La Diana, Jorge de Montemayor

Novela pastoril en lengua castellana. Su título completo es Los siete libros de la Diana y fue publicada por vez primera en Valencia hacia 1559. El tema fundamental que en ella se desarrolla me­diante representaciones de vida agreste es el amor como tendencia o inclinación de naturaleza metafísica: vida de un alma que desde el interior se ordena espontáneamen­te hacia la belleza individual y concreta que la deleita, mientras se esfuerza en expresarse y salir a la luz por medio del arte o virtud intelectual de que es capaz. Diana, la bella pastora de quien toma su nombre la novela, corresponde al amor del pastor Sireno, despreciando a Silvano, que inútil y apasionadamente la requiere; pero, durante una ausencia de Sireno, Diana se casa con pastor Delio. Cuando Sireno regresa no le queda otro consuelo que unirse a Silvano y cantar con él la radiante belleza de Diana, la mujer amada y perdida.

La pastora Selvática puede comprender y, en parte aplacar el dolor de ellos, explicándoles cuántos  y cuáles son los dolorosos «embrollos» que nacen del amor: nunca nos ama la mujer que amamos y nunca amamos a la mujer que nos ama. Selvática ama al pastor Alanio, que está prendado de la belleza de Ismenia; pero ésta ama perdidamente al pastor Montano, y en vano le sigue de colina en colina mientras él lleva su rebaño a pacer.

Tenemos así una teoría móvil de amantes que afanosamente se buscan y que, discordando sus tendencias, sarmientan y abandonan a su dolor desesperado. A estos infelices, se añade la pastora Felismena, que expone su desgraciado caso. Ella siguió, vestida de muchacho a su querido Félix, a quien sirvió de paje, llevándole sus más dulces mensajes de amor a la pastora Delia. Pero ésta, creyéndola un hombre — el motivo está tomado de un cuento de Bandello, II, 36—, se enamoró de ella y le ofreció su amor. Al rechazarla, Delia se ha matado y Felismena se ha visto obligada a huir por los bosques.

Todos los amantes se van entonces a la morada de la sabia Felicia para buscar consejo y ayuda; y, mientras están en camino, se les reúne la pastora Belisa que enamorada de Arsenio, se rebeló contra el padre de éste, que la quería para él, y le había dado muerte. La sabia Felicia les acoge en su palacio suntuoso, donde con músicas, canciones y danzas se celebra a Orfeo el enamorado cantor que por demasiado amor perdió a su amada. Y del mismo modo que Orfeo cantó a la perdida Euridice, cantan ahora a la perdida Diana, llamando para formar su corona a las más bellas y nobles damas «de las que hoy dan valor ilustre a España».

Presididos por Felicia, todos los amantes, sentados por parejas en un prado limitado por verdes sauces discuten de amor en tres debates tomados literalmente del primero de los Diálogos (v.) de León Hebreo. De estos conceptos se deduce la dualidad entre amor espiritual y amor sensual, los dos opuestos cuya unidad situaba León Hebreo en la realidad actual y concreta del hombre. Montemayor vuelve, por tanto, al amor platónico, como sueño de pureza diamantina en oposición al apetito o amor natural. «Tal amar — declara la sabia Felicia — no es ilícito y deshonesto, porque sólo trata de querer bien a la persona en sí, sin esperar premio ni interés alguno».

Así se afirman los espíritus informadores de la Diana, en la que el amor es pura pasión separada de la acción y contemplada en su estado senti­mental, mórbido y soñador, jamás como principio de energía y determinación de la voluntad que se conquista el propio porvenir. El amor vale sólo en cuanto deseo de la belleza inaccesible a la que tiende por impulso de su naturaleza, un deseo de dolor inenarrable, a través del cual, el alma da a medida de sí misma, porque, alejada de todos los excesos de la pasión, ignorante del odio y de los celos, es aristocráticamente superior a todos los placeres vulgares.

