FRANKENSTEIN, O EL MODERNO PROMETEO (Mary Shelley)

Robert Walton abandona Inglaterra, su país natal, en dirección al Polo Norte y con el propósito de explorarlo. Reúne para ello al grupo de hombres que constituirá su tripulación. Mas esta tarea resulta harto complicada debido al peligro que acecha incesantemente en esos inhóspitos parajes. Una vez conformada la cuadrilla emprende el duro viaje. Cuando están ya llegando al Polo, y las condiciones comienzan a hacerse completa-mente insufribles, encuentran en su camino a un extraño personaje que viaja sobre un trozo de hielo navegando por un mar de aguas congeladas. El hombre es rescatado de entre las aguas y subido a bordo del barco, y es entonces cuando el Doctor Frankenstein comienza su aterrador e insólito relato.

De origen ginebrino y nacido en el seno de una familia bastante acomodada, la infancia del Doctor Frankenstein transcurrió feliz. Desde muy joven se interesó por los secretos que la naturaleza albergaba en su interior. Sus investigaciones se encaminaban hacia la metafísica y los secretos físicos del mundo. Durante años se dedicó a estudiar a Cornelius Agripa, a Paracelso, a Alberto el Grande. Pronto nació en su interior el deseo de deducir las causas últimas, de superar las murallas que impiden a los hombres penetrar en los reductos de la naturaleza, de hallar la fórmula para liberar al organismo humano de la enfermedad haciendo así del hombre un ser invulnerable a todo excepto a la muerte violenta. Era su intención estudiar las fuerzas desconocidas y revelar al mundo los misterios de la creación. Con estas pretensiones abandonó Ginebra y se trasladó a Ingolstadt con el fin de instruirse allí acerca de los avances de la ciencia. Uno de los fenómenos que más le interesaban era la composición de la estructura humana y la de todos los animales vivos.

Una y otra vez se interrogaba acerca del origen de la vida. Para ello se consagró a la investigación de la composición natural y los procesos de corrupción del cuerpo humano tras el fallecimiento, ya que sólo introduciéndose en el estudio de la muerte se hallaría en condiciones de penetrar los misterios de la vida. Una vez hubo reunido los conocimientos necesarios decidió que se hallaba en condiciones de realizar el proyecto que desde el primer momento se había planteado: crear un ser humano. Si conseguía animar la materia inerte, luego le sería posible rescatar a la vida a los cuerpos ya muertos. Y fue así como, violando los secretos de la naturaleza humana, consiguió crear lo que desde un principio se había propuesto. Mas, una vez hubo llevado a cabo su empresa exitosamente, una gran repulsión hacia su obra se apoderó de él y salió corriendo despavorido de la habitación en la que se hallaba su creación. Tras ello cayó en un estado harto peligroso para su salud y, una vez recuperado, decidió volver a Ginebra junto a su familia. Mas cuando llegó a su destino recibió la noticia de que su hermano menor había fallecido en extrañas circunstancias. Un sentimiento de temor invadió al Doctor Frankenstein, y comenzó a sospechar que el autor de tan malévolo crimen pudiera ser la criatura cuyo autor había sido tiempo ha.

Afligido y ensimismado en sus pensamientos decidió, con el fin de recuperarse de los disgustos ocasionados por las desgracias acaecidas en los últimos tiempos y aclarar sus ideas, preparar una excursión a las montañas.

Un día, estando disfrutando del contacto con la naturaleza, apareció ante él desde detrás de unos riscos una abominable criatura desproporcionadamente grande y deforme. Pronto reconoció en ella al monstruo fruto de sus experimentos en Ingolstadt. Al principio se asustó, pero su creación le dijo que se tranquilizara, que no le iba a hacer nada, que únicamente quería hablar con él. Fue entonces cuando el monstruo le llevó a su morada, y allí le relató su historia: Una vez abandonado por Víctor Frankenstein, la criatura salió al mundo exterior. Allí, debido a su aspecto físico, fue víctima del odio y el rechazo de todo el mundo. Su corazón albergaba buenos sentimientos, mas éstos fueron sustituidos por otros de índole negativa al verse expuesto a tamaña beligerancia por parte de los seres humanos. De modo que decidió buscar a su creador para exigirle que cumpliera con la obligación que tenía para con él, y que no era otra que asegurar la felicidad y el bienestar de su creación. De esta manera le pidió al Doctor Frankenstein una única cosa: que le diera una compañera. Nuestro protagonista aceptó la petición del monstruo creyendo que de esta manera, por un lado, cumplía con el deber que tenía para con su creación y, por otro, una vez concluida la labor zanjaría el desagradable asunto. Así que volvió de nuevo a Ginebra con el fin de comenzar con el proyecto que deseaba terminar cuanto antes. Se retiró a una isla con el fin de poder mejor trabajar. Continuamente le asaltaban dudas acerca de si estaba haciendo lo correcto, si no estaría con ello exponiendo a sus congéneres a graves peligros. Pero el miedo que experimentaba era mucho, ya que su creación le había amenazado con matar uno a uno a todos sus seres queridos si no cumplía con su misión. Cierta noche el monstruo se presentó en su laboratorio con el fin de supervisar el avance de los trabajos que culminarían con la creación de su ansiada compañera. El Doctor Frankenstein montó en cólera y destrozó su proyecto, dando así pie a que la criatura desatara su ira contra él.

