El caso Karen (José Ángel Mañas)

La escritora Karen del Corral, con una sola novela publicada, se ha convertido en superfamosa. Sale en todos los debates de TV, vive inmersa en fiestas con mucha droga, tiene una vida sexual promiscua y se porta de un modo totalmente engreído. Vamos, que se le ha subido la fama a la cabeza y se cree la octava maravilla a pesar de las críticas negativas. A punto de salir su segunda novela, "El mundo de K", y después de una fiesta en su casa, la escritora aparece muerta en la calle. Dado que también sufría ciertos desequilibrios mentales (tomaba prozac, ejem, entre otras cosas…) lo primero en que se piensa es en el suicidio. Pero un testigo vio salir de su casa a un joven teñido de rubio… Así que las cosas no están tan claras. Los policías Duarte y Pacheco harán investigaciones en el círculo de la difunta. Sospechosos no faltan: Velasco, su ex novio, un director de cine gore; Pilar, una rival literaria; Ferrater, un editor con el que estuvo liada; la mujer de éste; Constantino, un profesor universitario que escribe una tesis sobre ella…

Lo que más destaca de esta novela es que se trata de una historia de género negro (una muerte y su investigación) contada con técnicas narrativas novedosas. No novedosas porque no se hayan visto nunca, sino porque no suelen verse en relatos policiales.

Tales técnicas, que incluyen transcripción de las novelas de la difunta Karen del Corral, un personaje hablando en segunda persona; multiperspectivismo, continuos cambios de enfoque, fragmentos de crítica literaria, etc… a menudo confunden más que ayudan a armar el rompecabezas. Sí, el alarde es loable, pero no es fácil de seguir, y como digo, te pierdes; y muchas veces te preguntas ¿y esto a cuento de qué viene?

Por ejemplo, hay varias escenas, que se muestran intercaladas con las otras en las que se ve a uno de los policías con sus relaciones homosexuales; o escenas que parecen de película de gángsters, con torturas, tráfico de drogas, trapicheos, y cosas de esas del narcotráfico de Galicia. Los trozos de la novela de Karen (que no se explica con claridad que lo sean, aunque te lo imaginas, claro) se revelan muy pronto como autobiográficos, aunque la verdad, tampoco es que tengan mucho sentido en la trama (sí como estructura, ya que el libro de Mañas también es "transcripción" de una realidad encubierta bajo nombres falsos, lo cual crea un curioso juego metaliterario)

"Había una relación demasiado directa entre su vida y su literatura sin que quedase demasiado claro cuál de las dos influía más en la otra. Todo lo que vivía afloraba en sus novelas, pero también su pasión por la ficción la llevaba a menudo a interpretar a sus propios personajes."

También hay una cierta ironía o burla desacarada acerca de la crítica literaria, que es la única misión que tiene la transcripción de la tesis del profesor universitario, a mi modo de ver…

Como una buena parte de las novelas de género negro, la investigacion sobre la muerte es la excusa para la descripción de unos tipos o arquetipos enmarcados en un mundo cerrado, en este caso el literario. Mañas lo confiesa en la novela, en boca de otros personajes:

"Tu relato, para que el público lo pueda entender, es, y corrígeme si me equivoco, una sátira del mundo editorial, sólo que en clave de novela negra y con algo del género fantástico, pero que retrata a la perfección y con una lucidez admirable los entresijos de lo que se cuece anualmente en los pasillos de Frankfurt, en esa "feria de las vanidades", como la llamas…"

"Yo entiendo que el argumento y las triquiñuelas narrativas son las argucias, casi diría la máscara, que un escritor utiliza para exponer sus opiniones sobre ese fascinante enigma que es la naturaleza humana…"

Tampoco se priva de ofrecer la visión contraria:

"El argumento a ti no te importa, pero al lector seguramente sí"

El autor hace continuas referencias a escritores reales (Armando Sala ¿Gala?), editores, agentes literarias (Carina Martinell, la agente más poderosa ¿Carmen Balcells?), personajes de la TV, críticos, que la mayor parte de las veces, excepto para los que estén muy metidos en ese mundo, se pierden. La misma protagonista, Karen, tiene una cierta similitud con la mediática Lucía Etxebarría, similitud que el autor no niega.

Si el mundillo literario es tal y como Mañas lo pinta, la verdad es como para echarse a correr. Drogas, fiestas, autores fatuos y super-creídos, pedantes "creadores" alternativos, juergas, gente a la que se le sube el éxito a la cabeza y empieza a crearse "personajes"; autores inventados por el marketing y cuya calidad literaria es más que cuestionable.

A este respecto, todos los personajes que aparecen me han caído fatal, aunque personalidad (si es que a su comportamiento se le puede llamar así) solo se atisba un poco en Karen, y precisamente porque es tan calcada a Lucía Etxebarría (en lo que se conoce o conoció de ella en la TV) que no puedes evitar "verla" en acción.

La resolución del misterio no destaca por su originalidad y se ve venir, aunque supongo que eso no era lo importante.

Ambiciosa, y con algunos ciertos, loable intento de darle un aire nuevo a una historia vieja, se queda sin embargo, en un conjunto no muy bien trabajo, confuso en ocasiones, y cuyo mayor interés es el morbo de ir reconociendo a los diferentes personajes que se citan bajo nombre supuesto (¿Quién será ese autor argentino llamado Washintong Tostón? jeje)

Interesante para quien quiera leer una novela negra "diferente", con pretensiones de "mainstream", y para gente con vocación de escritor o integrada ya en el mundillo.

 

Bibliografía:

Historias del Kronen (finalista del Premio Nadal 1994)
Mensaka
Soy un escritor frustrado
Ciudad rayada
Sonko 95
Mundo burbuja
El caso Karen

http://reginairae.blogcindario.com/2005/12/00249-el-caso-karen-de-jose-angel-manas.html

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Editar la vida (Michael Korda)

Editar la vida (Mitos y realidades de la industria del libro), de Michael Korda

Michael Korda cuenta su experiencia de varias décadas como editor.
Desde sus comienzos en el mundo editorial hasta casi la actualidad el autor repasa tanto su experiencia con todo tipo de escritores como la evolución del mundo editorial norteamericano.

Habla ampliamente de su elación con autores de best sellers famosos en los años setenta como Harold Robbins, experto en novelas con grandes dosis de sexo, Irving Wallace o Jacqueline Susann, pionera en la promoción personal de su obra, recorriendo el país para vender sus novelas personalmente.

También incide en su relación con autores más reconocidos, tales como Graham Greene, con quien mantuvo una larga amistad antes y después de editar sus novelas, y de quien cuenta varias anécdotas.

O con políticos más o menos ansiosos de publicar sus biografías, entre las que resalta el inesperado fracaso de ventas de la de Ronald Reagan, al que define como muy amable (incapaz por educación de coger la última pasta de un plato), atento con los empleados y algo fantasioso en cuanto a sus recuerdos.

Quizá estos pasajes, sólo una parte de la obra, son los más interesantes para la mayoría de sus lectores, porque se conoce a las personas de las que habla aunque sea de pasada.

El resto, cuando relata los avances editoriales, resulta algo anodino. Y no porque no tenga interés conocer la evolución de la industria, el nacimiento de las ediciones en rústica, los grandes pagos por originales o los enormes cambios que se hacían en los originales antes de su publicación, sino porque habla de unos tiempos y personas que en otros países apenas resultan familiares.

Korda habla también, brevemente, de su propia carrera como escritor, asegurando que, además de sus otras obras, incluso de ficción, ha nacido para escribir la biografía de su tío, el cineasta Alexander Korda, publicada en castellano hace años.

Perjudicado por cierto desorden en que el autor parece ir adelante y atrás en el tiempo y mezclar temas aparentemente distantes, y por una traducción a veces confusa en cuanto a la estructura de las frases, el libro se lee a ratos con interés.

El libro incluye al final un índice alfabético de las personalidades reseñadas.

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La tercera vía y sus críticos (ANTHONY GIDDENS)

ANTHONY GIDDENS, La tercera vía y sus críticos, Madrid, Taurus 2001, 203 páginas.

 

Este título es un ensayo que supone la continuación de la labor que Giddens inició con la publicación en 1998 de "La Tercera Vía". Se trata de una obra de referencia para el análisis y la argumentación que líderes políticos de puntos muy dispares del planeta están llevando a cabo con el objeto de hallar una tercera vía intermedia entre la socialdemocracia habitual y el liberalismo más hostil. De hecho, su autor ha desempeñado labores de asesoría bajo las órdenes del que se considera el principal impulsor de esta nueva ideología; el primer ministro británico, Tony Blair. Lo que trae de nuevo esta edición con respecto al título previo de 1998 es la inclusión de las críticas más comunes que, sobre todo desde la izquierda tradicional, pero también desde el liberalismo, se han vertido hacia esta novedosa tendencia política. El debate, pues, está abierto, y este libro parece un apoyo fundamental para aquellos que defienden las tesis del nuevo laborismo o nueva socialdemocracia.

La experiencia de Anthony Giddens como reputado sociólogo, que comenzó a publicar a finales de los años sesenta, sacando a la luz desde entonces más de 30 títulos, parece aval suficiente para confiar en que su análisis está siempre regido por la coherencia y el rigor argumentativo. Al margen de estos méritos reconocidos, debemos añadir que "La Tercera Vía y sus críticos" está narrada con un lenguaje asequible, de forma que además de servir de elemento de apoyo y debate para numerosos políticos, periodistas, sociólogos o intelectuales actuales, es un buen camino para el ciudadano de a pie interesado por conocer hacia dónde se mueve la investigación en el terreno del pensamiento político en los comienzos del nuevo siglo.

 

La obra está dispuesta de forma más bien deductiva, es decir, obteniendo conclusiones razonadas partir de datos prácticos. Por medio de ejemplos, Giddens va proponiendo respuestas a los distintos problemas a los que, según él, las naciones y los dirigentes que las guían van a tener que enfrentarse, tanto a corto como a largo plazo. Problemas que, según el autor británico, proceden en su mayoría de un cambio a escala planetaria sin precedentes, y que afecta a multitud de áreas. Se trata de la llegada de la globalización, fenómeno que ha acabado definitivamente por derrumbar los esquemas que durante buena parte del siglo XX dominaron la política internacional, y que plantea la necesidad de establecer nuevas vías de negociación en campos como la economía, la seguridad ciudadana, o, sin ir más lejos, la ecología.

 

El desarrollo de "La Tercera Vía y sus críticos" ha sido concebido en torno a cinco puntos principales de debate, los cuales han constituido definitivamente los cinco capítulos de que consta la obra.

El contenido del primero de ellos, "La tercera vía y sus críticos", hace referencia precisamente a eso: las protestas, objeciones y ataques que desde su mismo inicio ha recibido esta tendencia política, dividiendo tales ataques según su procedencia geográfica. Pero antes de dar cabida a las opiniones de los detractores, la obra hace un breve repaso de la gestación de este movimiento político, centrándose en las dos naciones que, a su manera, lo han llevado a la práctica: Estados Unidos, a través de los Nuevos Demócratas (Bill Clinton) y el Reino Unido, por medio del Nuevo Laborismo (Tony Blair).

Respecto al segundo capítulo, "La socialdemocracia y la tercera vía" el hecho destacable es que el sociólogo británico hace hincapié en que nos encontramos ante la eclosión de unos Nuevos Tiempos, y que estos, y las desigualdades que llevan ligadas, han de ser combatidos mediante los programas que la tercera vía propone. En áreas como la regulación del mercado, la responsabilidad civil, la familia, o la criminalidad; el centro-izquierda, sostiene Giddens, debe ser la referencia.

"Gobierno, Estado y estrategia económica", la tercera parte del libro, centra sus valoraciones en el tema de la necesaria revisión de los pensadores de izquierda de las tesis del papá estado, aludiendo a la responsabilidad individual o a las comunidades civiles para que se lleve a cabo un reparto equitativo de las responsabilidades sociales que genera el mercado. Todo ello, sin obviar una referencia a la globalización económica.

El capítulo siguiente, "El problema de la desigualdad" es sobre todo un análisis comparativo, basado en datos estadísticos, sobre las circunstancias que rodean a los procesos de desigualdad o exclusión social en distintos puntos del mundo. También se realiza una reflexión sobre el concepto de estado de bienestar.

