DESENMASCARAR LA CONSCIENCIA

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Ödön von Horváth, El eterno pequeñoburgués. Novela edificante en tres partes.
Trad. de Isabel García Adánez,
Marbot Ediciones, Barcelona, 2012, 218 págs.
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por Anna Rossell

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Un acierto la publicación de esta novela de Ödön von Horváth (Fiume –hoy Rijeka-, 1901/París, 1938), autor austrohúngaro de expresión alemana. Sobre todo porque es la pieza que le faltaba al lector español para disponer al completo de lo que nació como una trilogía, de la que El eterno pequeñoburgués, que vio la luz en 1930, es el primer volumen –el sello Espasa había publicado en 2001 y 2002 los otros dos: Juventud sin Dios y Un hijo de nuestro tiempo-. Horváth, que se dio a conocer en los años veinte del siglo pasado como prolífico dramaturgo, dejó sólo cuatro novelas, escritas en los últimos años de su vida, y nos legó con ellas en clave de ficción un documento del ascenso del nacionalsocialismo al poder.

Horváth nunca se afilió a ningún partido político, pero simpatizaba con la izquierda y supo reconocer como pocos los síntomas sociales que propiciaron el caldo de cultivo en el que iba fraguando el nazismo. Él, que había cursado en Múnich estudios en sicología, literatura, teatro y arte, supo captar la sicología de la desclasada clase media emergente, que con su actitud haría posible el proyecto de Hitler. La obra de Horváth, en su conjunto, es una afilada crítica político-social de su tiempo a través de un amplísimo abanico de representantes de la pequeña burguesía. Sus personajes son individuos alienados, casi siempre pobres diablos sin conciencia ellos y seres indefensos ellas, atrapados bajo la opresora mano patriarcal a la que no consiguen sustraerse y a la que a menudo hacen el juego. Horváth, que conocía la obra Die Angestellten –Los asalariados-, del sociólogo Siegfried Kracauer, se propuso retratar a través de sus protagonistas con ojo experto y aguda observación sicológica una sociedad en la que podía medrar y medró cualquier política. A este fin adaptó un subgénero teatral ya existente, especialmente útil a su intención, el Volksstück –pieza de tendencia trivial y gusto popular con protagonistas de raigambre popular-, que él subvirtió, poniendo en boca de sus figuras lo que denominó el Bildungsjargon, una jerga pseudocultivada para desenmascarar la verdadera conciencia de los personajes. Nada de esto se echa en falta en El eterno pequeñoburgués. Ya el título es programático en su intención caracterizadora de un prototipo y el subtítulo, Novela edificante en tres partes, anuncia el registro irónicamente punzante y caricaturesco. Las que en principio estaban concebidas como tres historias independientes –la del señor Kobler, la de la señorita Pollinger y la del señor Reithofer- se nos presentan unidas en una para ofrecer al lector un espectro matizado de caracteres y subrayar el ademán generalizador. Se pierden en la traducción -como bien señala Isabel García en la introducción- las connotaciones que sugiere el sociolecto en que Horváth hacía hablar a sus personajes –elemento también esencial del Volksstück- y la que contiene la palabra alemana Spießer del título original –Der ewige Spießer-, que alude a una actitud más que a una clase social y que en español pudiera recoger mejor el término filisteo, pero la novela sigue conservando su fuerza y su voluntad de ácida delación. Horváth construye su crónica, que transcurre en 1929, principalmente sobre estos tres caracteres: el bobo y egoísta Kobler, vendedor de coches usados, estafador nato y arribista, que viaja a la exposición universal de Barcelona a la caza de alguna millonaria que lo mantenga, su amiga Pollinger, modista, que siguiendo su consejo se vuelve práctica y se hace prostituta, y el señor Reithofer, quien en un arranque de filantropía la devuelve a la vida honrada consiguiéndole por amiguismo un trabajo de costurera. La novela está escrita en un registro extremadamente hilarante de denuncia, los personajes, de trazo caricaturesco, son con todo a buen seguro más realistas de lo que a primera vista pudieran parecer. Del teatro del autor, que en España llegó a algunos escenarios en los ochenta, se han traducido Historias de los bosques de Viena. El divorcio de Fígaro (Cátedra, 2008), en español, y, en catalán, Amor, fe, esperança (Arola, 2007).

© Anna Rossell

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PORQUE SOMOS AÚN NUESTROS ANCESTROS

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José Florencio Martínez,
Teseo no saldrá del laberinto
in-VERSO ediciones de poesía, Barcelona, 2012, 122 págs.
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por Anna Rossell
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“Seguimos siendo griegos”, afirma el autor de Teseo no saldrá del laberinto en su introducción. Y el bello poemario que nos ofrece es el reto que José Florencio Martínez (Trespaderne –Burgos- 1950) asume con el propósito de demostrarlo.
Dividido en tres partes –I De cuando los mitos, II Grecia clásica y III Grecia helenística-, la voz poética recorre los iconos más representativos de nuestros ancestros griegos para evocarlos y rendir agradecido homenaje a lo que el poeta considera, con George Steiner -uno de sus referentes-,” la génesis del ideal griego: entusiasmo por la verdad, hambre de conocimiento, pasión por la libertad”, que constituye aún hoy el sello identitario de Europa. Se alternan en el poemario, de ademán épico, la intención puramente descriptiva con otra más reflexiva y filosófica o la de solazarse en la belleza, cuando la mirada deja de ser contemplativa para devenir sensual y sexual. El autor, quien gusta del endecasílabo blanco y del soneto -aunque no exclusivamente, y siempre con cuidado exquisito de la musicalidad-, deja clara desde el primer momento su adscripción al código filosófico-literario borgiano –su segundo referente-, que introduce una distancia irónica en el poema entremezclando el registro estilístico arcaizante con otro postmoderno -incluyendo el inglés-, amalgama de clasicismo y contemporaneidad. Así hace recordar a la voz poética tiempos pasados: “Tenían, entonces, el tamaño justo / de un hombre las estatuas de los dioses. / Y vinimos nosotros deambulando / por los acantilados, las penínsulas, / […] / El tiempo era un caballo de papel / que perseguía la luna por el agua. / […] / En un claro del bosque recogimos / el legado del pájaro de fuego / y seguimos en la rueda del tiempo / por los barrancos y los tremedales. / A lo lejos siseaban las sirenas: / -‘Paradise now…, paradise now…’ y el eco / dispersaba en la fronda su señuelo. […].” (Congreso de máscaras). O bien invoca al dios: “Zeus, hijo de Cronos, / […] / y jefe del Olimpo, / pues por tus venas corre / toda la mala leche / de la cabra Amaltea / que te crió de niño / […] / ¡Deja esa mala baba / que acarrea tu rostro, / o emplea tu coraje / contra el mal y sus monstruos! / […], vete a echar un buen polvo con una ninfa golfa / […].” ( A Zeus, hijo de Cronos y Rea, desenfadadamente). La herencia griega se manifiesta en el fondo y en la forma, trasciende el espacio y el tiempo para fusionarse en texto de claro cuño borgiano: “Teseo: el laberinto se ha ensanchado. / Tu soledad también, al mismo tiempo / […]. / A las estrellas se abre la ventana / y puedes ver más lejos. Todo el cosmos / […]. / Más juntos y más gente conectando / su soledad alzada a las estrellas. […].” (El laberinto del ciberespacio). El impulso reflexivo gira en torno a eternas preguntas existenciales: “Continuamente te haces, contra el viento, / preguntas sin respuesta: ‘¿Dónde vamos? / ¿Qué somos? ¿Tiene arreglo la injusticia, / el dolor de ser hombre en el costado? // […].” (El silencio de la sirena), la inconsistencia de la actitud narcisista: “[…] / Búscate en otros ojos si no te hallas / en el vértigo azul de tu vacío. / […].” (Narciso), a lo efímero y fútil de la arrogancia, al paso del tiempo, que lo reduce todo a nada: se lamenta el yo poético en alusión a Píndaro: […] / Me creí semidiós e invulnerable / en tu círculo mágico asentado. / Y al colocarme la guirnalda ufana / y coronarme de laurel dijiste: ‘El hombre es sólo el sueño de una sombra’. / Y mi victoria corporal fue humo, / menos que la ceniza de los días. / […].” (Epinicio), a la sensualidad: “Por la entrepierna arriba te sube un ramo verde de luna / y, cuando tu desnudo pide una novia para sus nupcias, / entra en tu pecho el lento mascarón de proa / de Circe sonriendo entre la niebla. / Con sus orondas tetas te ama, te amamanta / -(la noche es una leche caliente de mujer)-, […].” (A favor de Circe), la loanza del poeta, capaz de captar tanta hermosura: “[…] / Catador de belleza, ya tus ojos / dibujan en la niebla la arboleda / y tu voz es silencio de poema. / […].” (El vate provecto escucha la voz del oráculo), la sublime y enigmática evocación de una escultura: “[…] Nunca descifraremos vuestro alado / reposo evanescente ni veremos / fuera de aquí cabezas capiteles / que así miren la tarde y la mañana.” (Cariátides), o el lenguaje: “Mimbres de la verdad son las palabras, / pero el agua en su cesto poco dura. / Resbalan las versiones de los verbos / en un arco iris de significados / […] / La belleza nos es dada en fragmentos, / en sucesión de rostros y vocablos; […].” (Trampas del logos II). Altamente recomendable este poemario, segundo que publica el nuevo sello editorial de in-VERSO, que nace con la clara vocación de acoger la mejor poesía.