Uno a uno fue exterminando la creación a los seres queridos de aquel que le había dado la vida, impidiendo así al protagonista de nuestra historia descansar ni ser feliz. Cuando Robert Walton encontró a Víctor Frankenstein éste iba persiguiendo al monstruo con el fin de darle muerte y así poder vengar todos los horribles crímenes de los que sus allegados habían sido víctimas.

A los escasos días de terminar de narrar su historia el Doctor Frankenstein cayó en un estado muy peligroso para su salud, y murió al poco tiempo, no sin antes pedirle a Robert que le vengara. Los restos de Frankenstein reposaban en un camarote del barco. Mientras Walton daba un paseo por cubierta escuchó unos ruidos que provenían de la estancia donde yacía el cuerpo inerte de su carísimo amigo. Corrió a ver qué ocurría, y cual fue su sorpresa al encontrar al monstruo que el Doctor Frankenstein había creado allí, derramando lágrimas sobre los restos de su creador. Robert Walton se enfrentó a él. Mas la horrible criatura, haciendo acopio de fuerzas, le comunicó su sentimiento de arrepentimiento y su propósito de abandonar la vida ahora que habían acabado los motivos para que continuara existiendo. Dicho esto, saltó por la ventana del camarote y desapareció.

Prometeo fue quien robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres después de que éstos hubieran sido castigados por aquellos a carecer del mismo. Es por ello que el subtítulo dado a esta genial y apasionante novela de la británica Mary Shelley es bastante acertado. Sí, Víctor Frankenstein es una nueva versión del clásico Prometeo de

la mitología griega. Pero no fue el fuego lo que robó el protagonista de la historia, sino el secreto de la vida. Penetrando en los insondables misterios de la naturaleza descubrió el origen de la existencia con el fin de entregarle su secreto a los humanos. El desenlace de la novela guarda asimismo un cierto paralelismo con el prometeico mito: de modo similar a como las acciones del griego fueron penadas con el encadenamiento en la cima del Cáucaso y posteriormente con el martirio que debía suponer el que un águila devora su hígado, que volvería nuevamente a crecer, el Doctor Frankenstein será castigado a arrastrar consigo durante el resto de sus días el dolor de la desgracia que se cierne sobre su cabeza, un martirio interminable que sólo hallará alivio con la muerte.

Las páginas de esta obra dan mucho que pensar. Se expone aquí un tema cuya repercusión y efectos debieron ser los mismos que los que ocasionaran años atrás las obras de Julio Verne. El viaje de la Tierra a la Luna podía parecer una ficción en su tiempo, un imposible y vano fantasma fruto de un delirio pasajero. Pero lo cierto es que el hombre ha llegado a la Luna, y la realidad ha superado con creces a la ficción. ¿No hemos pisado ya la Luna? ¿No es cierto que con los avances actuales de la ciencia pronto podremos llegar mucho más lejos de lo que aún podamos imaginar? Las aparentemente ficticias historias de las que estos autores nos hacen partícipes, especialmente la obra que nos ocupa en este estudio, instan al lector a pararse a hacer un serio balance acerca de las drásticas consecuencias que los avances de la ciencia y la tecnología pueden traer consigo. Todo ello plantea serios problemas, en gran parte éticos. A continuación explicaré a qué me quiero referir con esto de los problemas éticos. La problemática expuesta en “Frankenstein” bien podría trasladarse a la que hoy día existe en torno al asunto de la clonación. Primero se empezó por clonar animales (fruto de ello se creó a la célebre oveja Dolly). Lo siguiente sería hacer copias exactas y perfectas de los órganos humanos, alegando como razón que ello sería de gran provecho en el caso de la realización de transplantes de los mismos, que de este modo se salvarían muchas vidas. En lo que a este punto respecta, se hizo en primer lugar la firme promesa de que la técnica de la clonación no se aplicaría nunca para crear seres humanos en su completitud, esto es, que no se utilizaría como medio para dar vida a hombres completos sustituyendo así la reproducción embrionaria propia de los seres humanos por otra artificial. Hoy se rumorea que los científicos, rompiendo la promesa que en su día (un día que, por otro lado, no nos queda demasiado lejano en el tiempo) hicieron a la humanidad, se están planteando emplear la clonación para dar origen a individuos del género humano. Arguyen para justificarlo que de este modo se mejorara la especie, que las cosas avanzarán más rápido, que viviremos más y mejor, que pronto nos elevaremos hacia un grado superior de ser, de existir…

¿Es esto realmente cierto? ¿Mejorará en algo la clonación nuestras condiciones de vida? Evidentemente sí; gracias a esta técnica podremos llegar a ser lo que queramos, hacer del ser humano una especie de superhombre, insensible al dolor y a la muerte, capaz de realizar cualquier maravilla que se propusiera. Nos elevaríamos así a la categoría de dioses, el secreto de la vida en nuestras manos, el mundo a nuestros pies. Todo ello es claramente positivo. Mediante un simple proceso de manipulación del genoma humano se posibilitaría la consecución de individuos que poseyeran un basto coeficiente intelectual, una gran fuerza, una belleza inigualable… (el elenco de características entre las que se puede elegir a la hora de crear este tipo de seres es casi ilimitado) . Bastaría con realizar varios prototipos de hombres ideales conforme a los cuales se realizaría la clonación.

Así obtener cientos, miles, millones de individuos totalmente idénticos entre sí. Se podrían, como describió Aldous Huxley en “Un mundo feliz”, realizar varios tipos de hombres: Epsilones, Alfas-Más, Metas-Menos… Cada uno de ellos destinados a una determinada labor, con un papel ya prefijado desde antes de que tenga lugar su nacimiento. Se ten-dría así la posibilidad de crear individuos que fueran capaces de satisfacer las necesidades que en la sociedad fueran surgiendo. Es innegable que ello contribuiría en gran medida a abrirnos paso y avanzar satisfactoria-mente en muchos campos que hoy se consideran inescrutables para el hombre. Pero, ¿no es cierto también que ello destruiría la originalidad de la especie? ¿Acaso no es verdad que podría dar lugar a que el poder se con- centrara aún más si cabe en manos de aquellos que tienen la potestad para realizar este tipo de actividades? Es por todo esto que se hace impres-cindible una reposada y detenida reflexión en torno al asunto porque, lo que hoy puede parecer positivo bien podría tener consecuencias muy negativas, incluso devastadoras para el género humano. Lo primero que habría que plantearse es si se debe confiar plenamente en la palabra de aquellos que prometen que el sistema siempre será utilizado como medio para beneficiar al hombre, para mejorarlo, y nunca en detrimento de la especie humana. Y es en este punto donde se hace preciso adoptar una postura cuyos extremos serían la confianza o el recelo (un término medio no ten-dría lugar debido a la importancia que posee el asunto que nos ocupa). Porque, claro está, no todo lo que en un principio promete ser bueno acaba siendo de este modo. Piénsese por ejemplo en la importancia que tuvo el descubrimiento de la fusión atómica. Evidentemente dicho hallazgo ha originado grandes avances; mas también enormes catástrofes, véase el caso del impune uso que se ha hecho de él para crear algo tan monstruoso como la bomba nuclear, que ha ocasionado grandes calamidades no sólo en lo que al entorno ecológico se refiere, sino también en el ámbito humano. ¿Cuántas vidas se cobró la bomba de Hiroshima? ¿Qué alcance tuvo? ¿Cuáles fueron sus repercusiones? Todo ello no hace sino echar tierra sobre el proyecto de la clonación en lo que a seres humanos se refiere. Pero la que suscribe no trata de probar ni defender que la clonación sea positiva o negativa (entre otras cosas porque no se considera con la suficiente autoridad moral como para emitir una sentencia en torno a la misma). Lo único que trato de demostrar es que urge realizar una valoración del asunto, de sus posibles consecuencias (ya sean beneficiosas o perjudiciales).

Si seguimos a la autora en el punto que nos ocupa ahora mismo, su balance es absolutamente pesimista. Mary Shelley predice claramente las consecuencias de la utilización tecnológica inmoral. La novela, aparecida en el período de la primera Revolución Industrial, hizo reflexionar a la escritora sobre los riesgos de la sociedad tecnológica naciente, inherente a la investigación científica y a la explotación de la naturaleza.

Lo que subyace a los proyectos del Doctor Frankenstein es, obvia-mente, un intento de obtener poder. Víctor se inspira en los flamantes científicos en quienes ha adivinado ese poder ilimitado para ocupar el papel de Dios en relación a su creación. Al hacer eso no sólo ha penetrado la naturaleza, sino que ha usurpado el poder de procreación en un deseo maniático de controlar los modos de reproducción con el objetivo de ser reconocido y reverenciado como el padre de las nuevas especies. Pero pronto se frustran sus ambiciones: la criatura a la que ha dado a luz se rebela contra su creador. Es sólo entonces cuando Frankenstein comienza a plantearse el verdadero alcance y la repercusión de su obra. Mas ya es demasiado tarde, no se puede hacer nada

Y es así como la creación termina por destruir a su “padre”.

La novela de Mary Shelley toma en consideración el hecho de que nuestro punto de vista del universo y nuestro estatus en él pueden ser cambiados radicalmente. Dichos cambios pueden ubicar al hombre en predicamentos nuevos y difíciles. Lo que pretende la autora es advertir contra la utilización de la inteligencia científica divorciada de los principios mora-les, contra los peligros inherentes a los desarrollos tecnológicos de la ciencia moderna. El mensaje clave de la obra bien podría ser el siguiente: un desarrollo científico moralmente irresponsable puede liberar un monstruo con capacidad de destruir a la humanidad.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología ha operado de tal manera que ha desequilibrado el balance entre los sistemas humanos y el sistema natural. Los científicos contemporáneos ya no se interesan por explorar la naturaleza, sino que dirigen todos sus esfuerzos a construir un nuevo sustituto artificial de ella.

La conclusión obvia de la novela es que la raza humana siempre ha intentado ir más allá de sus posibilidades, convirtiéndose finalmente así en una prisionera no de su cuerpo, sino de algo muy inhumano, y al mismo tiempo de su propio intelecto. La humanidad ha acabado por sucumbir víctima de la ambición, continuando incansablemente en su aspiración por el desafío la tarea de borrar cualquier vínculo con la naturaleza.

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EL CAPOTE (Nicolai Gogol)

Aunque por su extensión sea difícil considerar una novela esta obra, es tan completa en su trama y tan rica en metáforas y significado que merece ser considerada aparte. Desde mi punto de vista es uno de los mejores cuentos de todos los tiempos.

El capote fue publicado en 1842. Es un cuento clásico para disfrutar y, sobretodo, para quienes se reconozcan como aspirantes a cuentistas. Tiene el mérito de haber sido destacado por el mismo Dostoievski, como un cuento canónico, en su conocida frase: "Todos crecimos bajo el capote de Gogol".
Lo impactante es que tiene una gran vigencia en la Argentina de hoy y estoy hablando, también, de la pobreza. Es una historia dramática en un sentido, pero como todos los textos y felizmente, uno puede crearle múltiples lecturas.

La lectura a la que apunto en El Capote, en esta hermenéutica literaria que no es más que una invitación a leer un texto magnífico, es pensar El capote como una metáfora.

Akakiy Akakiyevich logra en un momento de su vida apasionarse por algo. Encuentra el deseo, logra esa fiebre magnífica de desear algo. Es condición que ese algo sea contingente, una nada enmascarada que desaparecerá. Finalmente la pasión por su nuevo capote le dará un sentido a esa vida gris e imposibilitada y el lector podrá solidarizarse con el protagonista. La humanidad y la ternura de esta historia son de carácter universal.
Hay quienes pueden reinventarse capotes por los que apasionarse en cada tramo de su vida, quienes renuevan su capote insistentemente, y sin haberlo previsto, dejan por herencia el puro afán de procurarse abrigos. Eso de lo incesante de la vida es el deseo, la herencia estructurante y mayor.
El verdadero cuento, el que leo definitivamente, termina con la muerte de Akakiy Akakiyevich. Si el punto final de la historia fuera ése, uno podría pensar en esta historia en tanto metáfora, aquello del ser en tanto "ser-para-la-muerte". O la muerte como punto final de una vida que gana retroactivamente todo su sentido.

La vida del protagonista parecía haber transcurrido sólo en este paisaje de la historia:
"Akakiy Akakievich se acercaba a un punto donde la calle desembocaba en una plaza muy grande, en la que apenas si se podían ver las cosas del otro extremo y daba la sensación de un inmenso y desolado desierto.
A lo lejos, Dios sabe dónde, se vislumbraba la luz de una garita que parecía hallarse al fin del mundo."

Gogol, que era piadoso porque sabía hacer con el humor, no nos deja esta historia allí. Distrae lo trágico con cierto humor enternecido, pero uno puede decir que Akakiy Akakiyevich no debía morir en ese momento. Uno también puede pensar que es la muerte la que termina con todos los capotes, es el amo absoluto. Es la muerte la que
dice que no.

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DE LA TIERRA A LA LUNA (Julio Verne)

Este es uno de los clásicos entre los clásicos de la obra de Verne. Tiene el honor de haber inspirado el primer largometraje serio de ciencia-ficción y ser una de las obras que se citan para calificar a Julio Verne como precursor del género.

En realidad, Julio Verne escribió muy poca ciencia-ficción digna de llamarse tal a lo largo de su vida. Por lo general, el carácter de su obra es aventurero y tecnológico, y en pocas ocasiones llegó a especular con los efectos que esa tecnología tendría sobre sus usuarios. Por citar alguna obra, LOS MILLONES DE LA BEGUN es uno de esos escasos ejemplos.

Por otro lado, es raro que el componente científico sea un elemento fundamental de la narración, como en LA VUELTA AL MUNDO EN OCHENTA DIAS, donde Phileas Fogg gana su apuesta gracias, precisamente, a una ingeniosa utilización del desfase horario. Pero no es lo normal, Verne prefiere que sus personajes salgan airosos de sus aventuras a base de voluntad y puro músculo antes que dando un uso práctico a cuestiones teóricas.

Sin embargo, es en sus narraciones breves (bastante más difíciles de encontrar que sus novelas) donde profundiza en los temas clásicos de la ciencia ficción y así, en UN DESCUBRIMIENTO PRODIGIOSO, EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR OX, o UN DIA DE UN PERIODISTA AMERICANO EN EL 2889, además de otros muchos, da su visión de lo que puede llegar a ser el futuro de la humanidad.

En DE LA TIERRA A LA LUNA no especula ni asienta su argumento en cuestiones científicas, eso si, pone a sus protagonistas ante problemas de índole técnico que son resueltos con mayor o mejor fortuna a lo largo de la narración, pero en ningún caso dejan de ser asuntos de ingeniería más dignos de Gustave Eiffel.

Y sin embargo, es difícil decir que DE LA TIERRA A LA LUNA no es ciencia-ficción, sobre todo cuando al avanzar la novela se cambia el objetivo original de los protagonistas, esto es; enviar un proyectil a la Luna por el puro placer de hacerlo, por el de hacer este proyectil habitable y embarcar en él a tres esforzados aventureros dispuestos a llegar a nuestro satélite.

La verdad es que, desde el principio, cualquier objeción teórica desaparece cuando el lector se sumerge en la lectura. La prosa de Verne ha envejecido notablemente, pero con todo se hace absorbente y divertida, como el pasaje donde describe a los socios del Gun-Club, hábiles artilleros parcialmente reconstruidos tras padecer los caprichos de sus instrumentos de trabajo.

Encabezados por su presidente, Impey Barbicane, los miembros de este club, en paro forzoso tras el termino de la Guerra de Secesión, idean el plan de construir el mayor cañón jamás fundido. El objetivo es claro, utilizar la Luna como blanco del monstruoso ingenio y ganar la gloria para los padres del invento.

Las dificultades y objeciones son resueltas y soslayadas con menor o mayor éxito, los cálculos efectuados y comprobados hasta el enésimo decimal, la ubicación del cañón estudiada concienzudamente (y hasta discutida políticamente) y el proyecto, con la ayuda de la entusiasta aportación popular, se pone en marcha para tener cañón y proyectil preparados en el tiempo previsto.

Pero hete aquí que Michael Ardan, un entusiasta aventurero francés, llega al centro de operaciones en Tampa con una idea que encantará a Barbicane y al animoso secretario del Gun Club. J. T. Maston. Ardan propondrá sustituir el proyectil esférico original por otro, hueco y troncocónico, con la intención de partir en el hacia la Luna.

Esta es la típica obra de Verne donde se nos inunda de cifras y datos técnicos, pero a diferencia de otras de su mismo estilo, esta escapa con mayor fortuna del fárrago y, como ya he dicho, es en ocasiones verdaderamente divertida (sospecho que tanto más divertida cuanto menos intención tenía Verne que lo fuera)

Interesante lectura veraniega, ahora que resulta más fácil encontrar en esta reedición de Plaza & Janés

© Francisco José Súñer Iglesias, 23 de junio de 1998 Créditos

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© 1998 Francisco José Súñer Iglesias
Publicado originalmente el 23 de junio de 1998 en www.ciencia-ficcion.com

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CRIMEN Y CASTIGO) Fedor Dostoievski

He tenidfo grandes dudas a la hora de clasificar esta novela, y aunque a veces parece una obra filosófica, o un drama basado en los remordimientos del autor, creo que lo más serio es considerarla una de las precursoas de la novela policiaca, en tanto en cuanto la trama gira en torno a un deliro y a los resultados tanto morales como materiales que de él se derivan.

Cuando empezamos a hablar de crimen y castigo nos referiremos inmediatamente al joven Romanovitch, un joven estudiante de derecho y protagonista de la historia, quien se sitúa un poco mas allá del común de la humanidad situándose así mas allá de las concepciones sociales del bien y del mal, al cometer el asesinato de una vieja usurera aunque, como afirmaría mas tarde “A esa vieja la mato el diablo, yo solo me asesine”. Por medio de dicho acto, él trata de probarse que es un hombre superior, al que le está permitido transgredir la ley, sin importarle la ley moral. Como el mismo lo expresa, “Sus crímenes, (de los hombres extraordinarios) como es natural, son relativos, y presentan muchas variedades, recaban la destrucción del presente en nombre de algo mejor”. Sin embargo, Rodia, arrastra su crimen a cuestas y no se puede sobreponer a la voz de su conciencia que lo hostiga y no lo redime de su pecado, tal como se ve en sus visitas a la comisaría. Crimen y Castigo refleja esa antinomia constante entre el bien y el mal, lo conciente y lo subconsciente, el relativismo de la moral y la objetividad de la ley. En el presente ensayo, se analizaran los actos y pensamientos que pasan por la mente de Rodion enfocados desde la moral y el derecho para llegar a la conclusión de lo que prevalece en ésta obra.

Toda la historia descansa sobre una paradoja, que se convierte en el eje central de la conducta de Romanovitchesca: la de si su crimen no es tal crimen sino una acción meritoria y lo que lo hace parecer un crimen es sólo un fracaso. Para Raskólnikov, matar a una vieja que además está enferma y no tarda en morir es solamente acelerar el proceso de eliminación natural, lo que él realmente considera un crimen es “El crimen es el de esa vieja avara que se obstina en vivir y guardar su dinero, el de ése parásito inmundo y voraz de ese piojo, que vive de sorber sangre a los pobres”, cuando hace alusión al trabajo de la vieja usurera. En la novela Aleona representa un régimen social injusto, criminal y que lleva tras su lomo el peso de todas sus consecuencias, lo que lleva a presentarla así, como una vieja maltrecha y acabada, pero de vigor inigualable. Por éstas razones Rodia, no considera un crimen, el matar a ese insecto repugnante, sino es un acto redentor, para ella y la sociedad. Dostoievski nos presenta al criminal como una víctima de la sociedad, a quien debemos acompañar a través de sus tormentos psicológicos, que en muchas ocasiones es imperceptible la diferencia de la realidad con sus alucinaciones, tal como sucede en su habitación cuando después de un largo descanso, entra en su habitación semionovitch, con un aire iracundo, por el cual pedirá excusas mas tarde

En la conducta de Raskolnikov se puede corroborar la tesis kantiana sobre la interioridad de la moral y la exterioridad del derecho, ya que el protagonista desarrolla todo el plan en su mente, lo cual no está regulado por el derecho, y lo hace para obtener un fin que el considera loable, por lo que el no toma en cuenta la acción en sí misma sino el resultado que se va a producir con el mismo “-¿Mi crimen? ¿Qué crimen?- gritó él, de súbito, en un repentino ataque de furor-. ¿El que haya matado a un piojo nocivo, asqueroso, a una vieja usurera que no hacia falta a nadie? Por matarla habían de perdonar la mitad de los pecados “. Si bien es cierto que el derecho está inspirado en valores axiológicos, sólo le atañe a éste la conducta exterior del hombre, sin importar el móvil o el fin de los actos humanos. Es por esto que para el derecho el acto cometido por Romanovitch es una conducta punible porque es considerado como homicidio, sin embargo como se ah considerado previamente, él creía que al hacerlo se iba a liberar de la carga que lo agobiaba, cosa que después haría al escribir su articulo periodístico, sucesivamente al contarle su culpa a Sonia y finalmente al confesarlo a Petrovitch; y era una forma de sacar su frustración debido a la miseria en que vivía y no sólo la de él, sino de todos los que se encontraban en una situación similar a la de él, de ésta forma haría un bien a la sociedad.

De acuerdo con el imperativo categórico de Kant “debo obrar de este o de otro modo, aun cuando yo quisiera tal cosa”, se debe considerar que las acciones tomadas por Rodion no pueden ser elevadas a ley universal como lo establece dicho imperativo, y tomando en cuenta una de las críticas al imperativo antes mencionado, la ley moral tiene su fuente en una voluntad distinta del obligado, es decir no depende del libre albedrío de las personas sino de una fuente objetiva. Y en este caso, el móvil de Raskolnikov es una fuente subjetiva en la que él cree firmemente que hará un bien, haciendo lo que, considerado legalmente, no debe ser y por lo tanto comete una conducta violatoria de la que no debe quedar impune

Otro aspecto en el que difieren la moral y el derecho son la regulación unilateral-bilateral respectivamente. En la obra de Crimen y Castigo todo gira en torno a la idea de que si es en realidad un acto a piadoso e incluso hasta heroico el que realiza el protagonista, mientras estaba en su interior era unilateral como lo es la moral, y al realizar el crimen, se convirtió en un acto bilateral ya que frente a su acción estaba “el ofendido” que en éste caso es la sociedad, la cual posee reglas que deben ser acatadas por todos los que la conforman, así sean considerados extraordinarios o no. De no existir en el ordenamiento jurídico una norma que castigue el homicidio, estaríamos frente a un acto unilateral de Romanovitch ya que, como se considero previamente, e inclusive afirmo Rodion es un acto suyo, propio y por el que antes ha debido de ser evocado, al igual que lo hace Kant en sus meditaciones “el deber moral es deber para con la conciencia, para con el ideal de nosotros mismos, para con el Dios que llevamos dentro…” contrario al derecho, el cual se traduce en deberes jurídicos que son exigibles mediante un acto bilateral. Conforme nos adentramos en el subconsciente de Raskolnikov nos percatamos de su sufrimiento antes y después del homicidio, por lo que se debería considerar que su verdadero castigo fue la intranquilidad y el desasosiego que le producía su conciencia, deliraba actos imaginarios y tortuosos, al principio su castigo fue unilateral impuesto por la moral, por su yo interior, y posteriormente al confesar su crimen se convierte en un acto bilateral, cuando la sociedad le impone la pena privativa de la libertad y lo envían a Siberia.

Al analizar las características opuestas de la moral y el derecho, nos damos cuenta de que una conlleva a la otra, la interioridad-exterioridad, la unilateralidad-bilateralidad y por último la incoercibilidad-coercibilidad de los mismos. La coercibildad radica en la “posibilidad de cumplimiento no espontáneo y, por ende, de imposición forzada…” , de lo cual se deduce que la moral a diferencia del derecho es incoercible, ya que debido a su subjetividad y ambigüedad no puede ser exigido su cumplimiento coactivamente, lo que para unos puede ser bueno para otros es reprobable, como sucedió con Hitler en su época. Para Rodia la concepción de la vida no concuerda con la ideología de la mayoría de la sociedad en que vive. Su concepción del bien y el mal se rige por la de su propia ética y moral, por lo que seria incorrecto afirmar, como hacen muchos, que Raskolnikov carece de toda etica y de toda convicción moral. Por esto choca su forma de ser con la de los que le rodean. El estudiante entiende que no es malo acabar con una persona si con ello se pueden salvar varias vidas. De esta forma, el estudiante muestra el bien que se haría cometiendo un mal mínimo. Para él, es inmoral matar a otra persona sin una causa muy clara y justa. Por otro lado, el derecho funciona de manera opuesta, es coercible, obliga a las personas a actuar de una manera determinada y en caso de realizar una conducta violatoria tendrá como consecuencia una sanción ya sea pecunaria o privativa de la libertad. En el caso de la moral la sanción del acto violatorio es “el sentimiento de culpa, estado de desazón, a veces de angustia, que en lenguaje de ética recibe el nombre de remordimiento o arrepentimiento!”, y Raskolnikov recibe ambas sanciones la impuesta por la moral y por el derecho, pero su remordimiento no estriba en haber cometido el homicidio en sí, sino el no haberlo perpetrado con éxito, ni siquiera fue capaz de ver el motín de su robo ni darlo a los mas necesitados o incluso para su propia causa. Por tanto se nos presenta que el estudiante siente una especie de remordimiento que lo agobia hasta el delirio por haber realizado tal acción, pero a la vez no se arrepiente de haberlo cometido. "¿Y si el hombre, el hombre en general, es decir, el género humano, no es en realidad vil? Entonces, eso serán prejuicios, falsos temores, no hay barreras de ninguna clase y las cosas han ocurrido como deben ocurrir”.

Después de haber analizado las diferencias de la moral y del derecho, nos encontramos los puntos en común de ambos ya que los dos son ordenadores del querer y obrar humanos. Las normas del derecho, la mayoría de las ocasiones es acatada por los individuos de una sociedad por razones morales, lo que vendría a ser el respeto al imperativo legal y no solo por el temor a recibir una sanción. Rodion, se vio obligado a confesar su crimen por razones morales, ya que se le hizo una carga tan grande que no pudo sobrellevar. Porfirio le hace ver al protagonista que si confesaba se reduciría su pena pero lo más importante, el sufrimiento de la privación de libertad purificaría  su alma. Lo que necesitaba era declarar y sufrir para vivir. El sueño de Raskolnikov en el hospital nos muestra los sentimientos de verdadera redención. En el sueño deja claro que el “superhombre”, el cual sale de hacer una breve relación entre el pensamiento nietzchesco y el del ser extraordinario de Romanovitch, sería como una peste para la sociedad, ya que, si todos fuéramos así, reinaría el caos y seríamos incapaces de convivir juntos. Todos tendríamos derecho a hacer lo que nos viniera en gana, sin respetar las normas que nos son impuestas por el derecho y que tienen como fundamento valores universales, en una de por si vaga relación a la mitología de la antigua Grecia. En su sueño se le revela oportunidad de empezar una nueva vida y se alegra de no haber cometido el suicidio, ya que otra fuerza redentora sería el amor hacia Sonia que lo esperaría hasta el final, “Le quedaban a Raskolnikov siete años de dolor y sufrimiento pero, ¡cuanta felicidad! Estaba salvado” esperanza que se empieza a alimentar cuando Sonia le hace lectura de los libros evangélicos.
El si se puede considerar la obra Dostoievskana como un clásico contemporáneo, lo ricamente que si, ya que nos presenta una situación tan verídica y actual que se nos hace fácil comprender las motivaciones de Raskolnikov para cometer el crimen, sentimos que la sociedad en que vivimos no es tan justa y que tenemos que hacer algo para cambiarlo, aunque ese algo implique realizar un acto que vaya en contra del derecho, al menos es una de las premisas que defienden los grupos subversivos y otros partidos contrarios al régimen actual. En cierta forma nos volvemos cómplices del protagonista tratando de justificar su acción, porque su fin -desde su punto de vista- es meritorio y loable. Sin embargo, como el mismo Raskolnikov lo comprende al final, esto no sería posible porque al vivir en un estado de Derecho, estamos obligados a respetar las normas legales para tratar de vivir en armonía en la sociedad. Se puede decir que al final la justicia es la que gana, aunque nos seria mas loable afirmar que es la que no pierde.

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DON CAMILO (Giovanni Guareschi)

Este cura bruto y bonachón a la vez es uno de los prototipos clásicos del antihéroe.

En un mundo pequeño, donde se mueven pocos centenares de personas, afanadas en la diaria rutina de subsistir, ocurren acontecimientos que no adquieren trascendencia universal, pero que, sin embargo, reflejan las pasiones, los anhelos, las inquietudes de todos los hombres y de todos los lugares de la tierra. En ese pequeño mundo que desarrolla la novela, destácanse dos personajes, cuyas sobras podrían cubrir muy vastos territorios: el cura don Camilo, consejero espiritual de la pacífica grey aldeana, y el comunista Pepón, alcalde de la villa, en virtud de una victoria comicial de los """"rojos"""". Este hecho trastorna la existencia de la aldea y plantea problemas nunca sospechados. Imagine el lector los antagonismos que surgen de semejante oposición. Pero el líder comunista es hijo del pueblo, criado en la reverencia al credo de sus mayores, y la nueva ideología social no alcanza a destruir en él la fe religiosa. Es, en consecuencia, un comunista católico, pero anticlerical.
Este singular estado de conciencia provoca regocijantes soluciones en los actos del alcalde. El autor ha sabido explotarlos con decoroso humorismo, el que da a este libro una fisonomía en extremo simpática, además de la llaneza de las sugestiones, que son profundamente humana. Porque, en verdad, renuevan en aquel ínfimo espacio de la tierra las mismas querellas que gravitan sobre el alma de los hombres en todas las latitudes.

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