Por último, la sabia Felicia proporciona a todos los enamorados un agua encantada que puede cambiar a todos las inclinaciones naturales. Regresan entonces a sus casas. Selvática se enamora de Silvano y Félix de Felismena, mientras Sireno puede seguir con indiferencia la suerte de Diana, atormentada por los celos de su marido. La novela de Montemayor se resuelve en una serie de narraciones que se yuxtaponen y entrecruzan, variando con lento análisis, en una mezcla de prosa y poesía al estilo de la Arcadia (v.) de Sannazzaro, el motivo del amor como actividad que perfecciona y finaliza el sujeto de acción, en la línea mis­ma de su constitución específica; por eso el motivo fabuloso del agua encantada desen­tona con esa concepción, según advertía ya Cervantes en el examen de la biblioteca de Don Quijote (I, 6).

Montemayor carece de las preocupaciones artísticas de Garcilaso, que en sus églogas pastoriles se aferraba a comparaciones y metáforas que se inspira­ban en la naturaleza, traduciendo la fres­cura del alma y la ingenuidad primitiva propia del hombre unido a la tierra y abier­to a las voces de las cosas. Con él, penetra en la novela pastoril, bajo un aspecto vago, pero con significado más amplio y univer­sal, porque está filtrado a través de la lí­rica amorosa de inspiración trovadoresca, el neoplatonismo del Renacimiento, como manera particular de sentir y obrar, como una visión general de la vida iluminada y embellecida por los esplendores nostálgicos de la belleza. Los elementos filosóficos, to­mados superficialmente, pierden su frescura especulativa, reduciéndose a un artificio retórico que renueva, con vocabulario más sugestivo, las antiguas disquisiciones sobre casos de amor.

Y el amor es la voz de una pasión, a la que más que sufriría inmedia­tamente, se la contempla en el recuerdo, escrutándola en sus más oscuros movimien­tos y expresándola con el temblor de un abandono querido por el destino.

«Y pues que jamás puede amor torearse, / No tiene el desamado que quejarse».

Esto es lamentarse a la manera de una conversación que traduce el sentimiento en la estructura de la frase y en la elegancia de la dicción: el dominio seguro de la pasión, dentro de las formas de civil conveniencia dictadas por la razón; así es como se comportaba aquella sociedad galante y culta, que, bajo la lige­ra apariencia pastoril, se presentaba en fi­guras netas y destacadas sobre el fondo pintoresco y de costumbrista de las escenas de palacio. El éxito de la Diana fue consi­derable no sólo en España, donde fue con­tinuada por Alonso Pérez, Segunda -parte de la Diana, y Gaspar Gil Polo, Diana ena­morada, sino también en todas las litera­turas europeas, especialmente en Francia. Traducida por N. Collin (Reims, 1569), in­fluyó en la Astrea (v.) de Honoré d’Urfé, que fue el modelo de todas las novelas sen­timentales del siglo XVII y la expresión del gusto cortés desde la época de Enri­que IV a la de Luis XIV, y sobre todo en la Arcadia del inglés Sydney.

M. Casella

 

La prosa de Montemayor es algo lenta, algo muelle, tiene más agrado que nervio, pero es tersa, suave, melódica, expresiva, más musical que pintoresca, sencilla y no­ble a un tiempo, culta sin afectación, no muy rica de matices y colores, pero libre de vanos oropeles… El defecto capital de Diana, es el abuso del sentimentalismo y de las lágrimas, la falta de virilidad poética, el tono afeminado y enervante de la na­rración.(Menéndez Pelayo)

 

*La Segunda parte de la Diana, del médico Alonso Pére, publicada en Salamanca, en 1564, es casi una obra de compilación sin unidad de fantasía ni coherencia poética. Los episodios, derivados de la literatura idílica y bucólica antigua y coetánea (Oviciok Sannazaro, etc.), son tantos y tan complicados que convierten el hilo de la acción en una repetición mecánica de casos sentimentales e inverosímiles, referidos en estilo amorfo e incoloro. Pero, a pesar de la diversidad de tono de ambas obras, la Diana de Alonso Pérez acompañó en casi todas las reediciones y traducciones a la Diana de Montemayor

* Fama más merecida alcanzó La Diana enamorada, novela pastoril de Gaspar Gil Polo (m. 1591), publicada en Valencia, en 1564. Se inicia con el lamento de Diana que, visitando la fuente de los Alisos, recuerda que antes estuvo allí en compañía de Sirenio. El recuerdo de este su primer amor, voluntariamente truncado, es para ella una angustia continua. La pastora Alcida, que la escucha, trata de consolarla, diciéndole que el amor no es omnipotente.

Si nuestra voluntad no sabe resistir y luchar, le proclamamos invencible. Los triunfos del amor son triunfos sobre nuestra debilidad. Pero llega Delio, marido de Diana, y queda maravillado por la radiante belleza de Alcida, y la sigue al huir ésta, que reconoce la voz de Marcelo, que se aproxima. Éste en presencia de Diana no sage reprimir su dolor, y se desahoga narrando su triste suerte. Debía casarse con Alcida, per la nave que la conducía a Lisboa y que llevaba también a su familia, fue sorprendida por la borrasca. Alcida y su hermana Clenarda se salvaron en una barca junto con Marce­lo.

Eugenio y Polidoro, padre y hermano de Alcida, fueron juguete de las olas en otra barca, y al fin desaparecieron entre los tor­bellinos de la tempestad. El marinero de la primera barca, al tratar de recoger a Clenarda, había separado a Marcelo y Al­cida, de suerte que él llegó a tierra después de numerosas vicisitudes sin tener noticia de los que amaba. En seguida empezó la de­sesperada búsqueda de su bien perdido. Diana y Marcelo resolvieron visitar, al día siguiente, el templo de Diana, donde ella le narra todas sus desdichas: cómo Sireno la amó espiritualmente y cómo, por obedece» a su padre, se vió obligada a casarse con Delio, el celoso. Con este motivo, se discu­te del amor y de los celos.

Los celos son falta de fe en el que se ama y amor exa­gerado de sí mismo; no son amor. El amor lleva consigo el temor; el temor de perder lo que se ama; un temor que se nutre del bien que descubrimos en la persona amada y que por tanto no está separado de la esperanza. Entre tanto, veamos lo que les ocurre a los otros pastores: Ismenia y Montano, que al hallarse en compañía de gente que sufre de amor, no dudan en confiarse, contándose sus desgracias. Isme­nia amaba y era amada por Montano, pero también la deseaba Fileno, el padre de éste. A su vez, Montano había rechazado a su madrastra Felisarda, que le amaba apa­sionadamente.

Las bodas de Ismenia y Mon­tano hicieron de Fileno y de Felisarda dos acérrimos enemigos que atentan contra su felicidad, tanto que Montano, para no co­meter un parricidio, incitado por las ma­las artes do su madrastra, decide huir con su mujer y no volver más a su tierra. Los diversos hilos de la novela están unidos entre sí, formando un nudo que el destino resuelve felizmente. En efecto, en el mis­mo lugar, junto a la sabia Felicia, llegado ya Eugerio, padre de Alcida, y también después de mil aventuras, aparecen sus dos hijos Polidoro y Clenarda y finalmente la propia Alcida, que anuncia que Delio ha muerto de una caída mientras la seguía frenético, enloquecido por la pasión. Alci­da y Marcelo, Diana y Sireno pueden ahora celebrar sus bodas, festejadas por todos los pastores con músicas, himnos y danzas. Los deseos de su vida más honda han sido por fin favorablemente escuchados.

Se encuen­tran felices consigo mismos y con la natu­raleza exterior, que les parece una sonrisa del universo. Después un largo periplo de amargas experiencias, han podido llegar al reino de la felicidad, al reino del amor rec­to que, dándose cuenta de su belleza, se reconoce a sí mismo como pureza y bondad generosa que se da, expresándose con pa­labras adecuadas, artísticamente nobles y transparentes. La Diana enamorada es la síntesis musical y poética de la novela pas­toril española, en su tentativa de hacernos presente en imágenes el mundo de la pura poesía, bondad y pureza interior, que cada cual halla en sí mismo cuando se da, sin sombra de egoísmo, a la belleza individual y concreta que deleita a la inteligencia en su actividad de conocer.

La fusión de los elementos líricos y fantásticos es más co­herente que en la Diana de Montemayor y alcanza cierta constancia y unidad de tono. El verso, más que contraponerse a la prosa, se destaca de ella con ritmo leve, casi sus­pendido del ala lírica, que ya en sus perío­dos sueltos parece preludiar el vuelo. La palabra, a la que el análisis parece como que ha enrarecido en la atmósfera lúcida del sueño, pierde todo valor de acción pre­sente y en su concreción lógica se disuelve en la blanda musicalidad de los sonidos. Es un arte finísimo y un seguro dominio de la materia aun allá donde la unidad estética de la novela queda un poco desvanecida por las largas divagaciones sobre las desventuras de Marcelo y Alcida, de Alano de Ismenia. En estos pasajes, Gil Polo se atiene a módulos fantásticos de la novela. bizantina, pero los transforma, porque el orden emanado del amor como sed inextinguible de belleza se revela finalmente como lo providencial que impregna en lo profundo la vida de toda la novela.

M. Casella

 

*Entre las restantes continuaciones de La Diana de Montemayor, deben recordarse La Diana de Jerónimo de Taxeda, publicada en 1587, una Tercera parte de la Diana de Gabriel Hernández, escrita en 1582, pero que no llegó a imprimirse, y la Clara Diana lo divino, que hizo en 1582 el monje cisterciense Bartolomé Ponge para oponerse a la extraordinaria popularidad y difusión de la novela. 

La deuda de Dancer, de John Lutz

La deuda de Dancer

La deuda de Dancer

Cayó esta novela policiaca en mis manos por pura casualidad, como suelen caer las buenas novelas, y también las malas, según pude comprobar más tarde…

Cuando empezamos a leer la deuda de Dancer, de John Lutz, no sabemos a quién le va peor, si al detective que recibe el encargo de investigar las deudas de un tipo al que han amenazado, o al propio tipo, que sale malparado de un par de encuentros con matones. Luego, con el tiempo, nos iremos enterando de que en el fondo se trata de una pregunta que carece de importancia, porque ni el uno ni el  otro es capaz de suscitarnos mayor interés.

La novela se basa en una idea bastante interesante, justo la que no debo contar, pero su desarrollo es un paseo dominical por todos los caminos trillados imaginables, mientras el lector va saludando, sombrero en mano, a un montón de arquetipos, situaciones y mecanismo demasiado vistos ya.

La novela encuentra su redención en algunas buenas frases que el autor va dejando caer a un lado y a otro, como si se olvidara de pronto de que está escribiendo una novela de mierda y se le escapasen toques de calidad que lo delataran como un escritor con posibilidades.

La deuda de Dancer es una historia más, otra , de un tipo borrachín y jugador que tiene una novia maravillosa y bellísima que lo adora y que hace lo imposible por ayudarle. Unamos a eso que el tal Dancer  tiene fobias que le quedaron de Vietnam, que el detective es pobre como una rata y amigo de un jefazo de la policía y verán que el autor tiene que ser muy convincente a veces para conseguir, con semejantes mimbres, que me haya acabado la novela.

Como dije, la idea central y la resolución, tienen un pasar. La conclusión es floja. La novela vale lo que cuesta si, como yo, se compra por dos euros. Si no, malamente.

UN EXPONENTE DEL REALISMO ALEMÁN

*
por Anna Rossell
*

Theodor Fontane, Jenny Treibel,
Traducción y notas de Constanza Pelechá Vela
Erasmus Ediciones, Barcelona, 2012, 198 págs.
*


Fontane (Neuruppin –alemania-, 1819- Berlín, 1898), autor clásico del realismo alemán -comparable a nuestro Leopoldo Alas-, que concebía la novela como una forma de retratar su tiempo, nos ha legado con su vastísima obra narrativa un documento vivo y matizado de los ambientes que él frecuentó y conoció bien: los de la nobleza de Brandemburgo y la burguesía berlinesa. Agudo observador y magistral narrador, autor de numerosísimas novelas y relatos, libros de viaje, poesías, biografías y dramas, así como de artículos periodísticos, su mirada escrutadora sabe dibujar con precisión personajes bien diferenciados que cobran vida con todos los repliegues de su carácter. Pero el ojo penetrante de Fontane no se limita a la mera descripción aséptica. La voz narradora se manifiesta distante y crítica y esta actitud confiere a sus textos el carácter de afinado retrato social de su tiempo, de la ya decadente nobleza –en «Effi Briest» (1896), por ejemplo, la novela que en justicia le dio fama internacional- y la pujante burguesía, caracterizada por una ausencia absoluta de identidad. Así Fontane, que como buen representante del realismo tiende a la narración neutral y desapasionada, aprovecha conscientemente la clara imposibilidad de este supuesto teórico para colar su finísima ironía en los matices y dejar sutil constancia de su posicionamiento.

Publicada tres años antes que «Effi Briest», su más afamada novela, «Frau Jenny Treibel» (1893), como reza el título original y que como tantas otras de sus novelas lleva sintomáticamente un nombre de mujer – «Grete Minde», «L’Adultera», «Cécile», «Stine», «Frau Jenny Treibel», «Effi Briest», «Mathilde Möhring»-, se despacha a gusto con la burguesía berlinesa contemporánea. Jenny Treibel, en torno a la cual gira la acción, es una mujer arribista de origen humilde que contrae matrimonio con el rico propietario de una fábrica de pigmento, del significativamente llamado azul de Prusia –también conocido como berlinés). Su ambición la lleva a olvidar sus orígenes y a hacer lo necesario para casar a sus dos hijos con el fin de escalar socialmente. Este objetivo, que conduce toda su vida, la lleva a comportarse contradictoriamente hasta tal punto que a menudo raya en el ridículo con sus supuestas aspiraciones de teatral espiritualidad idealista y su prosaico y material pragmatismo. Si bien la protagonista representa claramente para el autor el paradigma de la clase burguesa, de sus dardos envenenados no se salva (casi) nadie: también el potentado marido de Jenny, que en un principio presenta una cara más humana y coherente, persigue a su vez el ascenso social buscando escalar a toda costa en la política y cediendo sin resistencia a los propósitos casamenteros de su esposa.

Fontane hace distinción entre la burguesía adinerada y la intelectual en cuanto a los campos de interés y el modo de actuar de cada cual, reflejados magistralmente en los diálogos, pero esta distinción no le sirve a esta última para salir mejor parada, lo cual se refleja en algunos de los apellidos que Fontane elije para ella, claramente satirizantes e hilarantes. Frecuentes expresiones francesas e inglesas en boca de los personajes subrayan la hipocresía de una falsa erudición y la falta de una identidad propia en aras de un supuesto refinamiento social. Si alguien se salva de la quema es el profesor Schmidt, quien, con todo, está también inmerso en el ambiente y frecuenta tertulias literarias con sus poco deseables compañeros de profesión. Pero sobre todo la Señora Schmolke, el ama de llaves de éste, una mujer llana, directa y de buen corazón, la única que manifiesta un sentido común sin complicaciones en claro contraste con la sociedad que la rodea, de la que ella no forma parte. Muy útiles son las notas aclaratorias incorporadas por la traductora a pie de página, claves para conducir al lector por la historia cultural alemana del siglo XIX. Del autor están traducidos en España, además, «La adúltera», «Effi Briest», «El Stechlin», «La mujer y el amor», «Errores y extravíos», «Cécile», «Bajo el peral», «Grete Minde», «Irreversible», «Mathilde Möhring» y «La elección del capitán von Schach».

© Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com.es/

LA PARODIA EN LOLITA, DE VLADIMIR NABOKOV

Lolita, de Kubrick

Sin duda alguna parodia es la palabra clave en Lolita.

Nabokov, al igual que Joyce , ha demostrado que la parodia puede transmitir un elevado arte literario, y la parodia figura en el diseño de todas y cada una de sus obras. The Eye (1930) parodia la novela romántica del siglo XIX, mientras que Laughter in the Dark (1932) es una fría burla de la convención del triángulo amoroso; Des pair (1936)es la historia de «misterio barato » que lee la mujer del narrador, aunque finalmente degenera en algo totalmente distinto; The Gift (1937) parodia la mayor parte de los escritores rusos del siglo XIX, incluso las últimas líneas de la novela son una parodia de una conocida estrofa de Pushkin. Invitation to a Beheding (1935) y Bend Sinister (1947), por el contenido de ideas políticas y sociales, pertenecen a esa clase de novelas antiutópicas burlescas; y Pnin (1957) resultar ser una parodia de las posibilidades de una novela de tener un narrador «fiable». También es importante señalar que el capítulo décimo de The Real Life of Sebastian Knight (1941) encierra una maravillosa explicación de cómo funciona la parodia en sus propias novelas La textura de la parodia de Nabokov es única porque, aparte de ser un genio en el arte de parodiar estilos literarios, es capaz de hacer breves referencias a temas

o técnicas de otros autores con tal maestría que no necesita burlar el estilo de dicho autor. No sólo parodia cichés narrativos, sino también géneros y prototipos de novela; y todo esto lo hace sirviéndose de la parodia como un ingenioso artificio para crear las bases que permitan la implicación del propio autor.

