COMO AGUA ENTRE LOS DEDOS
Miguel F. Villegas
Ediciones Aljibe, Málaga, 2010, 302 págs.
por Anna Rossell
http://annarossell.blogspot.com/
Encantadora y principal esta nueva novela de Miguel F. Villegas. Encantadora en el sentido literal, pues atrapa al lector como por arte de encantamiento –aunque nada en ella sea sobrenatural, aunque todo se deba a las virtudes tangibles de la buena capacidad para la escritura y la fabulación de historias-. Principal, porque todo en ella es esencial para una cuestión fundamental en toda sociedad responsable y civilizada: la educación de sus jóvenes.
Miguel F. Villegas (Jerez de la Frontera –Cádiz-), maestro, licenciado en geografía e historia, músico y escritor, cuenta a sus espaldas con una larguísima experiencia como profesor de instituto en Sevilla. Su dedicación a la escritura se nutre de esta experiencia, que ha ido forjando su convicción y su fe en el ser humano y sabe de la trascendencia de la etapa adolescente para la vida de todo individuo. El autor reúne las cualidades de un verdadero maestro, el que sabe enseñar aprovechando las cualidades positivas de cada cual, en las que cree y por las que apuesta firmemente. Como agua entre los dedos destila este espíritu por los cuatro costados. La novela, cuyos protagonistas son chavales de instituto de quince años, apunta y ha de atraer a un público lector más amplio aún -aún más joven-, con lo cual asegura un mayor impacto educativo, objetivo que el libro se propone claramente. El autor sabe manejar a las mil maravillas todos los ingredientes que han de sazonar, en sus justas cantidades, un libro así para surtir el efecto deseado en sus lectores. Frescura, simpatía, suspense y tensión dramática son los aderezos para un texto que toca en mayor o menor medida los problemas más acuciantes de nuestra actualidad: la democracia, la homosexualidad, los fanatismos, la violencia gratuita –incluida la de género-, la ecología y las graves consecuencias de una conducción irresponsable. Y, aunque fácilmente pudiera haber caído en el tópico recetario maniqueo del clásico pedagogo teórico, Miguel F. Villegas sabe evitarlo. Si a veces tiende a tratar las situaciones con cierto esquematismo, lo hace en su justa medida como tributo al público al que se dirige en primera línea (aunque también es de interés para profesores), para captar su empatía, algo que a buen seguro logra. La historia de Como agua entre los dedos – aunque el nombre del centro, Mercadante de Bretaña, insinúe su ubicación en Sevilla, ciudad en cuya catedral trabajó el escultor bretón del siglo XV al que hace honor el título-, transcurre en un instituto de enseñanza secundaria que pudiera ser el de cualquier ciudad del mundo de nuestra órbita cultural. La iniciativa del profesor de filosofía, Samuel, un educador nato en buena sintonía con los chavales, juvenil, luchador, optimista y positivo, consigue poner en marcha en el instituto un proyecto de participación democrática e implicación de los alumnos que cambiará por completo sus vidas y los redimirá de su apatía. El texto da vida a una amplia palestra de caracteres que Villegas recrea con verosimilitud: la variopinta plantilla de profesores, la matizada idiosincrasia de los adolescentes, cuya psicología sabe pormenorizar hábilmente, sus enfrentamientos, su honradez, su agresividad, sus simpatías y sus odios, sus miedos y frustraciones… .La rutina del instituto se ve alterada por el revitalizador proyecto de Samuel y la historia axial de suspense detectivesco en que acaban envueltos los protagonistas, una historia genialmente pergeñada alrededor del intento de asesinato de un alumno homosexual a manos de ultras. Encomiable la maestría del autor en el manejo del argot juvenil, que sabe matizar a discreción según la psicología de cada personaje, encomiable también la genialidad de las imágenes -casi siempre simpáticas, a menudo poéticas- de que hace gala la voz narradora. Por su parte, la editorial acierta en la tipografía y en las ilustraciones, de estética cómic muy en consonancia con la frescura de la historia. Falla sólo un poco en la revisión del texto, que contiene algunos errores dactilográficos que habrá que corregir en la segunda edición.
De Villegas se han publicado, además, La isla de los espejos (6ª edición), El monasterio perdido (3ª edición), Tocata y fuga con Bach (agotada la 2ª edición). Es también autor de poemas, obras de teatro para jóvenes y relatos. Según el Barómetro de Hábitos de Lectura 2008, publicado por la Federación de Editores de España, es el segundo autor español más leído, entre lectores de 10 a 13 años.
© Anna Rossell
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«Aunque escribo esto en el año 1877, he nacido en 1921. Ni las fechas ni los tiempos verbales están equivocados. Permitidme explicarlo.» Así comienza la deliciosa novela de Ward Moore. Naturalmente, se trata de otro relato de un viaje por el tiempo, pero es algo más que eso. Es también uno de los primeros mejores y más desarrollados ejemplos de esa subcategoría de ciencia ficción que se conoce como historias de «mundos alternativos», historias construidas a partir de una premisa común: la posibilidad de que en cada determinado momento muchos universos diferentes se desprendan del nuestro y, por lo tanto, existan infinidad de otros mundos, otras Tierras, surgidas como variantes en momentos cruciales de la historia. Al ambientar los relatos en alguna de estas líneas de tiempo alternativas, los autores de cf pueden introducir infinidad de cambios en la historia conocida. Por ejemplo, pueden imaginar un mundo en el que los chinos fueran los primeros en colonizar América del Norte, como ha hecho Murray Leinster en «Sideways in Time» (1935), o en el cual la sociedad nortea-mericana contemporánea surja del feliz asentamiento masivo de los vikingos nueve siglos antes, que fue lo que hizo L. Sprague de Camp en «The Wheels of If» (1940). En Lo que el tiempo se llevó (Bring the Jubilee), Ward Moore construye su ficción precisamente alrededor de una idea de este tipo: la suposición de que el Sur ganó la guerra civil norteamericana.
Es uno de los clásicos de segunda línea de las revistas de cf norteamericanas. A menudo se la ha comparado con la ficción de A. E. van Vogt, escritor muy popular, aunque carente de rigor, cuyas obras no he podido incluir en esta selección (sus novelas más conocidas son Slan, de 1946, y El mundo de los no–A, de 1948). En mi opinión, el libro de Harness es superior a cualquiera de los de van Vogt. Los hombres paradójicos (The Paradoxe Men) se publicó por primera vez en 1949 en una versión resumida para una revista, con el título de «Flight into Yesterday» [«Vuelo al ayer»]. Tanto uno como otro título dan la pauta del tema principal de la historia: las paradojas del viaje a través del tiempo.
Esta intensa fantasía sobre las posibilidades de la liberación de las mujeres es una novela malvada, «malvada» en su honestidad sobre los impulsos eróticos y sádicos, y los modos en que esos impulsos subvierten todos nuestros sueños utópicos. Puesta contra el marco de fondo de unos Estados Unidos de América en derrumbe, es una obra de puro terrorismo horripilante. Su tema tiene una ligera semejanza con Myra Breckinridge (1968) de Gore Vidal: el personaje principal, Evelyn, empieza siendo un hombre pero lo convierte en una mujer (y una mujer bella, además) una mujer cirujana que está loca, pero en mi opinión ésta es una novela mucho más impresionante.