El apartado quinto, "Tomar la Globalización en serio", pone de relieve la necesidad de la instauración de una colaboración internacional entre los estados, en otros asuntos al margen del mundo financiero. Dando por hecho que el proceso globalizador es irreversible, dejando claro que también ofrece muchos aspectos beneficiosos, y constatando que afectará a muchas áreas, el autor británico presenta una serie de fórmulas para contrarrestar las maldades de la globalización en temas como la economía, la ecología, el poder corporativo, la gestión de los procesos bélicos, o la llamada democracia mundial.

Además de estos cinco capítulos que constituyen el cuerpo teórico de este ensayo, encontramos como anexo una bibliografía de las obras que Giddens ha citado en algún momento a lo largo del texto. Completa este anexo un índice temático con todos aquellos términos controvertidos, destacables o novedosos empleados por el autor, así como con los autores, personajes o instituciones que han salpicado con su presencia las páginas de "La tercera vía y sus críticos".

 

El tono didáctico que parece rodear el trabajo de Giddens, queda un tanto solapado por la excesiva implicación que el sociólogo realiza en temas que tal vez exigirían un tratamiento menos doctrinario, más abierto. La tercera vía y sus críticos es a simple vista un tratado de investigación; pero el lector tiene la oportunidad de comprobar cómo este tinte dogmático se transforma en ocasiones en una forma de contar las cosas empeñada en demostrar que la postura del autor es la única válida.

No debe entenderse este apunte como una forma de menospreciar la labor de Giddens. En un ensayo político el autor tiene todo el derecho del mundo a dar por buenas sus opiniones y a amonestar a las opuestas, previa argumentación.

Por ello, es positivo que el sociólogo británico haya dedicado buena parte del libro a recoger las tesis de numerosos y feroces críticos de la Tercera Vía. Este es un buen modelo de honestidad intelectual. De hecho, da la impresión de que la obra que reseñamos no es otra cosa que un intento de dar cabida a las detracciones que recibió su predecesora, escrita un año antes que esta, y que omitía dichas amonestaciones.

Pero Giddens no quiere seducir a la izquierda con su proyecto, sino reafirmar sus propios criterios. Esto es debido a que su programa está orientado a imponerse en el discurso de la dirigencia política y no a suscitar apoyos en las corrientes críticas o pasiones entre la ciudadanía.

En cualquier caso, el seguimiento generalizado que las opiniones de Giddens tiene por parte de mandatarios de lugares tan dispersos, deja patente que entre muchos de los pensadores contemporáneos existe la creencia generalizada de que la nueva era exige nuevas ideas y posicionamientos alternativos a la clásica división entre izquierda y derecha.

Alejandro MORA MARÍN

Centro Universitario Villanueva. Universidad Complutense

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Novecento, la leyenda del pianista en el Océano (Alessandro Baricco)

Novecento, la leyenda del pianista en el Océano es un librito que escribió el autor italiano Alessandro Baricco allá por septiembre de 1994. Dice él mismo que lo escribió "para un actor […] y un director", pero que no sabe "si esto es suficiente para decir que he escrito un texto teatral". Y es que el libro puede ser percibido de las dos formas: como un monólogo teatral, del tipo de El Contrabajo, o bien como una novela breve narrada en primera persona, en una suerte de "monólogo exterior", jeje.

Creo que Novecento es un ejemplo clarísimo de la necesidad que todos tenemos a veces de amueblar una idea. A veces pensamos de forma abstracta acerca de actitudes, de formas de ser de las personas, de las necesidades que tenemos y las que no… de cómo alcanzar la felicidad… y parece que todas estas ideas, por el mero hecho de estar formuladas en un lenguaje abstracto y lejano del lodazal diario de los teléfonos rotos y los semáforos, no tiene aplicación en la realidad. Ahí es donde entran en juego los barcos, los pianos y los personajes, se llamen Danny Boodmann T.D. Lemon Novecento o se llamen Segismundo. Gracias a ellos los autores recorren el tobogán que va desde lo abstracto a lo concreto para facilitarnos nuevamente la subida a la abstracción. Por eso, a veces, enriquece tanto leer un libro.

Novecento narra la historia de un magnífico pianista, Novecento, que fue encontrado en una cajita de cartón a bordo del trasatlántico Virginian. Toda su vida ha transcurrido haciendo en este mismo barco la ruta entre Europa y América y tocando el piano. Novecento se llama en realidad Danny Boodmann TD Lemon Novecento. Lleva el nombre del hombre que lo encontró, el pianista del barco, Danny Boodmann; las iniciales T.D. se corresponden con las palabras Thanks Danny, que estaban escritas en la nota que acompañaba al bebé, donde también aparecía la palabra Lemon. Por fin, Danny Boodmann añade al nombre de la criatura el nombre del año que inauguraba el siglo XX.

Luego el viejo Danny Boodmann murió y Novecento se quedó solo en el barco. Fue entonces cuando comenzó a tocar el piano como si los ángeles hubiesen bajado a guiarle las manos. Y gracias a su capacidad para extraer melodías maravillosas del piano se pudo quedar en el barco. El barco era, en realidad, su tierra firme, puesto que había nacido en el mar y era todo su mundo; incluso la tierra la conocía desde la perspectiva marina, como la conocen las gaviotas, I suppose.

El narrador, un trompetista que tocaba con Novecento nos cuenta con especial viveza el verano de 1931, cuando subió al barco el gran pianista de Jazz Jelly Roll Morton. Se creía el inventor del jazz y cuando conoció la historia de Novecento, quien pese a no haber bajado nunca del barco –o quizás, precisamente por eso- se había convertido en un mito; decidió subir a bordo para conocerle en persona:

”- Usted es el que inventó el jazz, ¿verdad?
– Así es. Y tú eres el que toca sólo si tiene el océano bajo el culo, ¿verdad?
– Verdad.”

Así es como se conocieron. Ni que decir tiene, con una presentación tan típica del Far West, que se retaron a un duelo de música. Y tampoco creo que haya que aclarar quién ganó.

Finalmente, Novecento decide bajar del barco. ¿Por qué? El narrador compara la repentina decisión de Novecento con esos cuadros que se pasan toda la vida colgados de la pared y de repente, zas, se caen. Y es que Novecento quería ver el mar. Baja tres escalones de la escalerilla y al tercero se da la vuelta. Más adelante, el propio Novecento, que aparece en escena, nos explicará por qué no bajó del barco. Y también qué hace al final con seis kilos y medio de dinamita debajo del culo sentado, todavía, en el Virginian.

Novecento es una excusa para hablar sobre la música, o más bien, para escribir sobre la música. Parece una apuesta que Baricco ha hecho consigo mismo para ver si es capaz de traducir la música en palabras. Los párrafos que se dedican a describir cómo era la música que tocaba en Novecento son un verdadero esfuerzo por hacer que las palabras adquieran nuevos significados, porque la lírica deje paso a algo más, por dejar que el receptor sea capaz de traducir esas palabras en música.

Novecento también es una excusa perfecta para hablar del hombre activo y del hombre contemplativo, del hombre inquieto y del refugiado, del errante y del que vive en perpetuo exilio interior. Novecento sirve para reflexionar sobre la necesidad de percibir, tocar, oír, saborear y ver las cosas para conocerlas realmente. Novecento no conocía más que un piano rodeado de Océano y sin embargo era capaz de componer y tocar músicas que evocaban las más literarias historias de amor, parecía que aprehendía con sus notas los cielos de París y los suburbios de Buenos Aires, la sencillez de una campesina italiana y la arrogancia de un sombrero de copa inglés.

Y es que Novecento, al final, es la historia de los que viven este mundo con los 187 sentidos. Luego hay quien lo expresa a través de la música, como Novecento; a través de las palabras, como Baricco; o a través de la pintura, como Gauguin. Pero lo importante es saber leer el mundo:

”Sabía escuchar. Y sabía leer. No los libros, eso lo sabe hacer cualquiera, sabía leer al a ente. Los signos que la gente lleva encima: lugares, ruidos, olores, su tierra, su historia…[…]Cada día añadía un pequeño retazo a aquel inmenso mapa que estaba dibujándose en la cabeza, inmenso, el mapa del mundo.[…] Después viajaba por su superficie de maravilla, mientras sus dedos se deslizaban sobre las teclas, acariciando las curvas de un ragtime.”

Probablemente, Baricco no es un inmarcesible, un must. Quizás Novecento sea tan lírico que resulte cursi a ratitos, o quiera ser tan lírico que acabe por ser Kitsch; Novecento no tiene la prosa fina y delicada de Seda, pero tiene una prosa más espontánea, desbaratada, con versos intercalados, cuya delicia quizás resida en eso, en que está escrita para ser hablada como si hubiese sido escrita…

Esta reseña, por cierto, viene al hilo del piano-man, sacado del ovillo de Otis B. Driftwood. Así pues, va con dedicatoria 😉 Y también va por Sandra y sus sudores para decir Tchaikovski sin reírse 😉

Cristina Núñez Pereira 

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Los orígenes del conocimiento y la imaginación (Jacob Bronowski)

Este es un librillo con seis conferencias dictadas por Jacob Bronowski. Se publicó póstumamente y se conoce también con el nombre de "Silliman Lectures". Fueron dictadas por Bronowski en la Universidad de Yale allá por los años 60.

Jacob Bronowski (Polonia, 1908- EEUU, 1974) fue científico, poeta, ensayista, matemático y quién sabe qué cosas más. La mejor información acerca de su biografía se puede encontrar en esta página. (En inglés, eye).

Las conferencias de la Universidad de Yale, aglutinadas bajo el título Los orígenes del conocimiento y la imaginación tratan uno de los temas esenciales de la obra del autor: cómo separar la actividad científica y el arte, sus lenguajes, sus formas de ver el mundo… Dice el autor:

" I grew up to be indifferent to the distinction between literature and science, which in my teens were simply two languages for experience that I learned together." (Crecí siendo indiferente a la distinción entre literatura y ciencia, lo que en mi juventud eran simplemente dos lenguajes de la experiencia que yo aprendí unidos.)

El propósito de las lecciones de Bronowski es intentar desentrañar el mecanismo a través del que experimentamos de una forma que no es totalmente física aquello que nos llega por mecanismos físicos. La primera conferencia se llama "La mente como instrumento para el conocimiento". En ella, Bronowski entronca con las ideas de Kant y decide que "no podemos ver el mundo sin la intervención de los sentidos físicos". Pero claro, el hombre no es un animal cualquier, sino un animal muy especial, que puede ser artista o científico. La primera distinción que establece Jacob entre la ciencia y el arte (o que al fin y al cabo no es tal distinción) se debe al órgano mediador: Bronowski clasifica las artes entre las que están mediadas por la vista (la pintura, por ejemplo) y las que están mediadas por el oído (la música). Dentro de esta clasificación, entiende el autor que la vista hace de mediadora con las cosas, mientras que el oído media entre nosotros y los demás seres vivos. La ciencia, en cambio, dice el autor, está totalmente dominada por el sentido de la vista. (¿Qué sería del mundo si Newton hubiese nacido ciego? se pregunta el autor).

Tras constatar este predominio del sentido de la vista como factor "humanizador", Bronowski lleva a cabo un estudio de cómo se ve, y cómo funciona el ojo humano a diferencia del ojo de otros animales. Finalmente, enlaza esta sutileza de la visión humana con la capacidad de tener una visión interior. Y sobre todo, con la idea de que la idea de "visión" configura y determina al ser humano. Como ejemplo, aporta el campo semántico de "visión", "imagen", "imaginería", "imaginación", "visual", en todas sus acepciones.

La segunda lección se mete de lleno en el lenguaje. Se llama "La evolución y poder del lenguaje simbólico". (Lo de que el hombre es un animal simbólico ya lo dijo Cassirer, y pocos se han dedicado a llevarle la contraria). Aquí, en primer lugar, Bronowski hace un resumen de lo expuesto en la lección anterior (lo cual es siempre muy útil) y avanza una hipótesis sobre cómo se originó el lenguaje humano. A este respecto, Bronowski no comparte la hipótesis saltacionalista de Chomsky. Eso sí, el lenguaje humano, según Bronowski, se caracteriza por ciertas notas que lo distinguen de los libros de instrucciones que son los lenguajes animales. Estas notas características son: 1. La disociación entre el mensaje y la carga emocional que el mensaje trae consigo. 2. La prolongación de la referencia o bien, la capacidad de aludir al futuro y al pasado. 3. La internalización, o capacidad de dirigirse a uno mismo. 4. La productividad o generatividad. En virtud de esta capacidad, el mensaje puede descomponerse en unidades que pueden reutilizarse con nuevos significados. Estas características del lenguaje afectan a cómo se enfrenta el hombre al mundo. En especial, esta última nos obliga a ordenar el mundo, reordenarlo, cambiar las cosas de sitio, etc…

En "El conocimiento como algoritmo y metáfora" une al lenguaje humano con el lenguaje científico. El lenguaje científico consta de tres características básicas: 1. Tiene símbolos que representan conceptos. 2. Tiene una gramática que permite la combinación de estos símbolos. 3. Existe un diccionario de traducciones que enlazan el lenguaje científico con el mundo real. Como podemos ver, en realidad, tiene mucho que ver con el lenguaje humano cotidiano. En esta lección, Bronowski tiene la audacia de proponer que el mero hecho de encontrar un objeto de estudio y aislarlo es una mentira. Que el dividir el mundo entre "lo relevante y lo irrelevante desde el punto de vista de la ciencia" es ya desvirtuar este mundo. Pero que, pese a todo, la ciencia es capaz de avanzar.

La siguiente lección se llama "Las leyes de la naturaleza y la naturaleza de las leyes". Aquí, Bronowski sigue ahondando en la idea anterior respecto de la división del mundo para su estudio. En realidad, dice él, todo el mundo está interconectado y unos hechos tienen influencia sobre otros, sin embargo, nosotros no somos capaces más que de descodificar una parte. Si quisiéramos descodificarlo todo, tendríamos que mirar el mundo desde fuera, como Dios. Aquí, nos detalla toda una serie de teorías que intentan cercar este problema, desde Bertrand Russell hasta Kurt Gödel y la incompletud de su aritmética. Y es que "ningún sistema formal puede abarcar todas las preguntas que pueden preguntársele". Y esto es debido a la propia "axiomatización" o "sistematización" de las cosas. Este problema sin solución surge, simplemente, del hecho de que se divida el universo en dos: verdadero/falso, positivo/negativo 1/0. Y es que para formalizar la naturaleza, tenemos que recortarla en campos cuyos límites ha puesto ahí el ser humano. Y ya no es entonces, la misma naturaleza que queríamos estudiar al principio, antes de recortarla.

La quinta lección trata sobre "El error, el progreso y el concepto de tiempo". Aquí, Bronowski entra de lleno en lo que es la "imaginación" y opone este concepto o esta forma de generar conocimiento al de las máquinas. Para él, la imaginación puede estar basada perfectamente en el error (ese error frente al que la máquina se atasca, se vuelve loca, se autodesconecta, o se repite constantemente). Y es un acto imaginativo consiste en pensar algo que la máquina podría considerar un error. (Creo que viene a ser un poquito esa idea que tenemos todos de romper la regla para crear algo nuevo).

"Cada acto de la imaginación es el descubrimiento de una semejanza entre dos cosas que con anterioridad se pensaba que no tenían nada que ver una con la otra".

Y si no, que le pregunten a Newton qué tenían que ver las manzanas con la Luna. Se trata de abrir el sistema (sí, ese sistema cerrado que se atrancaba cuando le hacías una pregunta cuya respuesta no podía contener). ¿Y cómo se abre el sistema? Pues para Bronowski el puente que nos lleva del sistema a su apertura es la metáfora. La metáfora es la llave. Y es que ¿qué mejor definición para metáfora que la que ha dado Bronowski para "acto imaginativo"?

La última conferencia se llama "Ley y responsabilidad individual". Aquí habla de la práctica de la ciencia, de la figura del científico y además, aporta un argumento para superar la falacia naturalista. La falacia naturalista es el paso del ser al deber ser. (Lee más aquí, si quieres). Pues bien, esta es la argumentación que ofrece Bronowski (y que, si nos damos cuenta, entronca con todo lo expuesto anteriormente):

"El deber ser viene dictadopor el ser en la búsqueda del conocimiento, no se puede obtener el conocimiento a menos que nos comportemos de determinada manera".

Dice Bronowski que sólo se puede saber qué es verdadero si uno se comporta de determinada manera. Y este es el punto culminante de esta última conferencia. Sin embargo, su argumentación en contra de la falacia naturalista está, por lo visto, recogida de forma más extensa en su libro Science and Human Values.

Habrá que leerlo, digo yo 😉

http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200505.htm

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