vacío, necesidad imperiosa de una identidad y el intento de escapar de esa rueda de la inocuidad en la que las acciones no tienen consecuencias, ofreciendo una falsa sensación de libertad.

Los cuadernos del Hafa, más que una novela, son un libro de viajes. Si los

lugares existen o no, si son o se parecen en algo a lo que el autor nos pinta, es lo de menos. Cada piedra y cada olor están absolutamente vivos, demorados en una especie de memoria difusa que los ayuda a no disiparse en tópicos.

Salvo en que está peor escrito (todos los vivos escribimos peor que Pessoa) este libro recuerda a veces al Libro del Desasosiego y sus andanzas por los claustros desolados de los sueños y las esperas junto a un muro a que se abra una puerta. En un muro sin puerta, como añadía el gran poeta portugués.

Siguiendo con las referencias literarias, el libro tiene algo de los trópicos de Cáncer y Capricornio, de Henry Miller, algo del cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell, algo del adiós a Berlín de Christopher Isherwood, y mucho, más de lo que el autor haya siquiera supuesto, de Djuna Barnes y su bosque de la noche. Esa es su línea estética y quizás también su mejor logro: incrustarse en la tradición europea de obras que uno añora sin saber explicar muy bien qué es lo que cuentan.

A veces barroca, a veces directa en extremo, la narración transcurre entre capítulos cortos que no pretenden tener otra hilazón que un estado de ánimo. Podría ser un cuadro, peor es un libro.

No se lo pierdan los amantes de la pintura.

Javier Pérez

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LA NOSTALGIA ETERNA COMO IDEAL POÉTICO

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Felipe Sérvulo, La niña de la colina
Prólogo de Enrique Badosa
In-Verso Ediciones de poesía, Barcelona, 2012, 62 págs.

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por Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com.es/

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Un regalo este nuevo poemario de Felipe Sérvulo y también la noticia de la creación del nuevo sello editorial que lo publica, que dirige Amalia Sanchís, dedicado exclusivamente al género. La intención de Sanchís de dar acogida en in-Verso a la poesía de calidad se cumple con el primer poemario que publica, el último de Felipe Sérvulo, La niña de la colina, que, siguiendo su habitual trayectoria, mantiene el listón al nivel al que nos tiene acostumbrados.
La de Sérvulo es sin duda poesía amorosa. Sin embargo el epíteto, que se ha ganado a pulso las reservas de muchos lectores, recupera en este caso la inocencia de sus orígenes. Felipe Sérvulo es poeta elegíaco por excelencia, escribe sobre el dolor de la ausencia, es escritor de la nostalgia. En este sentido es heredero directo de la más pura actitud romántica, actualizada. Lejos de cualquier floritura lingüística, Sérvulo cultiva un lenguaje sencillo, pero nada simple, que devuelve a la palabra humilde la profundidad significativa que tiene cuando se usa con honradez, precisión y renovada frescura. Su poesía se lee con la fluida naturalidad que sólo consiguen los maestros de calado y reconcilia con el género, tan a menudo maltratado por la artificiosa afectación petulante de quien equipara lo ininteligible a la aptitud.

Los poemas de Felipe Sérvulo evocan a menudo la expresión de las fotografías antiguas de algunas mujeres, el sugestivo misterio de su mirada, y de la contemplación de estos retratos parece que se nutra el autor para escribir. Su blog Inventario de silencios – http://inventariodesilencios.blogspot.com.es/-, en el que da fe de su afición al coleccionismo fotográfico, así parece sugerirlo. Si bien de modo diferente, la escritura del poeta bebe como la de Winfried Georg Sebald o Alexander Kluge en otros géneros literarios, de lo que Barthes ha llamado el punctum de una fotografía, de aquel detalle que atrae la atención de quien la contempla en una clave íntima y personal, que deviene algo proustiano: “Percibo el cansancio en tu mirada / y tus párpados llevan / el íntimo secreto de tantos domingos / domados por la vida” (Son como la propia floración), “En tu pequeño escritorio / encuentro fotos oscurecidas // Parecen fotos de muertos / […] // Tantos ojos que me observan // Yo les aparto la mirada / y les digo que la vida es eso: / una ilusión” (El gato maúlla). O bien: “Como un regalo inesperado, / entre las páginas de un libro, iluminan / una carta y una foto: ‘María, / queridísima e inolvidable María’ // […] / María’: ojos grandes / y hoyuelo en la barbilla, / guapa, sin más alhajas. / Boca sin besos. / Ecos lejanos que duermen. // […]” (María). La voz poética es puro lamento de anhelo inalcanzado, en cualquiera de sus variantes, a menudo una ensoñación lejana, nunca cumplida: “Caminas por el infinito / mar de los sueños, / donde brota la aguamiel / para los labios / […]” (Mechas de oro viejo), pero también el plañido del desamor: “Ya sabes que no hay perdón / para el olvido. Nos deja / en los confines de un mar inmenso / que no tiene desenlace. // […] somos náufragos sin faro / […]” (Náufragos), o por la distancia espiritual de los amantes: “[…] pero, en ciertas tardes, tú / caminas a lugares lejanos. / Lo veo en el exclusivo / brillo de tus ojos. // Y te vuelves península, / porque tu mente –eso pienso- / se ha ido a la ciudad / de los corzos. // […]” (Tu cuerpo como península). O la indiferencia: “Tu mirada es un paisaje / donde no me reconozco. // […]” (Una pareja se besa). El amor es para la voz poética sinónimo de vida, un estado casi místico, que anula los destructores efectos del tiempo: “[…] // La niña se pudre de pena / en la colina. / […] // Si sé de ti, me vuelvo / casi joven. // ¿Adónde vas con la boca / encendida de musgo? / […] / ¿Por qué me dejas / tan temprano? // […]” (Nos reímos tanto).
Altamente recomendable este volumen, preclaro heredero de la mejor poesía española. Del autor, galardonado entre otros con los premios de poesía Blas Infante (1986, 1987, 1988), Sant Jordi (1986, 1987), Salvador Espriu (1992) y Ciudad de Ponferrada (1997) y finalista en otros tantos, se han publicado, además, Hasta el límite de las violetas (Ed. La Mano en el Cajón, 1995), Las noches del Sur (Diputación Provincial de Jaén, 1996), Casi la misma luz (Tágilis Ediciones, 1999). Cartografía de la materia (Diputación Provincial de Jaén, 2005).

© Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com.es/

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VENUS KHOURY-GHATA, PREMIO GONCOURT DE POESÍA 2011

VENUS KHOURY-GHATA, PREMIO GONCOURT DE POESÍA 2011

Por: Berta Lucía Estrada Estrada

El pasado miércoles 7 de diciembre fue otorgado el Premio Goncourt de Poesía a Venus Khoury-Ghata, quien ha ganado innumerables preseas literarias, como el Premio de la Academia Francesa (2009), el Premio Apollinaire o el Premio Mallarmé, entre otras.

Venus Khoury-Ghata nació en 1937 en el norte del Líbano, en un pequeño pueblo llamado Pshery, el mismo que vio llegar al mundo al poeta Jalil Gibran. Desde 1972 vive en París. Inicialmente trabajó para la revista Europa, dirigida en ese entonces por Louis Aragon, a quien ella, en compañía de otros colegas, tradujo al árabe. Es novelista y poeta, ha publicado alrededor de treinta títulos. Es de anotar que el New Yorker, al referirse a esta insigne poeta y novelista, dijo la siguiente frase: “Venus Khoury-Ghata es a la poesía lo que Gabriel García Márquez es a la novela”.

Su última libro Où vont les arbres? (¿Dónde van los árboles?) Mercvre de France 2011, indaga en su tema predilecto, la muerte. Ante nuestros ojos desfila la patria herida, violada, devastada por el fuego inclemente de la guerra. La Patria que tiene mil, un millón de amantes, la Patria que se casa todos los días con alguien diferente y a la que la autora llama madre:

“Se casa con guerreros y soldados de plomo

La casa se hundía a medida que ella se casaba de nuevo y que

Las lágrimas corrían por nuestras mejillas”

Es una progenitora que a pesar de estar muerta sigue engendrando hijos de hombres desconocidos que la violan en el patio trasero de un cementerio.

A veces es una madre que ama a sus hijos, pero otras:

“La madre quería vender a sus hijos pero ningún camino los aceptaba”

“Entre la madre y nosotros estaba la sombra del invierno”

“La madre nos quería con brazos largos… para introducirnos en su sueño”

La madre, con cara de fuego, se pierde en las colinas o detrás de los árboles, es esquiva, a veces amante, pero en general violenta. Es una trashumante en un “paisaje sedentario”. Cree partir cuando en realidad es el camino el que avanza.

Cuando hace referencia a la casa, describe su techo como una tumba, pero también como un hueco que entierra el sol:

“La casa le dio la espalda

Ella cavó un hueco dentro de otro hueco y cada noche enterró un sol”

La madre, eterna lavandera, lava la sangre de la tierra mientras que las manos de sus hijos se transforman en piedras.

Al final se pregunta quienes somos para contar la vida de nuestros padres mientras morimos con cada lámpara que se extingue.

Nota: La lectura de este libro me hizo sentir que en vez del Líbano, arrasado por guerras intestinas, la poeta estaba hablando de Colombia y de nuestros ríos de sangre, un país muy diferente a aquellos que se empeñan en mostrar sus habitantes, marcados por el signo de la violencia y de la pobreza, como los más felices del planeta.
Blog El Hilo de Ariadna: www.elespectador.com, (sección cultura)
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2011/11/19/giacometti-y-los-etruscos/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2011/11/27/marienne-von-werefkin-y-el-expresionismo-aleman/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2011/12/04/pompeya-el-arte-de-vivir/

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