El mundo invertido, de CHRISTOPHER PRIEST

Mundo invertido

«Había llegado a la edad de seiscientas cincuenta millas.» Es un cu­rioso comienzo que prenuncia futuras paradojas. El narrador es Helward Mann, uno de los habitantes de una ciudad de madera que se arrastra por la superficie de la Tierra (la edad del héroe se mide en realidad por la distancia que la ciudad ha recorrido desde el nacimiento de aquél). «Mi padre fue un miembro corporativo y yo siempre lo había visto desde una cierta distancia.» Esta afirma­ción resume una extraña cualidad del libro: el tono indiferente, dis­tante. Helward Mann ve todo desde «una cierta distancia». La ma­yoría de las novelas y de los cuentos de Christopher Priest están narrados en un estilo esquemático, distante, que frecuentemente es muy adecuado, me apresuro a decir, a la alienación de los temas.

El mundo invertido (Inverted World) es, en realidad, una novela muy extraña. Comienza de manera prosaica, con la descripción de la incorporación de Helward al sistema corporativo que domina los asuntos de la ciudad. Ahora que ha alcanzado la edad adulta, se le permite ver el mundo exterior por primera vez. La ciudad está via­jando, a razón de 36 millas por año, a través de una desolada región, escasamente habitada por campesinos empobrecidos, empleados a veces como obreros (o como criadores de ganado). La locomoción se consigue por medio del difícil proceso de instalar rieles y luego trasladar la ciudad con una grúa a lo largo de los rieles, unos cien metros cada vez. Todos los miembros de las corporaciones –super­visores, instaladores de rieles, constructores de puentes– están in­volucrados en esta agotadora pero imperiosa tarea. Por alguna ra­zón, por enigmático que resulte tanto para Helward como para el lector, es necesario que la ciudad se siga moviendo …

Al terreno que hay delante de la ciudad lo llaman el Futuro (el padre de Helward es un Supervisor del Futuro), mientras que al de atrás se lo conoce como el Pasado. En su primer viaje largo fuera de la ciudad, se encomienda a Helward que escolte a tres jó-venes mujeres de regreso a la aldea donde nacieron, a cierta distancia ha­cia el sur, o «hacia el Pasado». Es un episodio verda-deramente ex­traordinario, y digno de una pesadilla. Comienza tranquilamente, con diversos juegos sexuales. Luego, a medida que pasan los días, Helward se da cuenta de que las mujeres están cambiando: «las pier­nas y los brazos eran más cortos, y más robustos. Los hombros y las caderas eran más anchos, los pechos menos redondos y más separa­dos. ..». Pronto ve que «ninguna de ellas medía más de un metro y medio de altura, hablaban más rápido que antes y el registro de las voces era más agudo». Parece como si Helward y las mujeres hubie­ran descendido a una carnavalesca sala de espejos. No pasa mucho tiempo antes de que las mujeres midan «no más de noventa centíme­tros … Los pies eran planos y anchos, las piernas anchas y cortas … el estridente sonido de las voces lo irritaba». La grotesca distorsión de las percepciones de Helward continúa creciendo hasta que él mismo se sorprende caminando a los tropezones hacia el sur, para finalizar con el cuerpo estirado sobre una cadena montañosa:

Se hallaba en el borde del mundo … Al norte, el terreno era llano; horizontal como la superficie de una mesa. Pero en el centro, justa­mente al norte, el terreno se elevaba en una espiral cóncava perfec­tamente simétrica. La espiral se estrechaba y se estrechaba, ascen­diendo, haciéndose cada vez más delgada, elevándose tanto que era imposible ver dónde concluía.

La «explicación» de todo eso es un complejo concepto mate-má­tico. Parece que los habitantes de la ciudad pueblan un mundo «que tiene la forma de una hipérbole sólida; es decir, todos los lími­tes son infinitos». Hacia el sur de la ciudad, todo se vuelve horizon­tal y el tiempo transcurre lentamente; hacia el norte, todo se vuelve vertical y el tiempo transcurre velozmente. No hay zona en que la gente pueda vivir, y el terreno cambia de modo constante, de ahí la necesidad de mantener la ciudad en movimiento, siempre apro­ximándose a ese «óptimo» teórico de condiciones normales. No hace falta entender matemáticas para disfrutar de esta novela. Christopher Priest (nacido en 1943) ha conseguido crear una metá­fora eficaz, susceptible de diversas interpretaciones, psicológicas, sociológicas y filosóficas. Al final hay más sorpresas, cosa que obliga al lector a replantearse el tema del libro. A diferencia de muchos otros textos de ruptura conceptual, éste no es predecible.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»El mundo invertido, de CHRISTOPHER PRIEST»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «El mundo invertido, de CHRISTOPHER PRIEST»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

El verano del pequeño San John (JOHN CROWLEY)

El verano del pequeño San John

El título (Engine Summer) es un juego de palabras con «Indian Sum-mer» y, por cierto, la cultura surgida después de la catástrofe que este libro describe tiene un vago parecido con la de los indios nor-teamericanos.  El narrador se llama Junco que Habla, y otros personajes llevan nombres como Pintada de Rojo y Siete Manos.  Todos viven juntos en una apacible comunidad consumidora de drogas, llamada Belaire Pequeña.  Francamente, los dos primeros capítulos son difíciles de seguir, pues el lector se pierde en un mar de nombres extraños y una topografía manifiestamente mal definida.  Pero vale la pena perseverar, pues pronto esta obra se convierte en una novela de ciencia ficción de excepcional sensibilidad y belleza.  Su autor, el norteamericano John Crowley (nacido en 1942), había publicado previamente dos novelas de cf – The Deep (1975) y Beasts (1976)-, y desde entonces se hizo famoso por su maravillosa novela fantástica: Pequeño, Grande (1981).

El libro es la autobiografía oral, o apología, de Junco que Ha-bla.  Estas gentes, que se llaman a sí mismas voceros de la verdad, son magníficas narradoras de cuentos.  Parece que fueron comple-tamente analfabetas, aunque muy civilizadas, y entre ellas goza de gran estima el comadreo.  Junco nos relata su infancia, haciendo muchas digresiones para recoger los cuentos folklóricos que han formado su visión del mundo.  A los individuos, muertos hace ya mucho tiempo, que han construido las vastas autopistas («»Y esto, ¿para qué sirve?», pregunta Junco cuando ve una carretera por pri-mera vez.  «Para matar gente», responde simplemente Siete Ma-nos»), los conoce como Ángeles; y a los héroes que han venido des-pués, los fundadores de la cultura, los llama Santos.  Junco tiene la esperanza de que un día también él sea recordado como Santo.

Se enamora de una chica frívola conocida como Una vez al día.  Otra tribu empieza a comerciar con los habitantes de Belaire Pequeña, y Una vez al día se va con ellos.  Varios años después, Junco decide buscarla.  La búsqueda es lenta y tortuosa.  Pasa muchos meses en compañía de un Santo que vive encaramado en un roble.  Este hombre puede leer («Tiempo, vida, libros», es una frase conmovedora que descifra en el título de un viejo tomo de siglos atrás), y le habla a Junco de la incomprensible sociedad de los viejos tiempos, anteriores a la Tormenta.  Junco medita sobre las maravillas del pasado:

Ah, qué populoso era el mundo en aquellos tiempos; lo imaginaba tanto más vivo que en estos períodos de calma en que nada cambia y el alumbramiento de una idea nueva puede arrastrarse durante muchas generaciones.  En aquellos tiempos las cosas se comenzaban y concluían en una sola vida, las grandes fuerzas se entrechocaban y eran devoradas por otras nuevas.  Era como una carrera monstruosa entre la destrucción y la perfección; tan pronto como una parte del mundo era conquistada, la Conquista se volvía contra los conquistadores, como la carretera que los mataba a miles; y del mismo modo, los sueños mecánicos que los ángeles llevaron a cabo con un trabajo y un ingenio inconcebibles, esos sueños que se propagaban por el aire como semillas volantes, durante todo el día, y que pasaban invisibles a través de las paredes y los muros de piedra, y los cuerpos de los propios ángeles cuando se sentaban a esperarlos, y que aparecían simultáneamente ante todos los ángeles para prevenirlos o instruirlos, un sueño soñado por todos para que todos pudieran actuar de común acuerdo… Y todo se precipitó cuando la Tempestad se hizo inminente.  La Tempestad era el fin de la carrera; las soluciones eran cada vez más extravagantes y más desesperadas, y los desastres más tre-mendos, y los ángeles soñaron entonces los sueños más descabella-dos, que viviríamos eternamente, o casi, que abandonaríamos la Tierra, esta Tierra estragada, y que flotaríamos en ciudades suspendidas entre la Tierra y la Luna para siempre…

Es una visión perturbadora de nuestro propio mundo; la apa-ci-ble, encantadora y otoñal narración de Crowley nos sorprende hasta el revelador final, cuando Junco encuentra de verdad a un «Ángel».  Dista mucho de ser un relato convencional de aventuras de cf.  Mejor será describirlo como un poesía en prosa.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»El verano del pequeño San John (JOHN CROWLEY)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «El verano del pequeño San John (JOHN CROWLEY)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

Cuna de gato, de KURT VONNEGUT

Es la novela del ice–nine, una sustancia cristalina, artificial, produ­cida para ayudar al ejército norteamericano a salir de las zonas pan­tanosas. El único problema del ice–nine es que una pequeña can­tidad del producto podría congelar para siempre toda el agua del mundo.

Es la historia del doctor Felix Hoenikker, «padre de la bomba atómica», inventor del ice–nine, excéntrico jefe de una extraña fami­lia. Hoenikker muere antes de que comience la acción de la novela, aunque es uno de los personajes más importantes del libro. Es el tí­pico hombre de ciencia amoral, totalmente desinteresado por los seres humanos, obsesionado con sus juegos intelectuales.

Es también la historia de Bokonon, cuyo nombre real es Lionel Boyd Johnson, un anciano negro de la India occidental que funda la primera religión calipso del mundo (él admite alegre-mente que es un conjunto de mentiras). «Vivid por el foma que os hace valien­tes, buenos, sanos y felices», dice Bokonon. Y define el foma como «mentiras inofensivas».

Es también la historia de la República de San Lorenzo, la patria caribeña del bokonismo, una isla paradisíaca increíblemente pobre donde el inútil hijo del doctor Hoenikker, Frank, llega a ser «minis­tro de Ciencia y Progreso». El narrador innominado –«llamadme Jonah»– viaja a San Lorenzo para entrevistar a Frank y a otra gente, y de la noche a la mañana se encuentra ejerciendo la presi­dencia de la isla.

Es la historia de Mona Aamons Monzano, la hija –mestiza y llamativamente hermosa– de un arquitecto finlandés que ha cons­truido el único hospital de San Lorenzo. Practica regularmente el bokomaru, el masaje mutuo de los pies que conduce a la fusión su­blime de las almas a través de las plantas de los pies. Mona convierte al narrador al bokonismo, la única religión que da sentido a un mundo loco, loco.

Es además la historia de muchas otras cosas, ya que Cuna de gato (Cat’s Cradle) es una de las novelas de Kurt Vonnegut más imagina­tivas y más deliciosamente complejas. Se burla de la ciencia, de la religión, del patriotismo, de todo, y termina de la única manera en que probablemente puede concluir, es decir, con el Fin del Mun­do. Accidentalmente cae al mar un poco de ice–nine, frente a San Lorenzo, y todo se congela, provocando tornados que asuelan el mundo. El narrador sobrevive durante seis meses, en los que se ocupa de escribir sus memorias. Al final, lo único que le queda por hacer es seguir el último consejo de Bokonon: escalar una montaña y acostarse con la historia de la estupidez humana por almohada, ponerse ice–nine en los labios, hacer una horrible mueca de dolor y mofarse de Tú–Sabes–Quién.

La irónica y, en última instancia, reconfortante marca de nihi­lismo de Vonnegut se hizo famosa con la publicación de su última novela, Matadero–5 (1969), aunque en ese libro no había nada que no hubiera dicho antes –con humor, astucia o patetis-mo– en Las sirenas de Titán y Cuna de gato, así como en la excelente novela Madre Noche (1961), que no pertenece a la cf. No creo que Vonnegut sea un sabio, pero no cabe duda de que es uno de los escritores más origi­nales de nuestro tiempo.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»Cuna de gato, de KURT VONNEGUT»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «Cuna de gato, de KURT VONNEGUT»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI