VISIONES PERIFÉRICAS (Compilador: Miguel Ángel Fernández De

Grupo Editorial Lumen. Buenos Aires – México. 2001

ISBN: 987-00-0055-X

Cuando se habla de literatura de ciencia ficción, por lo común se piensa en Julio Verne o en nombres de famosos escritores anglosajones, aunque la ciencia ficción ha sido escrita por autores de casi todas las nacionalidades del planeta, incluyendo a México. Pocos creerán que Amado Nervo, el Dr. Atl, Juan José Arreola, Manú Dornbierer y otros renombrados en las letras mexicanas han hecho aportaciones originales a la denominada mitología de nuestro tiempo; y que otros escritores menos conocidos, pero no porque su obra los demerite, sino por haberse dedicado principalmente a una literatura infravalorada en el país, como Federico Schaffler, Mauricio- José Schwarz, René Rebetez, Alfredo Cardona Peña, Gabriel Trujillo, Hector Chavarría, Arturo César Rojas, Gonzalo Martré y Roberto López Moreno, a quines se han sumado escritores de generaciones más jóvnenes como José Luis Zárate, Gerardo Horacio Porcayo, Bernardo Fernández (Bef), Gerardo Sifuentes, Pepe Rojo y José Luis Ramírez, ha llevado a la ciencia ficción mexicana a explorar universos inéditos, a retratar futuros nacionales y mundiales escalofriantes, a la concepción de tecnologías que desafían el sentido común, a fraguar invaciones extraterrestres que comienzan o se combaten en sofisticados restaurantes o en puestos de antojitos callejeros y a utilizar la realidad virtual, el ciberespacio, la informática y la ingeniería genética para (des)adaptar a las nuevas generaciones de (sobre)viven en el mundo descontextualizado y controvertido de la posmodernidad.

Miguel Ángel Fernández Delgado (México D.F. 1967) Abogado, historiador y escritor. Ha publicado diversos estudios sobre la ciencia ficción mexicana en revistas internacionales. Colaboró asimismo en Latin American Science Fiction Writers: A Guide, coordinada por Darrel B. Lockhart y es coautor de la primera Enciclopedia de Ciencia Ficción en México, en CD Rom multimedia.
Obtuvo el premio Goliardos 2000 por sus aportaciones a la ciencia ficción mexicana.
Tomado de la contratapa.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»VISIONES PERIFÉRICAS (Compilador: Miguel Ángel Fernández De»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «VISIONES PERIFÉRICAS (Compilador: Miguel Ángel Fernández De»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

PALABRAS SOBREVIVIENTES (Endre Farkas)

Editorial Poetas antiimperialistas de América. Canadá – 2002 Colección Poesía para la libertad – 120 pgs. ISBN: 1-894879-02-3 Traducido del inglés por Elias Letelier
En palabras sobrevivientes (Survaiving words) encontraremos el discurso social muy ceñido al factor espacio, donde el que habla se sitúa en una zona sin fronteras y desde esa perspectiva se desplaza por el tiempo para llegar a una conclusión sobre el individuo y su colectividad.
Si hay algo que decir de Endre Farkas, tenemos que referirnos a él como la madurez de una escuela literaria llamada Vehicule press, quien debe ser leído en nuestra lengua castellana para mejor entender el estado anímico de la sociedad anglo canadiense y también, para acortar las distancias que existen entre los polos literarios y terrestres de América. (tomado de la contratapa)
www.poetas.com

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»PALABRAS SOBREVIVIENTES (Endre Farkas)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «PALABRAS SOBREVIVIENTES (Endre Farkas)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

El gato sobre la cacerola de leche hirviendo (Manuel Valero)

I

Crítico Literario.- Buenas tardes, estimado Autor.

Autor.- Buenas.

Crítico Literario.-
Mi primera apreciación viene referida al hecho de que Ud. establece un
claro paralelismo entre el Autor y Dios, parafrasea al narrador bíblico
del Génesis, lo que le ubica semióticamente del lado de los escritores
omniscientes…

Autor.- …

Crítico Literario.-
… y para reforzar ese efecto, crea el artificio, la paradoja, de la
libertad de los personajes, libertad circunscrita no obstante a los
deseos de un Autor que, sólo en apariencia, se ha ausentado…

Autor.- Bueno, como he escrito, me quedé dormido en la cocina, …

Crítico Literario.-
“me dormí”, nuevamente otro bello símil tomado de la Biblia, el sueño
de Jacob, a través del cuál, Dios (o el Autor) manifiesta su Voluntad.
¿En qué personaje de la novela se ha metamorfoseado el Autor?¿Tal vez
en el rebelde Candelas?¿En el libertario Sirfrido?

Autor.- Bueno, el gato, del que toma nombre el relato…

Crítico Literario.-
Ah, …, el gato. Interesante apreciación ya que el zoomorfismo tiene
una extensa tradición literaria desde Esopo hasta Tomeo. Por eso, el
gato es el responsable de la multiplicación de los guiones, claro.

Autor.- …

Crítico Literario.- Es interesante, cuanto más se adentra uno en la compleja trama, más relaciones parece descubrir.

Autor.- ¡Camarero! A mí, casi que no me traiga la cerveza, se me ha puesto un tremendo dolor de cabeza.

Crítico Literario.-
Otra vía de aproximación a la temática central de su novela, es la idea
de Poder y la corruptibilidad de sus ejecutores. Querría preguntarle
por su pesimista visión del Hombre y la imposibilidad de redención que
obliga a la renuncia de cualquier forma de dominio sobre otro. Y sin
embargo, algunos personajes emplean con buen fin ese Poder.

Autor.- ¿Se refiere a la pareja fornicadora?

Crítico Literario.-
No, me refería al grupo de Candelas, pero ya que menciona el sexo, en
su novela parece darse un alto grado de promiscuidad, más aún, si me
permite, estos ayuntamientos se enmarcan fuera de cualquier relación
institucionalizada.

Autor.- Que no están casados, vamos.

Crítico Literario.- Si, eso mismo. Que no están casados, lo cuál parece implicar una desmitificación…

Autor.- La verdad es que creo que le da muchas vueltas a la novela.

Crítico Literario.- … es mi intención aclarar y desvelar aquellos aspectos que puedan resultar más oscuros para el lector.

Autor.- Pero, ¿Ud. cree que habrá alguna persona que sea incapaz de entender el libro?

Crítico Literario.- Mi trabajo es que nadie corra ese riesgo.

Autor.- ¿Y cree que hablando del sueño de Jacob aclara algo de lo que cuento?

Crítico Literario.- Pongo en valor su obra, por supuesto.

Autor.- Pero yo no quiero que tenga más valor que el que le de el lector.

Crítico Literario.- Ah, el lector; ése es otro aspecto sobre el que he reflexionado largamente…

Autor.- Disculpe, ¿Ud. se ha reído alguna vez leyendo El gato sobre la cacerola de leche hirviendo?

Crítico Literario.- He comprendido el uso que hace del humor como instrumento revelador de una realidad que trasciende.

Autor.- ….

Crítico Literario.- Pero, ¡¡Autor!! ¿Dónde va? Aún no hablamos de la alteridad en El gato sobre … ¡Maldita sea, otra entrevista que tendré que inventarme!

II

El
humor es subversivo. No hay dictadura u opresor conocidos por su
sentido del humor. Nada desconcierta más a los poderosos que la ironía;
la temen y persiguen. Si eres uno de aquellos a los que no les gusta
ver sus ideas puestas en solfa, aparta de ti este libro, no lo
entenderás, no te resultará fresco, divertido, sólo intuirás el feroz
ataque que se esconde tras sus páginas, inocentes en apariencia, y su
falta descabellada de trama, argumento o sentido.

Porque de eso
se trata: de una novela breve en la que cada cuál se organiza como
puede o sabe, aprovechando el vacío temporal de poder de un autor que
prefiere dormir a enderezar la acción, que renuncia a su poder dejando
un vacío que algunos se encargarán de arrogarse convirtiéndose en
oráculos de la voz dormida. Otros verán la oportunidad de asumir su
propio destino y otros, la mayoría, apenas notarán el cambio, sujetos
al dictado del autor, o de otros personajes, cumplirán las órdenes que
se les imparta, de donde quiera que vengan, cualesquiera que sean.

Los
primeros capítulos parecen traer inevitablemente a la memoria del
lector los seis personajes en busca de autor de Pirandello, pero, al
transcurrir la obra, al profundizarse en la peculiaridad de cada
personaje y en las dinámicas que van surgiendo entre ellos, los
aspectos existenciales ceden al paso a cuestiones más generales.
Rebelión en la granja parece una referencia más apropiada para El gato sobre la cacerola de leche hirviendo.

Pero aquí los animales han sido sustituidos por personajes de una ficción que lleva por disparatado título El gato sobre la cacerola de leche hirviendo
(ni el propio título escapará a las críticas de algunos de los
personajes de la obra), y las implicaciones políticas que pretendía
Orwell han ampliado sus miras a la sociedad actual, su razón de ser,
sus tiranías y manipulaciones (mejor aún, sus tiranos y manipuladores).
Y es que, tal y como ocurre en la ficción orwelliana, el vacío del
Poder es prontamente ocupado por una nueva casta dominante que replica
los vicios del pasado, que impone aún mayores sufrimientos a sus
antiguos camaradas. En este contexto, cualquier discrepancia es
aniquilada.

Y, a diferencia de lo que ocurre en Rebelión en la
Granja, donde una nueva ideología reemplaza a la anterior para que nada
cambie, los personajes huérfanos de Autor, gozarán del liderazgo de
quien asegura hablar en su Nombre, de quien actuará como medium e
intérprete, lo que se asemeja más al tipo de manipulaciones a que
estamos más acostumbrados hoy en día (la ficción de que nada ha
cambiado, aunque todo lo haya hecho).

Aparte de la
desconcertante trama, las reflexiones sobre el Poder, la Libertad o el
albedrío, conforman el núcleo central de la obra y no dejarán de
atrapar al lector en la trampa que el Autor le ha preparado. Será el
propio lector quien deba extraer las conclusiones, quien deba tomar
partido por las opiniones de los personajes, quien deberá implicarse en
su disputa. Y ese es uno de los mayores logros del Autor, lograr esa
complicidad con el lector, arrastrarle a dejar el plácido papel de
notario de una ficción para asumir el riesgo del pensamiento.

Pero
el humor bien entendido debe comenzar por uno mismo, y Manuel Valera lo
hace, en su faceta de Autor, un autor algo peculiar que, a ritmo de
jazz cae dormido permitiendo que su novela se desbarate con los locos
devaneos de sus personajes. En su nombre se construirán tapias, se
cometerán atropellos e iniquidades y, finalmente, será ninguneado por
sus personajes quienes se autodeterminarán para esquivar la palabra FIN
que cualquiera quiera imponerles. Valera recurre con ironía a la
clásica disquisición entre quienes sostienen que el Autor determina la
totalidad de la obra (quedando su grado de maestría acreditado por la
mayor o menor visibilidad de su innegable presencia) y aquellos que se
otorgan el papel de meros instrumentos de sus personajes, con vida
propia, resistentes a plegarse a los deseos de su creador, capaces de
pasar de un segundo plano al protagonismo absoluto. Aquí, el Autor
simplemente se duerme mientras la novela se escribe por sí misma. Los
personajes apenas son capaces de actuar entre tinieblas ante la falta
de un guión al que someterse y sólo los más lucidos lograrán vislumbrar
las oportunidades que esto supone.

No desvelaremos más de la
obra (mucho hemos dicho ya) pero se puede tener por cierto que
cualquiera que se acerque a ella encontrará diversión y originalidad a
partes iguales y, si lo desea, momentos para la reflexión sin por ello
perder la sonrisa. Para justificar el humor, a veces se le adjetiva de
“inteligente” como si pudiera existir lo uno sin lo otro; El gato sobre la cacerola de leche hirviendo es una buena prueba de ello.

Por
último, unas palabras para la editorial, Evohé. Por alguna razón, no
nos resultará extraño que un libro tan especial sea publicado desde los
extrarradios del gran mundo editorial, en una joven editorial que
compite con ancianas de venerables barbas y bolsillos repletos. Resulta
más fácil acudir a una gran feria internacional y comprar los derechos
de un libro que ya esté funcionando en otros mercados (\»mercados\», qué
palabra aplicada a los libros); es más fácil promocionar el libro de un
autor reconocido, comprar espacios en revistas y periódicos, negociar
con grandes cadenas de librerías, que asumir el riesgo de publicar un
libro como El gato sobre la cacerola de leche hirviendo. Que aún en nuestros días haya quienes crean en lo que hacen nos reconcilia con el futuro soñado.


Confieso que he leído

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»El gato sobre la cacerola de leche hirviendo (Manuel Valero)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «El gato sobre la cacerola de leche hirviendo (Manuel Valero)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

Veinte tochos, ningún tostón

Veinte tochos, ningún tostón

JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ
 

Adiós a la añeja excusa de siempre: "No tengo tiempo". Hay por delante horas, días, incluso largas semanas de dulce tedio. Le proponemos que, de una maldita vez, se atreva con algunos de los grandes novelones y deje de lado los libritos leves, en extensión e intensidad, como kleenex higiénicos.

Hay aquí una veintena de propuestas de peso. En todos los sentidos: 16.600 páginas y bastantes kilos, pero también alto calibre literario para cargar el espíritu de aventura, palabras y luz. Veinte tochos, pero ningún tostón.

– Louis-Ferdinand Celine, Viaje al fin de la noche. Rabiosa y lúcida. Debiera leerse por decreto a los 15 años, pero nunca es tarde para bajar a la desesperanza. Furiosamente divertida, antibélica y nihilista. Predice el sin futuro del punk y el nirvana de beber alcohol de garrafa sobre una acera urbana tapizada de vómitos. Edhasa. 640 págs., 22,50 €.

– Fiodor M. Dostoievski, Crimen y castigo. ¿Necesita usted recordar que el verano tiene un irremediable final y el invierno siempre regresa? Asuste a su vecino de bronceado con la desventura de Raskólnikov y, de paso, juzgue su dilema: culpa o expiación. No se merece la catalogación de ser humano quien no la haya sufrido. Debolsillo. 700 págs., 9,95 €.

– François Rabelais, Gargantúa, Pantagruel. Aquellos que sitúan el umbral del escándalo en el vello púbico de Henry Miller, harían bien en repasar la obra de este médico y sacerdote del xvi: desde el mejor material para limpiarse el culo tras la defecación, hasta la ingesta inmoderada de todo alimento y bebida. Satírica desmesura. Cátedra. 700 págs. (2 vols), 19,20 €.

– Robert Musil, El hombre sin atributos. Pesimista pero sarcástica, cubista pero social. Musil arranca todas las caretas del obsceno disfraz cultural del siglo xx, cómplice de la barbarie que culmina en la II Guerra Mundial. Monumental tragicomedia que Musil dejó, tras 12 años de trabajo, bellamente inconclusa. Seix Barral. 1.560 págs. (2 vols), 59 €.

– Sir Thomas Malory, La muerte de Arturo. "Quien crea que Arturo no existió debe ser tratado como un necio", advierte el prólogo. Así debe ser tomada esta epopeya –la primera escrita en lengua inglesa–: con la credulidad que merecen los mitos. Todos los héroes artúricos en su esplendor. Los capítulos finales son hermosísimos. Siruela. 979 págs. (2 vols), 50 €.

– Joseph Conrad, Lord Jim. Otro de los trágicos héroes de Conrad, tantas veces mal clo-nados por el cine y las novelillas de poca monta. "He visto orillas misteriosas, aguas inmóviles, tierras de oscuras naciones (…) Pero todo mi Oriente cabe en aquella visión de mi juventud: un destello de sol sobre una orilla extraña", dice el protagonista hablando por todos nosotros. Pre-Textos. 508 págs, 25 €.

– Stendhal, La cartuja de Parma. Última novela publicada en vida por Stendhal y eterna enemiga de su otra gran obra, Rojo y negro. La opción de La cartuja… garantiza más pasión. La prosa de Stendhal, el gran maestro del realismo a pies juntillas, sigue siendo un asombro. La descripción de la batalla de Waterloo resulta insuperable. Mondadori. 608 págs, 22 €.

– Charles Dickens, Los papeles póstumos del Club Pickwick. Primera novela del gran Dickens, publicada cuando el autor tenía 24 años, esta sátira sobre la filantropía no concede tregua. ¿Necesita usted reír? Éste es su libro. El viejo verde Tupman y el gafe Winkle están entre los mejores payasos de la literatura. Mondadori. 832 págs, 29 €.

– Charles R. Maturin, Melmoth el errabundo. Balzac, Thacke-ray, Poe y Lovecraft celebraron el deambular de Melmoth, mezcla de Mefistófeles, dandi y vampiro, tras su pacto con el demonio. Sobre esta escenografía, la perversidad y el sufrimiento son la materia con la que trabaja el clérigo irlandés Maturin, quizá el mejor de los escritores góticos de su tiempo. Valdemar. 1.056 págs., 16,40 €.

Herman Melville, Moby Dick. Borges la llamó "la novela infinita" porque "página por página el relato se agranda hasta usurpar el tamaño del cosmos". ¿Qué más añadir? Una advertencia: no es un libro sobre ballenas, sino la eterna historia de la batalla contra el Mal. Leerla es tan necesario como inhalar o alejarse de las entidades bancarias. Alianza. 880 págs., 8 €.

José Lezama Lima, Paradiso. Humedad sexual e imaginería barroca para una pieza avanzada (1966) y catártica. Un resumen de la cubanía y, como ella, un palmeral denso de metáforas. No conviene tratar de entenderlo todo, sino nadar con inocencia en una novela que, sin dejar de serlo, refresca el paladar como si se tratase de pura poesía. Alianza. 608 págs., 30 €.

Anthony Burgess, Poderes terrenales. Divertidísimo ajuste de cuentas del cascarrabias Burgess. Todos salen mal parados: Joyce, Kipling, T. S. Eliot, Kubrick, la Iglesia católica, Satanás y la mafia gay. La novela más panorámica del compulsivo fumador (80 pitillos /día), experto en sexo, borracho y afilado crítico de todas las formas del cinismo. El Aleph. 1.008 págs., 26,90 €.

Roberto Bolaño, 2666. La obra póstuma del llorado Ro-berto Bolaño –acaso el más brillante de los escritores en castellano del último medio siglo– es al tiempo feroz, di-vertida y suma-mente triste. Un tour de force sobre la muerte, la literatura y los asesinados sin nombre (en este caso, las mujeres de Ciudad Juárez). Sublime. Anagrama. 1.128 págs., 20 €.

Don Delillo, Submundo. En ocasiones, a DeLillo le pierde su demasiada presente genialidad. Aquí, sin embargo, la historia contada a través de las pequeñas historias de los sin nombre aparente fluyen con magia: Frank Sinatra, el siniestro Edgar Hoover, Lenny Bruce, Capote, una pelota de béisbol, los neoartistas de la posmodernidad… En fin, usted y yo. Circe. 712 págs., 30 €.