Nabokov ha preparado en el diseño paródico de Lolita un elaborado sistema de implicaciones que, como una red de coincidencias, ayuda a cerrar circuitos demostrando que todo está manipulado, todo es ficción, y de esta forma parodia el deseo del lector de verosimilitud.

Por la forma Lolita es una burla del estilo confesional, del diario literario, de la novela romántica que narra los efectos de un amor debilitante, de la historia del doble, una malvada imitación de otros muchos hábitos literarios. Sin embargo hay una importante paradoja implícita en una de las parodias más audaces de Nabokov: Lolita se está burlando de Memorias del subsuelo (1864) de Dostoievski, y Clare Quilty es a la vez una parodia del doble como convención de la ficción moderna y al mismo tiempo el doble que formula el horror en la vida de Humbert. En su ultima aparición en Lolita, la acción de Quilty está justificada por el deseo de Nabokov de parodiar la convención del doble y así, usando de esta forma la personalidad humana, el escritor ruso quiere señalar una vez más el triunfo del arte sobre la realidad.

El tema del doble, sin duda alguna recuerda a Dostoievski, que durante mucho tiempo ha sido uno de los blancos principales de Nabokov (en numerosas ocasiones lo calificó de «sensacionalista barato, chabacano y vulgar»). Aparte de «sonrisa dostoievskiana» (pag. 78) Humbert sufre varios arrebatos emocionales, y como muchos de los personajes de Nabokov aislados o encarcelados, su triste apariencia física finalmente se ve acrecentada por una oscura y necesaria barba dostoievskiana. En la escena en la que Humbert reflexiona sobre las implicaciones que supondría un matrimonio con Charlotte, hace una repentina imitación del hombre «underground» de Dostoievski: «.. .un rato después rompí la carta, y me marché a mi cuarto y reflexioné, y me revolví el pelo, y me puse la bata púrpura y me quejé con los dientes apretados, y súbitamente, súbitamente señores del jurado, esbocé una sonrisa dostoievskiana que alboreó ( a través de la mueca que torcían mis labios) un sol terrible y distante.»(pág. 78) La escena está escrita para que el lector piense que Humbert controla absolutamente el lenguaje y la parodia, y el efecto es principalmente cómico. Se expone la naturaleza convencional de los tormentos y revelaciones de Dostoievski, la naturaleza arbitraria de la labor de Humbert, la libertad de la que disfruta al decidir cómo narrará lo que ha sucedido, y todo, sutilmente, se transmite al lector. Aunque Nabokov nunca lo quisiera admitir ( «sus asesinos sensibles y sus prostitutas conmovedoras no puedo soportarlos ni un momento»- dijo sobre Dostoievski en una entrevista para Playboy, 1964), su héroe está intimamente ligado a los héroes de Dostoievski, héroes literarios que mayoritariamente forman parte de esa larga tradición de «hombres superfluos» en la historia de la literatura rusa del siglo XIX (entre los cuales figuran, por citar varios ejemplos: Chatski en La desgracia de ser inteligente de

A. Gribojedov, Oneguin en Eugenio Oneguin de Pushkin, Pechorin en El héroe de nuestro tiempo de M. Lermontov,

o Basarov en Padres e hijos de Turguenev) Justo después de la escena de Memorias del subsuelo a la que Nabokov está aludiendo y en la que el hombre underground, en albornoz, se enfrenta a la mujer que le ama, encontramos lo siguiente: «De pronto rompí a llorar. Era un auténtico ataque de histeria. Estaba sofocado de vergúenza, pero no podía contener los sollozos.. .»¡Agua, dame agua – allí! » Murmuré débilmente, consciente, sin embargo, de que perfectamente podía prescindir del agua o de esos débiles murmullos. Estaba actuando, como se suele decir, para preservar la decencia, incluso aunque mi histeria fuera suficientemente genuina.»