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LA VERDADERA HISTORIA ESTÁ EN LOS REPLIEGUES

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Joseph Roth, Job. Història d’un home senzill,
Trad. de Judith Vilar,
L’Avenç, Barcelona, 2012, 174 págs.
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por Anna Rossell
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Magistral esta novela del gran narrador centroeuropeo Joseph Roth (Brody –Galicia del este, Imperio Austrohúngaro-, 1894; París, 1939), que a partir de un argumento sencillo sabe contar un capítulo de la historia con mayúsculas, la de los judíos del este europeo en las primeras décadas del siglo XX. Nada como la buena literatura para documentar unos hechos, un comportamiento, una forma de ser y de vivir, las consecuencias de los sucesos sobre la vida de los individuos. Porque sólo un observador preciso dirige su mirada hacia el detalle significativo, hacia lo sutil y lo inefable, sabe que la verdadera historia está en los repliegues, y sólo una pluma sensible es capaz de transmitirla. La historiografía al uso carece de herramientas para ello. Roth pertenece a ese linaje de escritores de la llamada generación perdida europea del siglo XX que asistió a las grandes transformaciones político-sociales de su continente, acontecimientos que él quiso y logró documentar magníficamente. Nadie como él supo retratar el desmoronamiento del imperio austro-húngaro (La marcha de Radetzky, 1932), nadie predijo, diez años antes, la ascensión del nazismo al poder (La tela de araña, 1923). Coetáneo y amigo de Stefan Zweig -como él, judío-, sus diferencias radicaban en su posicionamiento ante los acontecimientos, en el caso de Roth de simpatía decididamente socialista durante muchos años, antes de que en 1926 -desencantado por su estancia en la Unión Soviética- su escritura diera un vuelco melancólico de nostalgia hacia la desaparecida monarquía. Roth es el narrador por excelencia que dominó y practicó todo tipo de registros (reportaje, glosa, crítica teatral, cinematográfica y literaria). Dedicado tanto al periodismo –trabajó para los periódicos más importantes de su tiempo- como a la ficción literaria, algunos estudiosos valoran por igual la alta calidad de sus crónicas periodísticas y la de su narrativa más estrictamente literaria. La sagacidad y precisión de sus artículos lo sitúan a la altura de otros coetáneos de renombre como Egon Erwin Kisch y Kurt Tucholsky. Este dominio de los géneros, unido a la extraordinaria capacidad de recepción de Roth, cristaliza en una prosa a menudo poética, de gran belleza, magníficamente vertida al catalán por la traductora, que nos permite acercarnos a personajes vivos y a ambientes intimistas, descritos con la profundidad psicológica y la precisión de quien pinta un cuadro tras cuya prolijidad de detalles y gestos se esconde lo verdaderamente importante de una historia. Job, relata como reza el subtítulo, el devenir de un hombre sencillo, un judío –Mendel Singer-, que vive humildemente con su esposa y sus cuatro hijos en la pequeña localidad de Zuchnov, en la Rusia de los zares. Como la figura del Job bíblico, Singer es un hombre piadoso y temeroso de Dios, al que progresivamente asolan todas las desgracias, que, como Job, asume como voluntad divina, hasta que la acumulación de adversidades le lleva a ver en el cielo a su enemigo más acérrimo y a perder la fe. La familia de Singer no se nos presenta como un caso aislado. De la mano de Roth conocemos los avatares que aquejaron a tantas otras familias de su condición y creencias en la Rusia campesina de los años anteriores a la Gran Guerra, la emigración a los Estados Unidos, su acogimiento allí por parte de la comunidad judía, la fraterna cordialidad reinante en el barrio de sus correligionarios, las consecuencias de la campaña bélica, … . Sólo el final, un tanto sorprendente y poco realista, testimonia –la novela vio la luz en 1930- la regresión de Roth a una fe ciega en valores ancestrales como tabla de salvación para el humano.
En España se dio a conocer muy pronto (desde los años treinta del siglo pasado) la literatura de este gran narrador centroeuropeo, en cambio los estudios sobre ella y su vida se han hecho esperar. Pero entretanto al renovado interés por su obra –veinticinco libros sólo a partir del año 2000, doce en Acantilado- se han añadido estudios (dos de ellos, de Géza von Cziffra, también en Acantilado) como los de Pilar Estelrich, Visió d’Àustria a Joseph Roth (Universidad de Barcelona, 1992), Soma Morgenstern, Huida y fin de Joseph Roth (Pre-Textos, 1999, 2008), Géza von Cziffra, El santo bebedor. Recuerdos de Joseph Roth (Trea, 2000; Acantilado, 2009), Claudio Magris, Lejos de donde. Joseph Roth y la tradición hebraico-oriental (Eunsa, 2002, 2003, 2004), Olga García, La obra de Joseph Roth, Liceus, 2006), Géza von Cziffra, Joseph Roth, cuentista extraordinario (Acantilado, 2009) y la biografía de Helmut Nürnberger, Joseph Roth (Alfons el Magnànim, 1995).

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UNA DIVERTIDA LECCIÓN DE HISTORIA

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Miguel F. Villegas
La cruz de sangre. Conjura contra las cortes de Cádiz
Padilla Libros Editores & Libreros,
Sevilla, 2012, 219 págs.
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por Anna Rossell
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No es una novedad que escribir para un público joven requiere una fórmula específica, que reclama del autor una atención especial que le obliga a no perder nunca de vista la gama de edad de los lectores a los que se debe. Sin embargo la receta no es única; hay muchas maneras de atraer y mantener la atención del joven lector, el espectro de registros es amplio y hay ejemplos paradigmáticos –Harry Potter, por mencionar el más emblemático-, que han logrado ganar para el texto escrito a niños y jóvenes en un mundo en que casi todos auguraban la muerte de la lectura a favor de los juegos informáticos y el universo de la comunicación por la imagen. La apuesta más difícil sigue siendo la de enseñar divirtiendo, algo que muy pocos son capaces de conseguir.

Miguel F. Villegas (Jerez de la Frontera –Cádiz-), maestro, licenciado en geografía e historia, músico y escritor, es un pedagogo nato, motivado e ilusionado, que cree firmemente en el diálogo con las generaciones jóvenes y no renuncia a enseñar lo que por firme convicción cree necesario y responsable: los fundamentos de la convivencia. Villegas ya ha demostrado ampliamente con anterioridad que él acepta el reto y sale más que airoso del envite. Sobre todo en sus dos últimas novelas Tocata y fuga con Bach (agotada ya hace tiempo la 2ª edición) y Como agua entre los dedos (2010), el autor combinaba magistralmente entretenimiento y diversión con educación en los valores humanos esenciales: el respeto por la diferencia, la democracia constantemente mejorable, el conocimiento del pasado como herramienta fundamental para entender el presente y construir el futuro. Por ello en La cruz de sangre. Conjura contra las Cortes de Cádiz –“novela juvenil basada en hechos históricos”-, como reza su segundo subtítulo, sigue fiel a su trayectoria. Aprovechando el aniversario del bicentenario de la proclamación de la primera Constitución de España –La Pepa-, una de las más liberales de su tiempo, y midiendo con equilibrada premeditación las dosis justas de los ingredientes necesarios para atrapar en sus páginas a sus destinatarios, Villegas pergeña una historia de aventura y misterio en la que una pareja de adolescentes -chico y chica, con los que el lector se identificará- se ve implicada en un complot contra las Cortes de la capital gaditana en tiempos de la ocupación de España por las tropas napoleónicas. Atento a la necesidad de mantener la atención y la tensión, el autor compone capítulos breves, cuyo final deja en sopesado y premeditado suspense para provocar las ganas de seguir el hilo hasta el final. Las pesquisas y los peligros que han de superar los protagonistas parecen ocupar el primer plano de una novela que es, en realidad, también y en el mismo plano, una lección de historia, la que sentó los cimientos de la España contemporánea. La novela, susceptible de interesar a una amplia gama de adolescentes de entre diez y quince años y despertarles el interés por la lectura, es sin duda un instrumento educativo valiosísimo para docentes de todos los institutos de países de habla hispana, un libro que merece formar parte de los programas de lectura escolar, que se presta por añadidura a charlas y fructíferas discusiones en clase.

De Villegas se han publicado en España, además, La isla de los espejos (6ª edición), El monasterio perdido (3ª edición). Es también autor de poemas, obras de teatro para jóvenes y relatos. Según el Barómetro de Hábitos de Lectura 2008, publicado por la Federación de Editores de España, Villegas es el segundo autor español más leído, entre lectores de 10 a 13 años.

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LITERATURA AFRICANA DE AUTORAS

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Inmaculada Díaz Narbona
Asunción Aragón Varo (Eds.)

Otras mujeres,
Otras Literaturas

Ediciones Zanzíbar, Madrid, 2005, 189 pp.

por Anna Rossell
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Aunque con lentitud y reticencia, finalmente en nuestro país se aprecia un interés progresivamente creciente por unas literaturas a las que hace ya tiempo hubiera debido prestarse la atención que merecen. Aun siendo muy largo el camino que queda por recorrer para ponernos al día del ritmo que ha seguido la producción literaria africana hasta la actualidad –sobre todo de la que corresponde a África subsahariana-, algún avance se detecta en el goteo de traducciones que se van publicando de autores y autoras de este continente en España.

Los lectores inquietos, interesados en procesos de escritura de tradiciones culturales para él desconocidas, han podido gozar en los últimos años de una oferta algo más amplia y de calidad para su deleite intelectual y literario. Desde 2003: Mariama Bâ, Mi carta más larga (Zanzíbar, 2003) –en catalán Una carta molt llarga, de reciente publicación en Takusan Ediciones-; Amma Darko, Más allá del horizonte (Ediciones del Cobre, 2003); Véronique Tadjo, La sombra de Imana (Ediciones del Cobre, 2003); Ananda Devi, Suspiro (Ediciones del Cobre, 2004); Fatou Diomé, En un lugar del Atlántico -en catalán El ventre de l’Atlàntic- (Lumen, 2004 y Pagès Editors respectivamente); Buchi Emecheta, Las delicias de la maternidad (Zanzíbar, 2004); Ken Bugul, Riwan o el camino de arena (Zanzíbar, 2005); Ahmadou Kourouma, Los soles de las independencias (Alpha Decay, 2005). Sin ser exhaustiva, la lista desde luego podría (debería) ser muchísimo más larga, tanto más cuanto que me refiero a autores de un continente que no es precisamente de dimensiones reducidas y ha dado entretanto un considerable plantel de escritores.
Si el desajuste entre el ritmo de nueva producción de estos autores y el volumen de publicación de sus obras en España ya es considerable, la desproporción se agranda con creces si consideramos el retraso acumulado desde que, con la independencia de la mayoría de los países subsaharianos de las metrópolis europeas en los años sesenta, fue surgiendo la primera generación de novelistas y poetas africanos.

No es casualidad que los sellos editoriales que se encargan de estas publicaciones sean casi siempre los mismos y tampoco lo es que muchos de ellos, conscientes de la necesidad, nacieran justamente por ellas y para ellas. Lamentablemente alguno ha sucumbido a las dificultades. Aunque su desaparición se haya visto recientemente compensada por el nacimiento de otra prometedora iniciativa de similares características –Takusan Ediciones- a la que deseamos larga y menos accidentada vida, el panorama no es aún alentador. El hecho de que un proyecto como el que la “Asociación Cultural Translit” –dedicada a dar a conocer en España las buenas literaturas de otros continentes que en nuestro país pasan desapercibidas con demasiada frecuencia- esté dando síntomas de agotamiento, no augura nada bueno. Los magníficos y excepcionales encuentros literarios que bianualmente venía celebrando en Barcelona esta asociación desde el año 1993 parecen haber quedado interrumpidos por falta de la mínima financiación necesaria y extenuación general del reducido pero eficiente equipo organizativo. Queremos creer que se trata tan sólo de una interrupción. La última edición de estos encuentros literarios, celebrados en diciembre de 2003 en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) bajo el nombre de Mercat d’històries-Translit ’03, dedicado a las literaturas subsaharianas y caribeñas, reunieron a veintiún autores de estas regiones y otros tantos de Cataluña y la variedad de los formatos en que se nos ofrecieron las actividades programadas y la diversificación y el interés temático que abarcaron fueron el reflejo directo de unos conocimientos literarios y una profesionalidad en la gestión cultural cuya pérdida no puede permitirse una ciudad cosmopolita como Barcelona. En España el proyecto de Translit desde luego era pionero en el año 1993, pero lo sigue siendo actualmente, y 2005 se ha quedado ya sin la correspondiente edición de tan esperados encuentros.

Que Francia y Gran Bretaña presten mayor atención a estos autores puede que se explique por el hecho de que estos países fueran dos de los antiguos colonizadores de muchos de aquellos territorios africanos y porque viven allí una buena parte de ellos que escriben originalmente en francés y en inglés. Pero no es éste el caso de alemania, y sin embargo nos lleva una enorme ventaja tanto en la traducción a su lengua de estas literaturas como en su difusión e investigación. Y no sólo en la investigación de los textos literarios, sino en general de temas que atañen al continente africano.

A la vista de este precario panorama hay que felicitarse por la aparición de un libro que no sólo destaca porque es el primero de sus características en España, sino también por ser un evidente reflejo de una larga trayectoria profesional dedicada al estudio de las literaturas africanas de su especialidad por parte del colectivo de autores que suscriben sus capítulos.
Otras mujeres, otras literaturas reúne a mi juicio un buen cúmulo de virtudes: En la parva extensión de 185 páginas, producto de un ingente y nada simple esfuerzo de condensación, da cuenta del recorrido literario de las diversas generaciones de las escritoras más destacadas del continente africano desde sus inicios, a partir de los primeros años de la independencia de los respectivos países, hasta la actualidad. Dividida en cuatro grandes apartados de equilibrada distribución –Narrativa subsahariana en lengua francesa, Narrativa subsahariana en lengua inglesa, Narrativa magrebí en lengua francesa y Bibliografía-, la obra ofrece a los lectores una visión panorámica de su trayectoria, una visión general pero cautelosa con las generalizaciones y atenta a las particularidades significativas. La subdivisión a su vez de cada uno de los apartados en Origen y evolución y Tendencias actuales respectivamente –a cargo cada uno de un investigador distinto- invita a la comparación y contribuye a poner de manifiesto los rasgos comunes inherentes a los textos literarios y a las generaciones de unas autoras que proyectan en su imaginario de ficción unas experiencias traumáticas, personales e históricas, demasiado parecidas. Mérito añadido es que, al hilo del análisis y del comentario literarios, se nos informa además de la polémica en torno al feminismo desde el punto de vista de las autoras africanas, de sus diferencias y de sus propuestas alternativas.

Por sus características el libro viene a ser una especie de manual, una introducción para quienes quieran iniciarse con buen fundamento en el tema. Se distingue sin embargo de los manuales clásicos en que, a pesar de ser producto de seis plumas distintas, desarrolla un estilo de escritura ameno y fluido, y accesible también a los legos -sin ir por ello dirigido exclusivamente a no iniciados-, sabe despertar el interés del lector que, lejos de contentarse con una consulta puntual, se siente cautivado por la lectura y motivado a seguir leyendo.
Es por otro lado una obra que cabe valorar en su conjunto, y no aisladamente por capítulos, puesto que su mayor mérito reside, a mi entender, en las conclusiones que pueden extraerse precisamente de la comparación. Aun tratándose de un libro ágil, accesible y de discreta extensión, no pasa inadvertido el amplio bagaje de conocimientos que lo sustenta ni el rigor metodológico que subyace al trabajo que desarrollan sus autores. Sólo algunas referencias repetidas en los dos primeros subcapítulos parecen subsanables.

Trabajo tan encomiable se debe a un equipo formado por Landry-Wilfrid Miampika (Universidad de Alcalá), Inmaculada Díaz Narbona (Universidad de Cádiz), Marta Sofía López Rodríguez (Universidad de León), Cristina Boidard Boisson (Universidad de Cádiz) y Josefina Bueno Alonso (Universidad de Alicante).
El hecho de que sólo tres autoras del colectivo pertenezcan a la misma institución parece un buen augurio, ya que es motivo de esperanza de que la semilla, distribuida en diversos campus, fructifique y cree escuela. Aún es más loable el esfuerzo en la medida en que en él confluyen energías desde distintas Universidades. Conviene trabajar en equipo. Nos consta que la Universidad de Cádiz cuenta desde hace tiempo con un grupo de investigadoras que lo hace y la publicación ahora de Otras mujeres, otras literaturas da fe de que sabe hacerlo incluso en el nivel interuniversitario. Esperamos que este libro, publicado por la editorial Zanzíbar fuera de colección, sea la primera piedra en una larga lista de ensayos literarios en esta misma línea.

© Anna Rossell
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