Cormac McCarthy, Suttree. Uno imagina a los personajes de McCarthy invariablemente sin afeitar, con lumbalgia y una gran herida en el alma. En esta novela temprana, muy anterior a la fama que llegó de Hollywood, no hay excepción: Cornelius Suttree es una especie de Ulysses en Knoxville (Tennessee). Húmeda y cana-lla. El lado bar-budo de la vida. Mondadori. 568 págs., 25 €.

Robertson Davies, Trilogía de Deptford. Uno de los espacios en blanco más sangrantes de los catálogos editoriales españoles está, al fin, cubierto. La obra del canadiense Robertson Davies –una calibrada mezcla de novela psicológica jungiana y crónica negra– es de lectura entretenida y prosa inteligente. Libros del Asteroide. 900 págs. (3 vols), 57,86 €.

Thomas Pynchon, V. Los lectores de Pynchon no conocemos su cara –sólo existe una foto–, pero sabemos bien que está como una cabra. Este fue su debut (1963) y la locura era palpable: la búsqueda circular, en tiempo y forma, de V. y todas sus encarnaciones. Emborracha más que toda la cerveza que sea usted capaz de beber. Tusquets. 520 págs, 22 €.

Lawrence Durrell, Cuarteto de Alejandría. Cuatro tomos, cuatro puntos de vista y un mismo escenario: Alejandría, viciosa y tórrida. Una saga sen-sual que huele a sábanas e invoca el placer de todos los sentidos. Una recomendación del autor: "Ríete hasta que duela y sufre hasta la risa". Trágica, pero rebosante de vida. Edhasa (4 vols). 1.176 págs., 39,80 €.

Wilkie Collins, La dama de blanco. Genio de muchos recursos y maestro de la trama Wilkie Collins, autor de la inolvidable La piedra lunar, también merecedora de estar en esta lista, apasiona con anzuelos de altura. Esta novela victoriana y gótica es tóxica. De propina, uno de los más atractivos villanos: el Conde Fosco. Punto de Lectura. 896 págs., 12,80 €.

John Cheever, La familia Wapshot. El Shakespeare de los suburbios abandona aquí su registro habitual y presenta una saga trazada con tiralíneas (y trufada de algo parecido al realismo mágico en el espacio mítico de Saint Botolphs) sobre una familia de clase alta, sus promesas incumplidas y tenebrosos secretos. Engancha desde la primera línea. Emecé. 624 págs., 24 €.

http://www.20minutos.es/noticia/401155/

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»Veinte tochos, ningún tostón»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «Veinte tochos, ningún tostón»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

CUMBRE DE ÁGUILAS 2 parte (Agustín Conchilla Márquez)

CUMBRE DE ÁGUILAS NARRATIVA SEGUNDA PARTE Autor: Agustín Conchilla Márquez Inscrito en el Registro Provincial de la Propiedad Intelectual de Alicante. […] I Torpedo llegó a casa, remojó el pelo, la cara y el cuello; agarró un peine de dilatadas púas, se peinó hacia la parte de atrás; abrió la puerta, avistó disconformidad con cielo entre turbador a grisáceo, cubrió el cuello con la solapa de la cazadora y salió más ligero que un murciélago del orificio de un poste. Pese a ello, y aunque salió más desaseado que el tejón en verano, sí evitó el chasquido de la puerta con cual eludir la riña, el reproche o la sinrazón. No obstante, y, a pesar de la evasiva, con cual distanciarse de Paula, a los vecinos y transeúntes que le salían al paso les dejaba claro que marchaba a la taberna del Tosco, regentada por Dionisio, El Manchego; donde se acomodó en la mesa del rincón y esperó a Lecherito; aunque Lecherito no se hizo esperar… Lecherito llegó tan requetelimpio como él, se colocó a su lado y aunque nada dijo, la tristeza que a ambos les causare la muerte de la fiel Estrellita crecería con la riña o el descontento que Lecherito también encontrara en la cara de Asunción. Quizá por ello, y por espacio de un rato se mantuvieron tan cerca y tan distantes que, aunque se miraban, lo hacían de soslayo, recelosos y en silencio… Claro que, eso sería hasta que de reojo vieran que por un costado se les acercaba El Tieso. El Tieso se les aproximaba tan insuperablemente peinado, sonriente y revestido que parecía la fotografía de un candidato a p en pancarta de autonomía… —¿Queréis trifulcas? —dijo El Tieso a modo de saludo. —¡Trifulcas…! No sé… Torpedo, ¿te apetece? —preguntó Lecherito. —¡Hombre…! Aún me siento condolido, pero bueno, creo que porque haya muerto nuestra estimada Estrellita no habré de vestir luto ni colocarme el esmoquin: como hicieron los guardas, Miguelón, El Foca y Aristóteles, Barriga triste. Cuando se murió la suegra de don Luis, el boticario, al velatorio fueron tan pingüinos que en principio no les reconocieron. Bueno, no hasta que a Miguelón vieran rascando los bajos de la espalda… —¡Qué buenas piezas, tan propias e idénticas, aunque del mismo modo lo sean tan desiguales a las que tú acabas de nombrar, Torpedo! —dijo Lecherito. —Bueno, no creas que son tan desiguales: Barriga triste no se quedaba corto, ni mucho menos: en semejanza a Miguelón, llevaba los dedos a la nariz, manipulaba las fosas nasales, creaba pequeñas bolitas, las dejaba caer al suelo, las empujaba con la punta del zapato y las ocultaba en los bajos de féretro… ¿Es eso acaso lo qué queréis o lo qué os gustaría de mí, cochinadas, falsedad o parabién…? —¡No, hombre, yo…! —dudó Lecherito—. Bueno, vale; si os apetece vamos los tres. Pero eso sí, de antemano quiero y deseo dejar claro que con el vehículo no andaré por los caminos rurales, y ni siquiera saldré de las callejuelas de Aldea Chica. —No te preocupes, iremos con la burra —dijo Torpedo. Lecherito asintió en silencio y entre chanzas y algarabías siguieron en la Taberna del Tosco hasta que cargaditos, con faz sonrosada y bien entrada la noche marcharían a sus respectivos hogares. Al siguiente día, en cambio, y aún de madrugada, se reunirían los tres a la salida de la aldea; donde a lomos de la burra, sobre la albarda, cargarían los arreos y las escopetas. Sin embargo, ya en trasiego, Lecherito caminaba más triste que la beata en procesión, aunque su tristeza quedaba lejos de cualquier seguimiento religioso y, cerca, muy cerca de la sinrazón, por aquello de que Asunción no aceptara esa otra salida furtiva, le riñera y una vez más le negara el revolcón y refunfuñara como gata siamés con el pelo erizado. Aunque Lecherito se hallaba acostumbrado al reproche, al rechazo, a la evasión o a la incomprensión y no por ello se disgustaba. Si bien, con las amenazas que en los últimos tiempos percibía y que Asunción enarbolaba como pendón a bandera hondeada por el viento, a Lecherito le corroía la incertidumbre y le torturaba en inseguridad crítico-local; además de la propia inestabilidad conyugal en que ello pudiera deparar… En los avatares de una aldea, la presunción e incertidumbre individual no habría de ser para menos, si Asunción cumplía las amenazas aflorarían las críticas con más resonancia que ya lo hicieran en verano, cuando