Como Humbert, el hombre underground sabe que su histeria es falsa en el sentido de que es el resultado de sus tendencias dramáticas; pero se da cuenta de que lo mismo se puede decir de todo lo que hace – incluida su genuina «histeria». Él es tan consciente de si mismo como cualquiera de los héroes de Nabokov. Y detrás de él hay alguien como Stavrogin que, de nuevo como Humbert, en algún momento se enfrenta al espectro de una niña a la que ha «matado».

La resonancia emocional de esta clase de antecedente aparece en Lolita tan pronto como se menciona a Dostoievski.

Es paradójico el hecho de que aunque Nabokov rechaza a sus predecesores, como hace con Dostoievski, por considerar falsos sus valores y sus melodramas, siempre finaliza reescribiendo y extendiendo sus historias.

También una de las imágenes más obsesivas de Dostoievski, la araña, es parodiada por Humbert. En Crimen y castigo, Svidrigaiov imagina la eternidad como una habitación llena de arañas, mientras que en Memorias del Subsuelo y Los hermanos Karamazov la araña personifica la maldad y la lujuria respectivamente.

Esperando a su «presa de color caliente» Humbert es una «pálida araña hinchada» en un viejo jardín (pag. 52) .

Él es Humbert, la «araña Herida» por cuya espalda se arrastran «arañas frías de pánico»(pag. 142). Estas referencias son parte de un gran esquema paródico. Pero lo más dostoievskano de Nabokov es el uso que hace del estilo confesional: «heart-to-heart talk confessions in the Dostoievskan manner are also not in my Une…» dice el autor (Speak Memory, pag 215). Nabokov ha parodiado las confesiones «literarias» que pueden ofrecer una estridente y retórica expresión de egotismo como revelación del alma y. al mismo tiempo, el escritor ruso está sugiriendo los alcances más profundos de esta alma.

A su modo, las notas trágicas de Humbert son sin duda alguna «from underground», pero sólo porque ellas encarnan al mismo tiempo una verdad y una caricatura.

Este peligroso equilibrio también se mantiene en el doble de Quilty y Humbert, porque Quilty es a al vez una proyección de la culpabilidad de Humbert y una parodia del doble psicológico. Al hacer a Quilty demasiado culpable, Nabokov asalta la convención del dúo bueno-malo que se encuentra en la tradicional historia del doble. Humbert ha dejado a los lectores creer que cuando mata a Quilty en el capítulo 35 (parte II), el poeta bueno ha exorcizado al monstruo malo, pero esta idea no se distingue claramente, sobre todo en la escena en la que Humbert y Quilty forcejean: » … rodé sobre él, rodamos sobre mí. Rodaron sobre él. Rodaron sobre nosotros». Y aunque la parodia culmina con «era una riña muda, blanda, informal, de dos literatos», ésta se mantiene a lo largo de toda la novela.

El diseño paródico de Lolita también incluye otra convención afin a la confesión – el diario literario.

Nabokov considera con profundo escepticismo las posibilidades de una revelación autobiografica. Hacia el final de Despair, la narración en primera persona de Herman degenera en un diario- » the lowest form of literature» (pag 218) y esta parodia se ve completamente realizada en Lolita, especialmente en el capítulo 11 de la segunda parte, cuando Humbert incorpora a su narrativa un diario «destruido» cinco años antes. Todo el «diario» escrito en la prisión parece haber sido redactado ante de los ojos del lector. Pero por supuesto, las peores tendencias del escritor de diarios se ven encamadas en la retórica de Humbert parodiando el casi inevitable solipsismo y las más tendenciosas suposiciones sobre el YO de la primera persona del singular y también parodiando al lector, que se da cuenta tarde de que todo esto está burlando sus suposiciones.

Aunque Nabokov llama la atención a los elementos de parodia en su obra, ha negado repetidamente la relevancia de la sátira: «nunca he tenido ni el propósito ni el temperamento de un satirista social o moral». Pero es importante señalar que Humbert observa América de forma satírica, aunque esta sátira se ve acentuada por los lectores al no reconocer la extensión de la parodia y sus implicaciones. Nabokov parodia exquisitamente Norteamérica a través de los ojos de Humbert : canciones, películas, revistas, anuncios, atracciones turísticas, campamentos de verano, Dude Ranches, hoteles, moteles e incluso el «Síndrome de la buena ama de casa» (uno de los volúmenes esenciales de Charlotte Haze es Your Home is You ) o la hipocresía de los educadores progresistas. Nabokov nos ofrece una parodia grotesca de una «buena relación», Humbert y Lo son «amigos» de verdad, y Know Your Own Daughter es uno de los manuales que Humbert consulta.

Sin embargo, la actitud de Nabokov hacia América y Lolita son ambivalentes; «hay cierto encanto, cierta magia en esa mítica nínfula» -dijo en una entrevista, y la sátira de Humbert se realiza con un cuidado casi afectuoso: «me molesta cuando se difunde la alegre noticia de que ridiculizo a Norteámerica» (Playboy, enero 1964).

Posiblemente la tarea de interpretar e identificar todas y cada una de las parodias en Lolita sea tan compleja e inútil como querer analizar la visión paródica de la vida que Víadimir Nabokov tenía. Son muchas las interpretaciones que los críticos han hecho sobre Lolita. Sin embargo, es muy posible que Nabokov inventara esta historia sin intenciones simbólicas, porque detrás del escritor distinguido había un escéptico, desdeñoso de la modernidad y de la vida, a la que observaba con ironía y distancia desde su refugio de ideas y fantasías. El incomparable arte que creó Víadimir Nabokov no fue una crítica de lo existente sino una manera de desencarnar la vida y reflejar esa visión cómica tan profundamente humana que poseía el autor ruso, unida a ese lenguaje ambivalente, el gusto de la narración de Humbert, su inclinación por las digresiones, parodias, juegos de palabras, y todo esto sujeto a esa visión cómica que anula la circunscrita tristeza, el terror y lo absurdo de la vida diaria.

 

por Susana Navarro Adam

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»LA PARODIA EN LOLITA, DE VLADIMIR NABOKOV»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «LA PARODIA EN LOLITA, DE VLADIMIR NABOKOV»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

Ebook Chiado Editorial

La multinacional portuguesa de la edición Chiado Editora (en España: Chiado Editorial), se ha lanzado a la distribución, de su amplísimo catálogo, en formato ebook. Aunque se ha hecho esperar, por fin dispondremos de sus títulos en los formatos de libro electrónico más usados (ePub y mobi para Kindle). Chiado Editorial está insertando paulatinamente sus ebooks en la propia web (donde se pueden comprar junto a la edición impresa); además vende ya los e-books en los portales de distribución más importantes, entre otros Apple store, Amazon Kindle, Barnes & Noble, etc.
Los primeros títulos que encontramos disponibles son los de su catálogo Brasileño y Español, para en breve comenzar con los de otros países, y sobre todo el grueso de su producción: Portugal; pues es en el país luso donde Chiado se ha convertido en la editora que más títulos de literatura contemporánea pone en el mercado. Un paso más de este gigante de la edición que está penetrando en el mercado español con paso firme; apoyado en dos pilares fundamentales: precios asequibles (sus libros impresos se venden a una media de 10 €) y un catálogo variado y respaldado por un magnífico equipo de profesionales de varias nacionalidades asentados en Lisboa. Además, es un sello editorial que está apoyando y dando facilidades a las jóvenes promesas de la literatura española actual, teniendo en cuenta lo difícil que resulta publicar con dignidad en España y en los momentos actuales de crisis profunda general y en un panorama editorial cambiante.
Algunos de los títulos de Chiado que ya podemos encontrar en formato ebook, son, entre otros, las novelas “Vuelo de libélulas” de Juan Luis Vera, “Espejos y otras orillas” de Pedro Pujante, o “Un año, una vida” de Iluminada Olivares.
Nuestra enhorabuena a Chiado, y en especial a la Directora para España Rosa Machado.
Eladio Martín (Élmar) para Crítica de Libros

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»Ebook Chiado Editorial»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «Ebook Chiado Editorial»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI