Los viajes de Joenes, ROBERT SHECKLEY

Robert Sheckley (nacido en 1928) es un norteamericano peripaté­tico que ha vivido a menudo en Europa. Al igual que Ray Bradbury y Cordwainer Smith, es uno de esos escritores a quienes una nove­la no llega a representar acabadamente. Los textos que lo hicieron famoso fueron sus chispeantes y provocativos cuentos breves, que se reunieron en libros como La séptima víctima (Untouched by Human Hands, 1954), Ciudadano del espacio (1955) y Paraíso II (Pilgrimage to Earth, 1957). De sus primeras novelas, la más notable es Immorta­lity, Inc. (1959). Sin embargo, Los viajes de Joenes (Journey Beyond To­morrow) es su libro más divertido, con ese afilado humor que ha dis­tinguido la obra de Sheckley. La novela se publicó por primera vez en 1962, por entregas, en Fanta-sy and Science Fiction, bajo el título de «Journey of Joenes».

El epónimo Joenes es un joven cálido e inocente de comienzos del siglo veintiuno. De padres norteamericanos, se ha criado en la pequeña isla de Manituatua, en la Polinesia Oriental. A los veinti­cinco años, tras haber leído muchos libros de la biblioteca de su pa­dre, se dispone a descubrir por sí mismo un mundo más amplio. En primer lugar, desea conocer los Estados Unidos, aquel reino mítico. Al llegar a los muelles de San Francisco, se enreda con un traficante de drogas llamado Lum, a raíz de lo cual termina en la cárcel («¿un comunista, eh?», dice el policía que lo arresta, después de que Joe­nes ha pronunciado un pequeño y hermoso discurso acerca de la naturaleza defectuosa de las leyes humanas y de la moral superior que surge de «seguir los verdaderos dictados del alma iluminada»). Es llevado ante una comisión del Congreso que se encuentra ca­sualmente en la ciudad. El presidente de la comisión resucita una buena frase de otros tiempos: «Camarada –le preguntó, con sim­ple ironía–, ¿está usted, ahora mismo, afiliado al Partido Comu­nista?». Incapaz de convencer a quienes lo interrogan de que no es comunista, Joenes (o el «Camarada Jonski», como el presidente in­siste en llamarlo) es enviado al Este para ser sometido a un juicio por ordenador, después del cual se lo deja en libertad condicional y se lo abandona en las calles de Nueva York.

Joenes vive una serie de aventuras inverosímiles, colmadas de personajes excéntricos y de historias dentro de historias. Vuelve a encontrarse con Lum en un hospicio para criminales dementes. Luego es obligado a dar clases sobre la cultura de los pueblos del Pacífico sudoccidental en la universidad. Se convierte en huésped de una extraña comunidad utópica, cuya lengua artificial no tiene palabras para «homosexualidad», «violación» o «asesinato», y con­sidera que esas cosas no existen. Finalmente, Joenes es recluta-do por el gobierno norteamericano y va a trabajar como espía para el Octágono. Viaja a Moscú, donde también tiene dificultades para convencer a las autoridades de que no es comunista, pero cuando regresa a los Estados Unidos, una estación automática de radar confunde su avión con un aeroplano invasor, y desencadena una hecatombe nuclear. Los Estados Unidos vuelan en pedazos, las cos­tas Este y Oeste se lanzan misiles una contra otra y también contra el resto del mundo. «Y pronto la civilización de las máquinas había desaparecido de la faz de la Tierra.» Joenes, naturalmente, sobre­vive. ¿Qué otra cosa podía haber pasado, con la suerte que tiene? Huye hacia la Polinesia, en una pequeña embarcación, junto con su amigo Lum. La Polinesia a partir de ese momento se convertirá en el centro de la civilización mundial, y los relatos de Joenes y Lum serán sus sagradas escrituras.

Todo esto se cuenta de una manera muy ingeniosa y diverti-da. Los blancos de la sátira de Sheckley son quizá los más obvios, y hoy el libro parece algo inocuo, pero en el momento de su aparición fue alabado como una obra de refrescante iconoclastia.

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Ángeles Caso: Contra el viento

El 2009 será recordado en la historia de los premios literarios como el año de las escritoras. Y es que los principales premios, comenzando por el Nobel, fueron ganados en franca lid con sus homólogos masculinos, por mujeres de gran trayectoria literaria. Me refiero a la alemana Herta Müller (1953), Premio Nobel de Literatura 2009, a la senegalesa Marie NDiaye (1967), Premio Goncourt, la canadiense Alice Munro (1931), Premio Man Booker International, la estadounidense Elizabeth Strout (1956), Premio Pulitzer de Ficción, la inglesa Hillary Mantel (1952), Man Booker Prize, la mexicana Cristina Rivera Garza (1964), Premio Sor Juana Inés de la Cruz, obteniéndolo por segunda vez, la colombiana Ángela Becerra (1957), Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casa de las Américas y la española Ángeles Caso (1959), Premio Planeta. Y aunque todas estas mujeres tienen en común el oficio de la escritura y su pasión por la ficción, sólo me referiré en este artículo a la ganadora del Premio Planeta.
Ángeles Caso, si bien es desconocida en Colombia, e imagino que en América Latina, en España su nombre es reconocido y algunas de sus obras han sido premiadas con anterioridad. Me refiero a “Un largo silencio” (2000), con la que obtuvo el V Premio Fernando Lara de Novela y “Peso de las sombras”, finalista del Premio Planeta 1994. Ha publicado varios libros, entre los que se cuentan varias biografías, habiendo sido incluso la única española en haber escrito la vida del compositor Giusseppi Verdi; ha incursionado también en el género del ensayo.
Ángeles Caso es hija de un eminente profesor universitario, filólogo y especialista en el siglo XVIII, incluso fue rector de la Universidad de Oviedo. La pasión por el estudio de las lenguas la transmitió a su hija, ya que ella estudió francés, inglés, italiano y portugués, por lo que se ha desempeñado como traductora. También ejerció el periodismo, pero finalmente lo abandonó para dedicarse en exclusividad a la literatura.
“Contra el viento”, ganadora del Premio Planeta 2009, es la historia de Zao, una valiente mujer nacida en Cabo Verde. Pero al mismo tiempo aparecen otras mujeres con sus vidas y sus dramas. La obra es, ante todo, la historia de las redes secretas e invisibles que suelen tejer las mujeres en la lucha contra la adversidad y el infortunio. Los hombres que aparecen a lo largo del relato son déspotas, machistas, violentos y egoístas. Sin embargo, en la narración aparecen tres hombres llenos de ternura y de respeto por tres de las mujeres que pueblan la ficción de Caso. Una hermosa forma de reconciliarse con el género masculino y de mostrarnos que los hombres también pueden ser solidarios y amarnos sin límites.
El libro de Ángeles Caso es una denuncia social, política y económica; ya que “Contra el viento” nos muestra la vida de las mujeres africanas que deben dejar todo, padres, hijos, hermanos, a veces sus propios maridos, amigas, para ir a trabajar en condiciones de inmensa precariedad a Europa, en este caso preciso a Portugal y España. Pero también podría ser el caso de muchas colombianas o ecuatorianas o bolivianas, por no seguir enumerando todo el continente latinoamericano. En otras palabras, es la historia de la migración sur-norte, basada en la búsqueda de un mundo mejor, más equitativo; pero donde la realidad es muy diferente a la imaginada. En vez de igualdad, se encuentra un racismo oscuro, soterrado y ancorado en lo más profundo de muchos hombres y mujeres que no han entendido que en la diversidad radica la riqueza de la especie humana. La migración conlleva, en la mayoría de los casos, al renunciamiento a un pasado personal, lleno de raíces y de identidad cultural y a veces lingüística. Cuando eso sucede la persona que emigra se convierte en un exiliado en sí mismo, lo que hace muy difícil la integración a la sociedad que se pretende adoptar, máxime si las políticas de los países donde se llega, adolecen de postulados y programas que ayuden a que la integración sea más fácil; por lo que la mayoría de los emigrantes terminan viviendo en guetos, con todo lo que ello puede significar de bueno o de contraproducente en la nueva vida que se emprende.
“Contra el viento”, es la historia de la precariedad, del abuso sexual, de la explotación, que a veces raya con la esclavitud. Es la historia de un mundo opulento y racista, que ve en las extranjeras seres de poca valía, a las que un mendrugo de pan y un salario de miseria deben bastarles para su supervivencia y la de sus familias. Es también la historia de las inequidades entre el primer mundo y el mal llamado tercero. Las mujeres africanas, que son obligadas a la migración, son en su mayoría analfabetas, ya que en sus países de origen se les suele negar el derecho inalienable a la educación; por lo que muchas de ellas son explotadas por las modernas redes de esclavitud, o trata de blancas, como se llama ahora a tan infame explotación. Otras, como es el caso de Zao, deben trabajar en pequeños oficios, meseras o tareas domésticas, cuidado de los niños, cuando los propios deben ser abandonados en sus propios países, o deben pagarles a vecinas para que se los cuiden mientras ellas trabajan para poder alimentarlos. El libro es una denuncia de la pobreza, de esa carencia a todo nivel, difícil de imaginar en la España de hoy en día: “La pobreza las rodeaba, como una cadena que las sujetara contra la esquina del mundo donde se acumulan la miseria y la marginación, de las que difícilmente lograrían salir sin sentir al menos el estigma marcado para siempre en sus frentes” (Ángeles Caso, Contra el viento, pág: 72).
“Contra el viento”, está escrito en un lenguaje sencillo, no académico, lleno de poesía y de imágenes dolorosas, las imágenes de las mujeres olvidadas, invisibles. No obstante, gracias a ellas muchas de nosotras hemos podido superarnos en este mundo dominado por los hombres. Ellas nos han ayudado con el cuidado de nuestros hijos, para que nosotras podamos trabajar, escribir, viajar. Su renuncia y sumisión han contribuido para que perseveremos en nuestra carrera loca hacia el éxito. Pero también es la historia de la amistad sin límites que se establece entre dos mujeres de culturas diferentes; en este caso preciso entre Zao y la autora del libro. Y traigo a colación este dato ya que Zao existe. Ella conoció a Ángeles Caso cuando fue a solicitarle trabajo como empleada doméstica. Es por ello que en las declaraciones que Caso dio el día de la entrega del Premio Planeta, dijo que la mitad del dinero ganado era para ella; ya que era consciente que Zao sólo le había prestado su propia historia, la historia de la migración y del exilio.
CASO, Ángeles. Contra el viento. Editorial Planeta, 2009. 267 páginas
Blog:
http://beluesfeminas.blogspot.com

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KIRMEN URIBE

KIRMEN URIBE
Bilbao – New York – Bilbao

“Vojtech (Jasny) me dijo una frase: “Nada ocurre en vano””. (Bilbao-New York-Bilbao. Editorial Seix Barral S.A. 2009, página 156). La lectura de esta sabia sentencia, con la cual se puede, o no, estar de acuerdo, me hizo pensar en Ernesto Sabato y en todas las veces en que ha insistido en que la casualidad no existe. Este libro, cuya acción transcurre en un vuelo transoceánico, lo adquirí en el aeropuerto de Barcelona, mientras hacía una escala técnica. Primera “coincidencia”. Lo leí en el 2010 con el fin de darme una especie de vacaciones de un estudio que en ese momento estaba realizando sobre un autor ya desaparecido. En uno de sus libros emblemáticos el tema central gira alrededor del mar, de los barcos y de los marineros. Segunda “coincidencia”; por lo demás bastante extraña. Al ver el libro en la librería me asaltó el recuerdo de haber escuchado en TV española que había obtenido dos premios bastante importantes, nada menos que el Premio Nacional de Narrativa 2009 y el Premio Nacional de Crítica 2008 en lengua vasca, euskera, como prefiere nombrarla Kirmen Uribe (Ondarroa, Viscaya, 1970). También obtuvo el Premio de la Fundación Ramón Rubial y el Premio del Gremio de Libreros de Euskadi.
Conozco muy poco del pueblo vasco, a pesar que la región cafetera colombiana está llena de sus descendientes, o de descendientes gallegos como es mi caso, aunque siempre prefiera decir que mis raíces están ancoradas en África y en los pueblos indígenas y no en España. Simplemente soy el producto de una mezcla de culturas, como la escena de las dos niñas que juegan a cazar mariposas con una sábana, al final del libro de Kirmen Uribe. Una es blanca y la otra negra. Una es descendiente de marineros vascos y la otra es descendiente de marineros senegaleses. Una historia común las une más allá de cualquier línea divisoria de odios racistas, la pesca, y los avatares de la vida en el mar, y por supuesto una lengua: el euskera, hablada en la actualidad solamente por una comunidad de 250.000 personas.
Kirmen Uribe ha escrito un hermoso libro sobre el país vasco y sobre la historia de una familia. Es un relato que abarca tres generaciones. La del marinero Liborio Uribe, su hijo, patrón del barco Dos Amigos, y el nieto Kirmen, filólogo de formación, con estudios de postgrado en literatura Comparada en la Universidad de Trento, escritor de profesión. Pero también está el hijo de su compañera Unai, a quien le rinde un cálido homenaje con un emotivo poema: “Naciste a mis ojos con trece años./ Así, de repente./ Fue un parto muy original,/ pues naciste mientras cenábamos una pizza”. La presencia de Unai deja la obra abierta, con la posibilidad de continuar más tarde con su propia historia. Es como un rond-point donde coinciden diversos caminos, pero que también se abre a nuevas y desconocidas rutas.
Y aunque es una historia de hombres, está siempre iluminada por un faro que no los deja perderse en las tempestades marinas o en las tempestades metafísicas. Ese faro es la mujer. Bien sea la abuela, la madre, la tía, o Nerea, la compañera de Kirmen y madre de Unai, son personajes femeninos que dan una fuerza vital a la creación de la ficción, o la descripción de la realidad, como quiera llamarse al libro de Uribe.
Sin embargo, no es la parte lírica de la obra la que me ha llamado la atención, sino la construcción misma de la novela, o de la biografía o de la autobiografía, o de la historia reciente de un pueblo que se negó a desaparecer bajo la dura dictadura franquista. Bilbao-New York-Bilbao es, incluso, una reflexión sobre la creación literaria, un manual, o guía, sobre la construcción narrativa. Concepto que luego encontré en una crítica de Jon Kortazar: “Me interesa más el mundo conceptual y la configuración teórica que propone que el argumento mismo del texto. Es decir, prefiero el aspecto del libro que me ha llevado a pensar sobre él, que la forma en que emociona, que es una de las virtudes que los lectores subrayan en la novela”.
Kirmen Uribe, con su obra Bilbao-New York-Bilbao, se impone como un referente obligado en las letras hispanas contemporáneas. No obstante, ésta no es su única obra. Hasta el 2008 era más conocido por sus libros para niños, siempre escritos en euskera, y por su poesía. Incluso el año pasado Patxi López, en su posesión como Lehendakari, leyó uno de sus poemas: Mayo.
Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto.
Ven, hace tiempo que no sé de ti,
Se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárselas con las dudas,
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro.
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,
Sea un secreto, un error o un gesto.
Ven y pondremos verdes a los vencedores,
Saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.
Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,
Porque estar juntos en silencio es
La mejor prueba de la amistad.
Vente conmigo, quiero cambiar de país,
Dejar este cuerpo mío a un lado
Y meterme contigo en una concha,
Con nuestra pequeñez, como los bígaros.
Ven, te espero,
Continuaremos la historia interrumpida hace un año,
Como si no tuvieran un círculo más
los abedules blancos de la rivera.
Una deferencia respetuosa para el escritor Kirmen Uribe; pero sobre todo un hermoso homenaje a las raíces de un pueblo que se niega a ahogarse o a fundirse en otra identidad. No en vano Kirmen Uribe, como Fernando Savater, aboga por una educación bilingüe. Es decir, aboga por una identidad vasca, pero sin dejar a un lado la lengua castellana y la tradición inherente a ella.
Blog (Google): vocesdelsilencio.estrada

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CUANDO EL DOLOR SE HACE POEMA

Cartografía de la materia,

Felipe Sérvulo

Diputación Provincial de Jaén, 2005, 108 págs.

por Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com/

“Poesía de la nostalgia” fuera acaso la fórmula más concisa y exacta para definir la poesía de Felipe Sérvulo. La melancolía es la esencia de su alma de poeta, ella es la premisa que condiciona la elección que sirve de marco a sus poemarios, es el eje en torno al cual giran sus temáticas, la materia prima indispensable, la espuela que estimula el poema. El autor participa así del mismo espíritu que inspirara a los románticos su ideal de vida y de belleza: el anhelo como objetivo en sí, el incumplimiento del deseo como meta que nos incita a seguir la eterna búsqueda. Sí, leer a Felipe Sérvulo es leer a un autor romántico.

Como hiciera Heinrich von Ofterdingen, el protagonista de la novela homónima de Novalis, para quien la poesía es la manifestación más sublime del arte y que emprende en su búsqueda un camino vital de aprendizaje que no ha de ver su final, también la voz poética de Felipe Sérvulo es un Yo eternamente errante, una voz desgarrada por la soledad, atormentada en lo más hondo por la constante compañía de la ausencia, el intenso dolor y el vivo anhelo, que le arrancan versos de inusitada y excepcional belleza.

He aquí el denominador común de estos dos poemarios, publicados en un único volumen por la Diputación Provincial de Jaén bajo el título de Cartografía de la materia. A pesar de la diferencia que constituye su punto de partida: la contemplación de los cuadros de una exposición de pintura sobre la Guerra de los treinta años, en el primero –La Ciudad de hielo-, y la visita del autor al Cortijo del Fraile (Almería), donde en 1928 sucedió un asesinato que frustró trágicamente el amor de dos amantes, en el segundo –De la pureza de la tierra-, el pulso que late en cada uno de sus versos es el mismo e impregna de estricta coherencia la doble publicación.

Los poemas de Felipe Sérvulo pudieran calificarse como poesía amorosa; lo son, y el poeta redime este maltratado género para devolverle la categoría de verdadera y alta poesía. Pero el epíteto, aunque acertado, no le hace completa justicia; Felipe Sérvulo trasciende los límites de lo estrictamente amoroso en el sentido habitual: para la voz poética de Sérvulo el sentimiento del amor ausente es un estado, puro estado existencial: […] / desde tu lejanía. // Cómo decirte que el tiempo / ya no es, o bien Al levantarme, / encendí tu nombre / y el candelabro de plata / para seguir viviendo (La ciudad de hielo). Este estado es definitorio de la esencia del yo poético, determinante para todos y cada uno de sus sentimientos, para su forma de mirar y de ver el paisaje, para percibir los objetos y el entorno: Después, la casa / me trae las huellas / de los que se fueron; / que no sabe de plazos / la melancolía (De la pureza de la tierra). Como el Werther de Goethe, el yo poético de Sérvulo percibe el paisaje a través del sentimiento que le imbuye el dolor de la separación de la amada: […] Ojalá lloviera ahora / que sangra el sol / y el abandono. // […]. // Al cabo de las casas, / ningún murmullo / y las corolas amarillas. // […] (De la pureza de la tierra). Fuera de este estado no hay nada, todo adquiere su sentido a través de este modo “natural” de estar y ser en el mundo. El amor ausente y el yo poético conforman un Todo único. De esta unidad emana el constante diálogo-monólogo de la voz poética con el ser amado eternamente ausente, los versos brotan de esta ausencia, no serían sin ella, son al propio tiempo fuente de dolor y de creación: Eres como los sueños: / estás, te veo, / hablo contigo, / nunca te alcanzo (De la pureza de la tierra). Esta necesaria unidad, de la que depende la vida del Yo, se percibe en las palabras: Te miro / y, cuando la mirada vuelve, / ya no es mía, pero también, estilísticamente, en la forma que adopta el principio absoluto de este diálogo interior e intimista, que se manifiesta perpetuo, ora callado, ora aflorando al exterior en forma de verso; el comienzo del poema no es el comienzo de la voz, ésta se hace audible de repente y prosigue lo que ha comenzado ya en silencio: Pero, dónde la fiesta. / Dónde la risa / de los hombres, / el pulso en las sienes, / el aliento encendido o bien: Cómo contártelo / sin naves de regreso. / Cómo explicarte / que la belleza es inútil. // Que la ciudad sin ti se muere, […] (ambas citas de De la pureza de la tierra), o este otro: Otras veces traspasábamos / los muros encalados/ de nuestra habitación / y revolábamos sobre la tierra / […] / como prodigio de invierno (La ciudad de hielo) –la negrita es mía-. Así la memoria del tiempo pasado es la fuente que alimenta la poesía, la herramienta que la cincela, los poemas del autor jienense están preñados de recuerdo, de pérdida, de soledad, de vivo anhelo sin visos de satisfacción. Éste conforma el equipaje que lleva consigo la voz poética en su errar eterno: […], / en el cofre dispuse algún recuerdo, […] // Al marchar candé la puerta, / no fuera que la soledad / quisiera acompañarme (La ciudad de hielo). La conciencia del fluir del tiempo, que ha perdido su razón de ser: […] // –Mi vida no es mi vida / sino tiempo que pasa- […] (La ciudad de hielo), la destrucción de un pasado feliz, a causa de la guerra: […] // -La recuerdo, / pero hace tanto tiempo…- // Ahora quedan / capiteles mutilados, / cal exhausta / y el aire que alberga / la descarga de los fusileros, en el primer poemario, o por el crimen vengativo: Ninguna vida / […], / junto al hogar helado. // Y el espesor del tiempo / en la sal de la tierra / y en la mentira, en el segundo. Como el panteísta, que ve por doquier la manifestación divina, así la persona amada de los versos de Sérvulo –otro rasgo en común con los románticos esta aspiración a la totalidad, a la unidad de naturaleza y ser humano- se hace ubicua en la naturaleza, el paisaje rural, que puebla los versos, siempre alejados de la gran urbe: […]. // Y marcas el sendero / donde corona el trigo / y el vino joven / que refugia la tiranía / de la tarde (La ciudad de hielo), o bien: […] El aire se hace / armonía pura, / casi vaho, trigo amor, / sementera de carey / y viña nueva, o en este otro: Percibo la quietud, / la opalina de las viejas casas, / mil historias y la ciudad / que se escucha lejana (ambas citas de De la pureza de la tierra). El poema deviene a menudo un canto a la sencillez de la vida campestre idealizada, de la que todos los sentidos participan: Espumeas el puchero / y amasas la esencia de la espiga / y las aceitunas. […]. // Hueles a brega, a leño, / a pan de gloria (De la pureza de la tierra). La intensidad del dolor subvierte la percepción para alimentar la herida; el silencio se hace atronador; la ausencia, presencia lacerante: Está vivo el silencio / sobre la tierra muerta. / Y la novia, la madre, el novio / y el amor, muertos / en silencio vivo. […] (De la pureza de la tierra).

Altamente recomendable este volumen, preclaro heredero de la mejor poesía española. Del autor, galardonado entre otros con los premios de poesía Blas Infante (1986, 1987, 1988), Sant Jordi (1986, 1987), Salvador Espriu (1992) y Ciudad de Ponferrada (1997) y finalista en otros tantos, se han publicado, además, Hasta el límite de las violetas (Ed. La Mano en el Cajón, 1995), Las noches del Sur (Diputación Provincial de Jaén, 1996), Casi la misma luz (Tágilis Ediciones, 1999). La niña de la colina, pendiente de publicación, del cual Alfonso Levi y Pepa Ortiz leyeron algunos poemas en la última tertulia de la Asociación Cultural El Laberinto de Ariadna (Ateneo barcelonés), promete incluso, si cabe, superar el presente.

© Anna Rossell

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NO HAY SILENCIO QUE NO TERMINE

NO HAY SILENCIO QUE NO TERMINE
Berta Lucía Estrada Estrada
Escritora y crítica literaria

“No hay silencio que no termine”, es un verso de Pablo Neruda, que pareciera que hubiese sido escrito para darle un título al libro de Ingrid Betancourt. Confieso que no he sentido ningún deseo de leer los testimonios que desde hace aproximadamente dos años están apareciendo en las librerías colombianas, supuestamente escritos por las personas que han sufrido el oprobio del secuestro. No obstante, la entrevista de Héctor Abad Faciolince a la autora, y su comentario lúcido, como todo lo que él dice o escribe, que se trata de una verdadera obra literaria, me sembró el interés por su lectura; el cual se incrementó con el artículo de Santiago Gamboa. Sin embargo, es sólo ahora que lo he leído. La razón de la espera es muy simple, deseaba hacerlo en la lengua en la que originalmente fue concebido, el francés; por lo que debía esperar para poder adquirirlo. Lo que fue posible ya que desde hace unas semanas estoy en Francia. Lo leí en un espacio de 7 días, no le dediqué las horas de lectura que normalmente hago cuando el libro me apasiona. Lo leí despacio, tratando de sumergirme en el horror descrito en las 689 páginas de “Même le silence a une fin”, Ediciones Gallimard, 2010.
Mi relación con Ingrid ha pasado por diferentes etapas, primero de una gran admiración por su valentía, me refiero a las huelgas de hambre que hizo en el Senado colombiano o como cuando se postuló como candidata a la Presidencia de la República. Seguí con mucho interés su campaña, en la que creo recordar que distribuía condones en la calle; uno de los aspectos que influyó en mi decisión de votar por ella, ya que apruebo las posturas contestarias. Pero cuando fue secuestrada, debo confesarlo, sentí cólera y rechazo, ya que creía que ella había buscado ser secuestrada, no para quedarse 6 ½ años de su vida pudriéndose en la selva, sino para ser liberada en 48 o 72 horas con un comunicado de las FARC, lo que en ese entonces sucedía con alguna frecuencia, y lo que habría aumentado su popularidad. Durante esos años de infortunio me llegó a desestabilizar que sólo preguntaran por ella; ya que era consciente que habían muchas otras personas que estaban sufriendo el mismo calvario. Pero luego hubo un cambio en mi actitud. Cuando viajé a Francia en 2005 y vi su rostro en las Alcaldías de ciudades y pueblos por los que pasaba, entendí que ella visibilizaba la infamia del secuestro. Poco tiempo después yo misma hacía parte de uno de los grupos de apoyo a Ingrid Betancourt. El día de su liberación lloré, sentí que el terror que había vivido, era el mismo que mi país ha experimentado en esta larga guerra fratricida en la que estamos inmersos hace ya más de cincuenta años.
“No hay silencio que no termine”, es un libro muy bien escrito, con una gran riqueza de lenguaje, que muestra el gran dominio que Ingrid tiene del francés. No obstante, no pude sumergirme en él como yo lo hubiese esperado. Creo que le falta “alma”, es posible que sea a causa de la lengua en el que originariamente fue escrito. Es como si la autora hubiese querido utilizar un filtro que la protegiese de los recuerdos del cautiverio. No hay que olvidar que la lengua materna de Ingrid Betancourt es el castellano. Y al filtrar las palabras en un idioma que es más lógico que el nuestro, aunque sea también de origen latino, permitió que el dolor se atenuara. Ese filtro, al llegar a mí, volvió a operar. Lo leí con sangre fría, antes de leerlo creí que iba a llorar, que me iba a estremecer pensando en la ignominia que le había tocado enfrentar y a la cual yo jamás podría sobrevivir. Pero no, no lloré, ni se me puso la carne de gallina. El velo que Ingrid utilizó para no exponer su dolor en una vitrina como si fuese una herida supurante, sino más bien como un velo de una textura fina, cuyo material es el pudor, le permitió mostrar la adversidad y el delirio humano. Pienso que esa es la gran estrategia literaria que hace que su libro no sea un simple testimonio de una víctima, sino un libro sobre la condición humana.
“No hay silencio que no termine”, nos muestra la vileza en toda su dimensión. Es un fresco de las bajezas y de la humillación, a las que somos capaces de llegar cuando la frontera entre la razón y la locura se hace tan tenue como una simple vara en la que caminamos como funámbulos. Pero también es el fresco del deseo de poder que puede apoderarse de nosotros cuando somos incapaces de ver en el otro a un ser humano con nuestras mismas debilidades, necesidades, angustias. Estoy convencida que para las FARC este libro es un golpe enorme, como si se tratase de un bombardeo de gran magnitud; puesto que nos muestra que todo el supuesto argumento “revolucionario” y “los deseos por una sociedad más justa y equitativa” son una gran falacia en el corazón de una guerrilla que hace tiempo está en los estertores de una enfermedad terminal, pero que por una u otra razón, se niega a morir. Aunque todos conocemos la verdadera razón. Sabemos que el narcotráfico, la guerra y las ganancias, con multitud de ceros a la derecha, evitan que haya una luz al final del túnel.

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