alguna turista pasaba por Aldea Chica y vestía sensual o atrevida. Aunque el máximo esplendor de crítica local llegaría con injurioso lenguaje por indecente atrevimiento a destape femenino, en las cercanías de la alberca del hortelano. Por tal motivo, a las atrevidas, aunque decentes, las propias lugareñas o aldeanas las tachaban de calentonas verbeneras y rasca lomos en troncos salientes; además añadían aquello de pendones de pronta encendida a expansión yesquera o a celeridad de llueca en nido de huevos vanos… A veces incluso, en semejanza calificativa le añadían aquello de gallina ardiente, desplumada o sin alas para el vuelo; además de presumida en ronroneo de rápida sumisión para entrega al canto del gallo. O seguían con aquello de conejita de amago resurgir, provocadora y carente de olfato ante los morros del hambriento zorro… Y nada he de decir si por > o por > a las turistas, en fechas estivales, se les ocurría aquello de tomar el sol en tanguita de poco o menos tape; o en semi-bolas (top-lees) ¡Dios de las aldeas, de las albercas, de los cortijos, de los ríos y de los pueblos de mi Andalucía…! Aunque lo peor para la mentalidad de Lecherito pudiera radicar en el presunto escándalo-crítico-local. Si Asunción cumplía las amenazas podría desatar tortuosos rumores, blasfemias o críticas, incluso injurias que distraerían a parlantes de tertulias y a él lo llevarían a la intimidad de sus hogares como instrumento de indecencia: como ya hicieran con el señor Alfredo, el hortelano, que previo pago de tres duros y bajo promesa de respeto e higiene a las aguas de la alberca y a las hortalizas, a las turistas dejaría tomar el sol en bragas y sujetador… Aquello, sin embargo, andaba mal, muy mal visto e indecoroso en la mentalidad de las mujeres del lugar, aunque los picarescos ojos de aldeanos se abrían de par en par, dilataban las pupilas o las giraban como la lechuza en seguimiento del ratón… No obstante, con aquello agudizarían las críticas en las callejuelas de Aldea Chica y salpicarían comentarios e incertidumbres que serpentearían como aguas de tormentas por campos labrados y aún podrían causar mayor escandalizar… —¿Qué te pasa? —preguntó El Tieso. —A mí… Nada, nada —respondió Lecherito. Y cabizbajos seguían tras los pasos de la burra. Ella, en cambio, les recompensaba con el levantar del rabo, unas decenas de boñigas y maloliente pedorrera. —¡Si te arreo un puntapié vas a pedorrear al pájaro que no vuela! —gritó Lecherito a la burra. Torpedo soltó la carcajada, El Tieso le imitó y siguieron con la intriga. —Bueno, Lecherito —reanudó El Tieso—, el caso es que me pareció verte triste y… —¡Será cosa del vino…! Anoche nos pasamos un rato y, bueno, a lo que vamos: ¿os parece bien que dejemos la burra en Arroyo Turbio y entremos a pie, por la Umbría del Lobo? —A mí me da igual —dijo Torpedo—, cuando salgo de mi casa para mí todo el monte es de orégano. —¿Y tú, Tieso? ¿Qué opinas? —Lo mismo que Torpedo; fuera de mi casa todo me da igual; incluida la panza de Aristóteles, Barriga triste, o el abultado cuello de Miguelón, El Foca; o la fantochada figura de Luciano Rodríguez, el presidente de todas y cada una de las asociaciones locales y vecinales de caza, pesca, flora, hermandades religiosas, cooperativas agrícolas… —¡A esos ni mentarlos…! —advirtió Lecherito—. Aunque si los dos estáis de acuerdo dejamos la burra en Arroyo Turbio, cruzamos el río, entramos por la senda que serpentea la colina de Mata Puercos y llegamos hasta la Umbría del Lobo. Torpedo y El Tieso parecían conformes, aunque Lecherito seguía cabizbajo, tras los pasos de la burra, y de vez en cuando levantaba la cabeza para mirarle el rabo, por si acaso… En cambio, la burra de animal tenía el nombre, y a la primera advertencia de Lecherito entendió la riña o no tuvo más necesidad de evacuar excrementos y ventosidades… Aun así, Lecherito adelantó unos pasos, le agarró la punta de la oreja y casi al tacto con el vello, dijo: —¡Más te vale…! ¡Si me vuelves a pedorrear…!

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO:
CONVERTIR ESTE LIBRO «
TÍTULO=»CUMBRE DE ÁGUILAS 2 parte (Agustín Conchilla Márquez)»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «CUMBRE DE ÁGUILAS 2 parte (Agustín Conchilla Márquez)»

PDF


FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI