La feria del progreso (Gabriel Zaid)

La feria del progreso es un libro que recoge el trabajo ensayístico del intelectual mexicano Gabriel Zaid. Como buen intelectual a la antigua usanza, Zaíd asiste a todos los palos y habla de muchos temas muy diferentes. Eso sí, siempre emitiendo opiniones argumentadas, contrastadas y basadas en datos. Bueno, muchas veces, las páginas de este libro son también terreno expedito para la ironía y la sana sonrisa para con el género humano.

El libro está dividido en seis partes. Casi todas ellas están dedicadas a la literatura, al arte de leer, a la corrupción editorial o a la ágrafa sociedad actual. Pero también dedica una parte a ensayos variados y otra llamada “El progreso improductivo”, a hablar de economía. No voy a hacer un análisis pormenorizado de esta parte porque me resultó bastante densa y farragosa. En parte debido a mi ignorancia, en parte a que las circunstancias descritas en el libro ya son pasto del pasado en México y en parte a que el propio Zaíd no supo hacerme entender sus ideas. (No iba a tener yo toda la culpa, oigan). De todas formas, es una parte pequeñita del libro que no hace desmerecer al conjunto.

Ya los títulos de las distintas secciones son bonitos, sugerentes, evocadores e incluso misteriosos: “La máquina de cantar”, “Los demasiados libros” o “Cómo leer en bicicleta”. Estos títulos revelan algo acerca del conjunto de artículos o ensayitos que acogen: y es la capacidad que éstos tienen para iluminar partes ocultas de temas manidos, para hacernos adoptar nuevas perspectivas sobre temas que, de tan sobados, ya teníamos arrinconados en la carpeta de lo asumido. Gabriel Zaid plantea, a cada página, un reto al lector, un desafío a romper con lo convencional, con las firmes asideras del pensamiento común; Zaid nos pide que caminemos solos y para ello, nos muestra cuántas de nuestras ideas son lo que los franceses llaman “idées reçues” (ideas recibidas) y a lo que nosotros decimos prejuicios.

“La máquina de cantar” aborda los temas de la escritura automática, la posibilidad de crear máquinas capaces de mezclar palabras que constituyan canciones; la posibilidad de conseguir una máquina que fabrique sonetos. Esto ya lo planteó el sabio Juan de Mairena y aún así se hizo realidad. Zaid plantea un sistema lógico que será capaz de escribir y ordenar todos los sonetos del mundo, por ejemplo, al mendeveliano modo. De las distintas aberraciones que surgen de las máquinas fabricadas y concebidas por distintos gurús de la literatura, Zaid pasa a hacer una defensa de la lectura personal, de lo que él llama una “lectura concreta”, que obedece a ciertas necesidades y es capaz de dar significados no mecánicos a lo escrito. “La literatura, dice Zaid, es el medio abstracto de alcanzarse a uno mismo como concreto”. Esto, parece lo mismo que “lo universal concreto” hegeliano, ¿verdad? Zaid une los actos de escritura y lectura y no los quiere disociar. Y es que, efectivamente, fundirse en lo literario, hallarse a uno mismo en lo concreto no es más que verse maravillosamente bien expresado en una obra de otro. Por eso las obras literarias son antorchas que nos iluminan el camino y también las causas de que caminemos. Nos hacen conocernos mejor y nos aportan la reconfortante sensación de que no estamos solos, puesto que hay quien es capaz de expresar lo que yo siento tal y como yo lo siento. Así, dice Zaid, “una de las más válidas razones para escribir es poder leer algo que uno necesitaba leer”. La verdad es que me parece una idea bastante cierta: escribimos para expresarnos porque no hemos encontrado la expresión exacta de lo que nos sucede en otros. (Y a veces, dice Zaid, se escriben cosas anodinas, poco interesantes y poco literarias, precisamente porque se ha leído poco y no se sabe que lo nuestro, lo que nos abre las carnes ya está expresado excelsamente en Dostoievski o en Flaubert).

Otra de las grandes ideas de Zaid en esta primera parte del libro habla de la naturaleza creadora de la literatura. Y es que cuando dudamos desesperadamente, ¿no pensamos siempre en Hamlet? Cuando acometemos hazañas en pos de un sentimiento anacrónico, ¿no nos acordamos de Alonso Quijano? Dice Zaid que la duda hamletiana o la noche oscura del alma son cosas que cobraron existencia con su verbalización, que fueron creadas e incorporadas a la naturaleza y por lo tanto, han pasado a formar parte del acervo humano.

En “Leer poesía”, Zaid aborda aspectos de eso tan controvertido que es “la lectura de poemas”. Y es que… ¿cuánta gente dice que no lee poesía porque no la entiende o porque no le transmite nada o porque le aburre? Para Zaid sólo hay una solución: la única manera de leer poesía es embarcándose. En esta parte del libro, el autor no se adentra sesudamente en los recovecos de lo que significa o deja de significar tener una experiencia poética al timón de un poema, sino que coge tres o cuatro versos que a él le encantan y nos los lee y nos enseña lo que ha encontrado en ellos, y se deja llevar por la corriente de belleza, y simplemente, al final, grita: ¡qué hermoso! Y a uno le quedan ganas de saber leer como él.

Resulta curioso el artículo “Un gato cruza el puente de la luna”, en el que se ofrecen diversas interpretaciones de distintos lectores sobre este verso de Octavio Paz. En el ensayo “Dicho sea con temor”, Zaid parte de la perogrullada: “Los textos de poesía… son más breves que los de prosa”, para demostrarnos que ni siquiera obviedades como ésta están exploradas a fondo y que, alguien como él, es capaz de decir muchas cosas nuevas acerca de la poesía partiendo de esta frase. Y efectivamente, la narrativa se mueve en espacios más amplios, abarca más, la poesía (e incluso el poema en prosa) ha de ser capaz de soltar el resplandor en un espacio más acotado, en un texto más breve, en definitiva, en un número muchísimo menor de sílabas. “La riqueza del poema es como la riqueza del dibujo: dibujar es omitir”. ¿Se puede prosificar un poema? Sí, claro, cómo no, se puede contar en prosa lo que viene dado en un poema. Imaginemos que en vez de “Enhiesto surtidor de sombra y sueño/que al cielo acongojas con tu lanza” alguien dice: en el centro de un claustro de piedra surge un ciprés tan natural y tan alto que parece que está pinchando el cielo. Pero no es la misma verdad la que opera en ambos casos. Los versos de Gerardo Diego son una verdad que depende del número de palabras que la expresan. Y ahí está la magia de la poesía. Parece casi un misterio pitagórico. Los siguientes ensayos de esta parte son lecturas de Zaid, desde “los azules que se caen de morados” hasta un soneto de Manuel Ponce. En este sentido, Zaid nos aporta su maleta llena de libros y nos deja conocer nuevos autores, pero además, nos da las claves para aprender a leer como él.

“Los demasiados libros” se mete con los libros en tanto objetos físicos. El primer ensayo de este grupito se llama “La superación tecnológica del libro” y es una defensa absoluta de la superioridad tecnológica del libro frente a otros soportes. Aporta los siguientes argumentos: 1. Los libros pueden ser hojeados. 2. Un libro se lee al paso que marca el lector. 3. Los libros son portátiles. 4. Los libros no requieren cita previa (lo abres cuando quieres). 5. Los libros son baratos. 6. Los libros permiten mayor variedad (a diferencia de los programas de televisión). Son todas ellas razones, que de tan obvias, quizás ni siquiera habíamos pensado. En otro ensayo aborda los porqués de que se lea tan poco, preocupación anual de nuestros ministerios.

En este grupo de artículos, Zaid también hace reflexiones muy certeras sobre la infinitud de libros editados, sobre las bibliotecas personales como “proyectos de lectura” y sobre el ansia de escribir pero no de leer. El artículo “La oferta y la demanda de la poesía” me llamó mucho la atención porque pone ejemplos de revistas que tienen la oferta de publicar poemas de un suscriptor que compre cuando menos cinco libros al año (por ejemplo). Dice, por ejemplo, que Plougshares “recibe 16.000 textos al año de unas 6.000 personas, de las cuales ni 200 están suscritas a la revista”. Por lo visto, si todos los que quieren escribir en la revista mencionada comprasen la revista, ésta triplicaría sus ventas. Es decir, que hay mucha gente que lo que quiere es escribir, no leer. Pero si todos queremos escribir y no leer, entonces, ¿quién leerá lo que escribimos? “Si todos los que quieren ser leídos leyeran, habría un auge nunca visto”. La solución que da Zaid para evitar esta proliferación de autores que no leen (que como hemos visto antes, hace que se escriba mucho texto inválido), es que el que quiera escribir demuestre que ha leído: por cada 1000 libros leídos, te daremos un cupón que vale por la publicación de un poema tuyo. O algo así. La solución que la sociedad moderna ha encontrado es otra. Seguro que sabéis cuál es… (hay premio, un cupón en blogs.ya.com, por ejemplo jeje).

Otra cosa que molesta a Zaid del mundo de los “demasiados libros” es la absurda necesidad que sienten algunos del show off, de presumir, de fardar de lector, de ir por ahí presumiendo de lo mucho que se lee: ”Bajo el Imperativo Categórico de Leer y Ser Culto, una biblioteca es una sala de trofeos. La montaña mágica es como una pata de elefante que da prestigio, sirve de taburete y permite conversar de peligrosas excursiones al África”. En realidad, esto no tiene ningún sentido, dice Zaid, dada la inmensa cantidad de libros que existen y que se publican cada año, no importa si uno ha leído todos los libros. Lo que importa es otra cosa:

”Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calla y la nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente más reales”.

La última parte dedicada al viaje de la literatura es “Cómo leer en bicicleta”, un batiburrillo de artículos más socarrones, más cínicos, destinados a destapar algunos convencionalismos que están asentados como matronas en nuestro pensamiento acerca de las letras. Se ríe de los críticos literarios, de los premios, de las ansias de publicación, del malditismo afectado de los poetas de ahora y de tantas otra dolencias de nuestros (i)letrados corazoncitos.

Personalmente, leo ese anuncio de “País sumamente importante de ejemplar y brillante subdesarrollo con una literatura en plena expansión al mercado internacional solicita crítico literario ideal” y, qué quieren, me ruborizo toda y me arrepiento de haber estado profanando y lapidando las ideas de Zaid con este texto…

PD. Esta reseñita también va con dedicatoria: para Seven, Don Mario y Oscar Cid, que para mí, le ponen la letra al México de Zaíd y que yo no conozco. Y, sin lugar a dudas, mis tres mexicanos favoritos 🙂

Cristina Núñez Pereira

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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Guía del autoestopista galáctico (Douglas Adams)

Toca un libro curioso. Y es que, originariamente, este libro fue en realidad una novela radiofónica. Fue tras el éxito de la radionovela que el autor decidió pasarla a libro convencional. Por lo visto, existen también series televisivas y teatrales en las que ha colaborado el autor, un juego de ordenador, cómics y una toalla de baño.

La edición que tengo entre mis manos es un regalo y venía con lector por un periodo de tres días. Es la “Edición Definitiva” de la editorial Anagrama. ¿Y por qué definitiva? Et bien, porque además del texto de la Guía, incluye un epílogo de Robbie Stamp, uno de los productores ejecutivos de la película; una serie de entrevistas que este mismo autor ha hecho a los actores, así como la primera hoja de rodaje, del día 19 de abril de 2004 (para cinéfilos o maníacos) y una magnífica autoentrevista con Karey Kirkpatrick, guionista de la película.

¿Qué es la Guía del autoestopista galáctico? Pues bien:

  • "No se trata de un libro terrestre, pues nunca se publicó en la Tierra y, hasta que ocurrió la terrible catástrofe, ningún terrícola lo vio ni oyó hablar de él"
  • Probablemente, se trate del libro más notable que jamás publicaran las grandes compañías editoras de la Osa Menor, de las cuales tampoco ha oído hablar terrícola alguno."
  • Y además, en muchas civilizaciones, esta Guía ya ha sustituido a la gran Enciclopedia Galáctica como "la fuente de todo el conocimiento y la sabiduría", por dos razones: a) es un poco más barata y b)porque ostenta la simpática leyenda: NO SE ASUSTE. (Y aquí es cuando todos los lectores aspiran hacia dentro y dicen: OH!).

    Y ya aquí empieza la parodia, pues la Enciclopedia Galáctica es una creación de Isaac Asimov que aparece en su "Trilogía de la Fundación". ¿Quieren aún más parodia? Pues bien, la Guía del autoestopista galáctico pertenece a una "trilogía en cinco partes". Douglas Adams no pudo evitar añadir los libros 4 y 5, de ahí su nombre.

    Yo no sé mucho de Ciencia Ficción. La verdad es que nunca me han llamado la atención los planetas imaginarios, los monstruos de múltiples cabezas, las princesas peinas al ilicitano modo, las espadas láser o las transgresiones temporales que no se puedan hacer en un DeLorean. Así pues, tampoco puedo decir hasta qué punto es paródica la Guía del Autoestopista Galáctico. Pero no deja descanso a la mandíbula. Lo que me ha encantado de este libro (aparte de que me lo leyeran en voz alta en el Parque de San Francisco) es que, más que una parodia de la desbordante imaginación de los autores de ciencia ficción, parece una parodia del propio género humano.

    Adams utiliza todo tipo de monstruos y galaxias para reírse de los humanos. El método es sencillo, pero desternillante: ¿qué hay que hacer para reírse de algo? Apreciarlo con suficiente distancia, deshacerse de las categorías, romper las etiquetas, atreverse a mirar las cosas por primera vez. Adams no deja títere ni terrícola con cabeza: se ríe de la burocracia:

    ”- Pero los planos estaban a la vista…
    – ¿A la vista? Si incluso tuve que bajar al sótano para verlos.
    – Ahí está el departamento de exposición pública.
    – Con una linterna.”

    Se ríe de las máquinas ultraperfectas que somos capaces de construir mediante dos personajes metálicamente entrañables: Eddie, un ordenador de pareado perfecto: tan inteligente como insolente; y Marvin, un robot deprimidísimo que deprime a quien lo tenga al lado. Se ríe de la política y de las parafernalias de los gobiernos:

    ”Sólo seis personas en toda la Galaxia sabían que la función del Presidente galáctico no consistía en ejercer el poder, sino en desviar la atención de él.”

    Se ríe de todo y de todos a la vez; de la onomastia alucinante de los libros de Ciencia Ficción utilizando nombres como Prostetnic Vogon Jeltz, (monstruo monstruoso capaz de hacer monstruosa poesía pero dispuesto a escuchar críticas metafísicas acerca de ella), la Voraz Bestia Bugblatter de Traal, o Slartibartfast; de los mundos posibles mediante la creación de un planeta cuya principal fuente de ingresos es precisamente, la construcción de planetas; se ríe de los humanos haciendo que los ratones se rían de ellos; se ríe consigo mismo utilizando absurdos y lógicas ilógicas, así por ejemplo , se dice de un anciano solitario que “declaró repetidas veces que nada era verdad, aunque más tarde se averiguó que mentía”. También se ríe de los delirios enrevesados de la Biblia y de las exégesis grotescas que todo hijo de vecino está dispuesto a acometer antes o después. De hecho, aporta un argumento para demostrar la no existencia de Dios que haría reventar de risa a San Anselmo: “Me niego a demostrar que existo”, dice Dios, “porque la demostración anula la fe y sin fe no soy nada”.

    Por eso me gusta, porque utiliza el mundo de la ciencia ficción para reírse un poquito de ella. Y también para reírse sanamente de nosotros mismos. Además, gracias al distanciamiento que surge de contemplarnos a nosotros mismos a través de los ojos (acuosos, verdosos, sanguinolentos, sopocientos, digitales…) de los monstruos de la galaxia, Adams ilumina las regiones más asumidas del comportamiento humano, esas que nunca se someten a crítica, de tan interiorizadas como las tenemos. De hecho, creo que todas las citas que hasta ahora he utilizado no tienen por qué atribuirse única y exclusivamente a un libro de ciencia ficción…

    ¿La trama? La trama es bien sencilla. La tierra es destruida y Arthur Dent, un humano humanísimo, con preocupaciones humanísimas se encuentra fuera de la esfera del humano y se ve obligado a sentir como ajeno todo lo humano (por hacerle un esguince a Terencio). Consigue salvarse gracias a Ford Prefect (sic), con el que se ve arrojado al espacio exterior. Allí, primero sufre una serie de peripecias de la mano (no recuerdo exactamente si tienen este tipo de extremidades) de los vogones, raza extraterrestre contra la que conviene precaverse. Finalmente son recogidos por la nave robada por Zaphod Beeblebrox y sus dos cabezas, que utiliza la energía de la improbabilidad para funcionar (¿qué esto es altamente improbable? Claro, pues por eso). Se dirigen a Magrathea, a buscar un tesoro (no podía faltar). No os cuento lo que sucede al final por no estropearlo; eso sí: es digno de Ingmar Bergmann…

    Un viaje definitivamente alucinante, divertidísimo, pero muy sabio; para amantes y no amantes de la Ciencia Ficción, para amantes del humor absurdo, de los juegos de palabras y de los disparates… ¿Se animan? Pues cojan la toalla… y cuidado con los hooloovoos…, que en vez de ser a whiter shade of pale son a smart shade of blue 😉

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    Mediocridad y Delirio (Hans Magnus Enzensberger)

    Leer un libro de Hans Magnus Enzensberger siempre es un regalo para la inteligencia. Mediocridad y delirio es una galería de temas variados y controvertidos que Enzensberger va desbrozando, limpiando y aclarando gracias a su particular manera de ver el mundo y gracias a su independencia intelectual. Así, Hans Magnus siempre está del lado de la lógica y del sentido común, un lado muy oscuro y poco habitado en la actualidad.

    Mediocridad y delirio recoge ensayos publicados por Enzensberger en diferentes revistas y periódicos, desde el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Die Zeit , la revista Geo o Der Spiegel, todos ellos medios de comunicación que gozan de gran prestigio en alemania.

    La primera parte recoge ensayos que a primera vista pueden parecer bastante heterogéneos pero que, si se intenta generalizar un poco, están ligados por un tema principal que les da soporte: el hombre como animal verbal, o el hombre y el conocimiento. La ironía es una de las claves de estos primeros ensayos. Esto queda ya patente en títulos como “Una modesta proposición para proteger a la juventud frente a los productos de la poesía” o “Loa al analfabetismo”, que es la conferencia que pronunció cuando recogió el premio Heinrich Böll. Aquí se plantea si el jurado ha galardonado a un anacronismo al galardonarle a él. De este primer bloque, los más interesantes desde el punto de vista periodístico, son los dedicados a la figura del crítico, el análisis que hace sobre la historia y las claves del éxito del diario Bild y el dedicado a la televisión.

    En “El triunfo del diario Bild” combina su propio discurso con fragmentos extraídos del periódico. Estos fragmentos funcionan a modo de ilustraciones y no de ejemplos, en un curioso ejercicio de intertextualidad. Para Enzensberger, el principal delito del diario Bild no “reside tanto en inventar una mentir ay publicarla; el delito propiamente dicho está en la difusión de dicha mentira, que aumenta con el número de lectores” . Dice Enzensberger que la gente lee este periódico precisamente porque no informa de nada, de que sus noticias constituyen un cúmulo de hechos atemporales que, por otra parte, garantizan al lector la tranquilidad y la satisfacción de saber que el mundo sigue igual.

    Curiosísimo e interesantísimo es el capítulo dedicado a la televisión, que se llama “El medio de comunicación cero o por qué no tiene sentido atacar a la televisión” y que comienza con la siguiente aseveración: “La televisión idiotiza” . Enzensberger reconoce cuatro variantes que han servido a los teóricos para concluir esta capacidad idiotizante de la televisión: 1. Debido al papel ideológico y de vehículo propagandístico de la televisión. 2. El hecho de que la televisión suponga una invitación a imitar los comportamientos –moralmente reprobables en su mayoría- que en ella se presentan. 3. La tesis que considera que la televisión incapacita a los individuos para distinguir entre realidad y ficción. 4. La tesis de la idiotización, que viene a ser el lugar donde convergen las anteriores.

    Ahora bien, Enzensberger trata estas teorías de forma totalmente irónica y tiene una crítica que hacerles a las cuatro y es que se toman en serio a la televisión. También critica que todas hacen aparecer a la televisión como un actor malvado frente a un pobre espectador indefenso. El problema reside en saber en qué bando hay que situar al teórico. A continuación, Enzensberger trata de aportar su propia solución al problema televisivo. Él no cree que el problema radique en los contenidos, pues éstos se acercan cada vez más al “contenido cero”. Él dice que es, precisamente, este contenido cero el que constituye el valor de uso de la televisión: el espectador se conecta a la televisión para desconectar. De la incapacidad para reconocer esto es de donde surgen, según Enzensberger, la teorías apocalípticas sobre la televisión. Se trata de un ensayo interesantísimo por novedoso y fresquísimo. Requiere mucha capacidad por parte del lector para ir separando los granos de ironía de las sólidas ideas que Enzensberger tiene sobre los medios de comunicación.

    La segunda parte la forman dos ensayos de carácter más económico en los que Enzensberger reflexiona sobre los modos de financiación de los partidos políticos y sobre la distribución financiera que se lleva a cabo a través del Fondo Monetario Internacional.

    En la tercera parte, analiza diversos problemas del panorama político alemán. Uno de los ensayos está dedicado al partido de los Verdes y al figura del bosque en alemania, su importancia en la vida de los alemanes y su pérdida irremisible debido a la contaminación y a la especulación. De todos los ensayos de esta sección, me han parecido especialmente interesantes el dedicado a desenmarañar la dicotomía entre “poder e intelecto”, entre “intelectual y político”. En él trata de averiguar de dónde viene la superioridad moral que se le concede a todo intelectual digno de ser llamado así y si esta dicotomía existe realmente o es algo que se quiere vender al ciudadano. También trata de averiguar la pertinencia de esta dicotomía.

    Para morirse de risa es el ensayo “Las ventajas de sentirse avergonzado”, donde hace un recorrido por las principales condecoraciones otorgadas por su país y no puede por menos que reírse y hacernos reír ante semejante anacronismo.

    El otro ensayo que más interesante me ha parecido es el llamado “Medianía y Delirio”, en el que hace un recorrido por la historia de alemania utilizando los conceptos de mediocridad, utopía y liderazgo como medios de transporte. Gracias a estos conceptos arroja luz sobre muchos comportamientos actuales, calificables, lamentablemente de “mediocres” y nos sugiere que esta “mediocridad” es peligrosa, puesto que esconde una secreta satisfacción por uno mismo. Y eso ciega.

    Se trata de un libro muy interesante porque permite conocer más a fondo y de mano de un pensador fresco, independiente, sagaz y certero, las verdades de la política y la economía alemanas. Además, las reflexiones en torno a los medios de comunicación y la “mediatización” de los comportamientos humanos son muy innovadoras y no por ello menos plausibles. Por fin algo nuevo en el manido cónclave de los teóricos de los medios de comunicación.
    http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200505.htm

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    Mausoleo (Hans Magnus Enzesberger)

    Mausoleo, 37 baladas de la historia del progreso es un mausoleo de poemas; perdón, un libro de poemas, escrito por Hans Magnus Enzensberger. El título en alemán es Mausoleum. Siebenunddreißig Balladen aus der Geschichte des Fortschritts. El ejemplar que tengo entre manos y ojos lo ha publicado Anagrama en su "Serie Informal".

    Hans Magnus es un escritor alemán que nació en una pequeña ciudad de Baviera en 1929. Estudió Filosofía y Literatura en diversas universidades (entre ellas, la de Freiburg!). Ha vivido en Cuba, México, Estados Unidos, Italia y Noruega además de en alemania. Es el editor de la revista Kursbuch, que fundó en 1965 y que hoy se dedica más a política que literatura. Desde 1985 dirige la colección literaria «Die andere Bibliothek» («La otra biblioteca»).

    Comenzó su carrera literaria en 1957 con el poemario Defensa de Lobos, al que siguió Hablar Alemán tres años después. Formó parte del "Grupo 47", que pretendía reavivar la lengua y la literatura alemanas tras el parón de la Segunda Guerra Mundial. Detalles, Política y delito , y Elementos para una teoría de los medios de comunicación son sus críticas personalísimas a los medios de comunicación y al sistema político.

    Es un poeta que considera que la poesía debe estar al servicio de otros fines; lo que en alemán se denomina "Gebrauchslyrik" y en español vendría a ser "impuro" o "humanizado".

    El interrogatorio de La Habana y Durruti (1972) son obras literarias de carácter documental; la primera en forma de poesía dramática, la segunda en forma de novela.

    Sus inquietudes sobre la política, la lírica, la sociedad y la democracia
    le han llevado a ejercer una actividad frenética, cultivando desde el ensayo (Europa, Europa); al libro de divulgación matemática para niños y provectos (El diablo de los números) a la poesía. Su última novela es ¿Dónde estás, Robert? y ha sido publicada hace 4 años. Ha sido galardonado con numerosos premios, entre ellos el Heinrich Böll y el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2002. Como podéis ver en la foto, es un señor entrañabilísimo.

    Y bien, ahora procede comentar el libro. ¿Y cómo se comenta un libro de poesía? La verdad es que este se deja comentar fácilmente, gracias a la unidad (casi podríamos decir identidad) de estilo y temática. Se trata de un libro de una compleja sencillez, o de una sencilla complejidad: podemos considerarlo como un simple paseo por las vidas de un 37 personajes que han contribuido o descontribuido a rellenar el mito del progreso; o bien, podemos considerarlo como un mosaico, un texto de textos; un puzzle que va y viene por las épocas, los avances y los retrocesos del hombre; se trataría, entonces, de un libro, en cierto sentido, histórico. Así pues, podemos leer cada epitafio individualmente, de forma autónoma y disfrutar con estos retratos irónicos, intencionalmente grandilocuentes y épicos.

    Podemos, también, jugar a los acertijos con Magnus, puesto que cada personaje sólo viene aludido por sus iniciales y por las fechas de nacimiento y muerte. Recomiendo esta manera de leer el libro para una segunda lectura (probablemente habremos olvidado muchos nombres), pues con ella interiorizamos un poco más la forma de expresarse de Hans Magnus y su forma de pensar: desentrañamos no sólo el acertijo de qué iniciales van con qué personaje; sino de qué palabras utiliza Hans Magnus para aludir a qué comportamientos.

    Por último, el libro se puede ver como un complejísimo puzzle presentado en orden cronológico, pero que supone un recorrido en red por la historia del progreso desde el siglo XIV. Si lo vemos así, tenemos que reconocer lo fino que ha hilado Enzensberger en su selección de personajes: astrónomos, médicos, algún "politólogo", físicos, químicos, pretecnólogos… ¿por qué unos sí y otros no? Et bien, si queremos leer el libro como si fuésemos arañas de selva tropical, tenemos que aguzar los sentidos y averiguar a cada paso los motivos de los gráciles movimientos que ha hecho el autor por la historia del Progreso…. De Malthus a Campanella; de Gutenberg a Bakunin; de Maquiavelo a Evans… El fin es el camino. ¿Qué tendrán en común? El camino es complejo; os copio un trocito de la contraportada, que aporta unas pequeñas pistas…

    "Todos ellos pertenecen a la raza blanca; proceden de las clases dominantes y los "estamentos cultos"; y además, son todos varones. Se trata, por lo tanto, de una pequeña minoría radical que ha llevado a cabo acciones imprevisibles en nombre y, en bastantes ocasiones, a espaldas de la mayoría."

    Por otra parte, las referencias veladas a otros muchísimos personajes que se topan con otros más allá de la red que ha tejido Enzensberger, queda patente en un índice final. También es cosa del lector saber verlos al leer el libro. Probablemente, Enzensberger ha tenido sus razones para no incluir a estos aludidos en su Mausoleo; ahora bien, esto sugiere la idea de que este libro viene a ser interminable; sólo hace falta que alguien tenga la valentía y el savoir faire de recoger el "magno" ovillo y comenzar a hilar una nueva balada…

    http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200502.htm

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    Discurso sobre o filho-da-puta\" (Alberto Pimenta)

    Esta no va a ser una reseña convencional, puesto que este no es un libro convencional, ni el autor es un autor convencional. El libro del que os hablo se llama Discurso sobre o filho-de-deus ao qual segue o Discurso sobre o filho-da-puta. (Discurso sobre el hijo de dios al que sigue el discurso sobre el hijo de puta). El autor es un señor portugués llamado Alberto Pimenta.

    Alberto Pimenta nació en 1937 en Oporto. Estudió Teatro y Literatura en la Universidad de Coimbra y fue lector en la Universidad de Heidelberg (en la bella alemania). Es profesor ahora en la Universidad de Lisboa. En 1977 se expuso a sí mismo durante dos horas en la "Jaula de los Chimpancés", en el Jardín Botánico de Lisboa, en una operación que dio en llamar "Operação Homo Sapiens".

    Alberto Pimenta ha escrito muchos libros, todos de muy diferente cariz: de poesía, de ensayo, etc. Destacan los títulos O Labirintodonte, Read & Mad, As 4 Estações (Las Cuatro Estaciones) o A balada do filho-da-puta. De sus ensayos, resulta destacable O silêncio dos poetas (El silencio de los poetas), A magia que tira os pecados do mundo (La magia que quita los pecados del mundo) (publicados ambos en Ediciones Cotovia) y A Metáfora sinistra (La metáfora siniestra). Como poeta, siempre ha cultivado una vena satírica, lingüísticamente muy juguetona y ha explorado los campos de la poesía visual y de la, llamémosla aquí "permormativa".
    Además, se ha encargado de la serie de televisión "A Arte de Ser Português", (El arte de ser portugués), entre otras. Padua Fernandes ha publicado un interesante ensayo sobre el autor que puedes leer aquí.

    El discurso sobre el hijo de puta puede ser considerado un ensayo, a pesar de estar cargado de humor e ironía punzante y descarada. La edición que tengo yo contiene dos versiones sobre el mismo discurso. La primera, es el genuino discurso sobre el hijo de puta, que viene antecedido de un plano general de la obra y de la consabida "Balada del hijo de puta".Sobre el plan general de que trata la obra, nos dice el autor:

    "de como o filho-da-puta existe e praticamente se encontra em todos os lugares.[…]modos de o filho-da-puta ser filho-da-puta."

    Estas son algunas de las cuestiones sobre las que nos ilumina el libro. Efectivamente, Alberto Pimenta caracteriza bajo la denominación de "filho-da-puta" a un determinado tipo de personas, casi a una raza. Cada lector seguro que conoce a muchos ejemplares de este prototipo. ¿Por qué se caracteriza un "verdadeiro filho-da-puta"? Lo primero que nos dice el autor es que están casi en todas partes, pero que no se definen a primera vista, no son fáciles de identificar. Los "filhos-da-puta" son gente que se encarga de ocultar con una supuesta disposición a hacer las cosas, su verdadera indisponibilidad para hacerlas. En eso mismo consiste el ser un "filho-da-puta", en manifestar de pronto la no conformidad y desbaratar todos los planes. Además, distingue dos tipos principales de "filhos-da-puta": los especializados en hacer (perrerías, se entiende); y los especializados en no dejar hacer (impedir que las cosas discurran con normalidad y sin problemas).

    Realmente, la cuestión que trata Alberto Pimenta en este libro no es del todo banal, sino que muchas veces, reconocemos en sus frases retratos robot de personas que nos rodean e incluso comportamientos nuestros. Aquí está lo preocupante. Pero Pimenta nos pone la venda antes de abrirnos la herida y lo describe todo con una gran dosis de humor y con mucha ironía, con lo cual uno acaba riéndose de sí mismo (pero tomando nota secretamente).

    "O lema do filho de puta é amar a humanidade em geral e odiar toda a gente em particular". (El lema del hijo de puta es amar a la humanidad en general y odiar a cada persona en particular)

    (jijiji)

    Pero la edición que ha caído en mis manos no constituye únicamente un ensayo lúcido e irónico sobre qué es, cómo se detecta, cómo vive y cómo muere un buen hijo de puta ("filhos de puta somos todos"). El libro se publicó por primera ve en 1977, pero según cuenta Pimenta en la Introducción, se topó con una traducción hecha del Discurso al latín por una señora alemana llamada Ruth-Maria Riehl, de la Universidad de Indiana. Por lo visto, esta señora decidió traducir la expresión "filho-da-puta" por "Angelus Tutelarius". (Personalmente, me parece a mí que todo esto no es más que un juego de Alberto Pimenta y que tal señora no existe). Eso sí, sirve esta disculpa para poner en pie el Discurso sobre o filho-de-deus, que viene a ser el mismo que el anteriormente comentado, salvando las notas al pie de página y el sentido de muchas de las partes del discurso, que cambia totalmente, gracias al "carácter" que uno adjudica inconscientemente al "hijo-de-dios".

    Con este supuesto plagio, Alberto Pimenta pone en el tapete el tema de la protección intelectual (formalmente, que no de contenido, pues no alude a ella) y de la recursividad (lo cual me hace mucha gracia, pues justo sobre eso hablaba hace nada con Carl Philip aquí. Y es que el Discurso sobre o filho-de-deus no es más que la traducción de la supuesta traducción latina del Discurso sobre o filho-da-puta. ¿Un plagio a uno mismo? ¿Un plagio recursivo?

    "Que o plágio nunca tivesse tido praticamente leitores não me admira: o público é sempre fiel a si mesmo. Agora é que vamos tirar as dúvidas! EW também estou curioso de saber se o rapaz me vai processar por eu lhe usurpar o seu plágio! Que é isto? Será este o verdadeiro metaplágio? Só a Sociedade de Autores poderia responder. Mas não se poderá apresentar um projecto de lei de Proteção a Metapiratas?// (Que el plagio no haya tenido prácticamente lectores no me admira: el público siempre es fiel a sí mismo. Ahora vamos a salir de dudas! Y también me encantaría saber si el rapaz me va a procesar porque yo le haya usurpado su plagio. ¿Qué es esto? ¿Será este el verdadero metaplagio? Sólo la Sociedad de Autores podría responder. ¿Y no se podrá presentar un proyecto de ley de Protección contra Metapiratas?)

    ¡Al abordaje!

    http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200502.htm

    Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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