Winesburg, de Ohio, se convierte en el País de Octubre. O más bien Green Town, de Illinois, durante el largo y caluroso verano de 1928, se renueva en la febril imaginación de Douglas Spaulding de modo que parece convertirse en un ámbito de viajeros del tiempo, brujas y magia, de zapatillas de tenis encantadas y «máquinas de la felicidad» de Rube Goldberg. Esta no es una fantasía sobre lo sobrenatural en ningún sentido clásico, sino una obra sumamente imaginativa que explota un filón profundo de la moderna literatura fantástica popular norteamericana. Hay muchas extravagancias encantadoras aquí, combinadas con un obvio anhelo de un modo de vida más simple y tradicional. Pero también contiene elementos más obscuros: Douglas comprende que algún día morirá; a una anciana le roban todos los recuerdos de su juventud; y un asesino llamado el Solitario acecha en las sombras de la ciudad. Como en su obra anterior, Crónicas marcianas (1950), este libro de Ray Bradbury es una colección de cuentos cortos provistos de pasajes de unión y presentados como una novela. Y como toda la obra de Bradbury, concierne en buena medida a la infancia, a la visión que tienen los niños de las cosas.
La hierba susurraba bajo su cuerpo … El viento gemía en sus oídos desnudos. El mundo se le deslizaba resplandeciente sobre el círculo vidrioso de los ojos … Los pájaros revoloteaban como piedras saltarinas por la charca invertida del cielo … Los insectos cargaban el aire de un brillo eléctrico. Diez mil cabellos crecieron una millonésima de centímetro en su cabeza. Oyó los corazones gemelos latir en cada oído, y el tercer corazón le latía en la garganta; los dos corazones palpitando en sus muñecas mientras el corazón real le martillaba el pecho. El millón de poros de su cuerpo se abrió.
Estoy realmente vivo, pensó.
Aparte de tales revelaciones importantísimas, poco es lo que ocurre. Douglas ayuda a su abuelo a seleccionar las flores de cabeza dorada que serán usadas para hacer el vino del estío («las palabras eran un verano en la lengua»). Durante los meses enteros de junio, julio y agosto, el viejo embotella su vino, y cada botella es como la esencia destilada de un día del verano. Ésta es la idea que unifica el libro: una serie de días, una fila de botellas, la luz del sol atrapada ayer. El vino del estío (Dandelion Wine) de Bradbury es un libro de recuerdos, un tributo profundamente nostálgico a su propia infancia en el Medio Oeste. Su magia es tan delicada como un «reloj» de diente de león o una corola cargada de simientes: el menor roce lo deshace en mil fragmentos. Es difícil analizar las razones de su éxito, pero en este libro la característica mezcla de Bradbury de poesía, comedia, sentimentalismo y nostalgia funciona muy bellamente.
Sería su última obra plenamente satisfactoria, en mi opinión. La feria de las tinieblas (1962) trata de volver a usar algo del mismo material de la infancia de un modo más macabro, pero parece en comparación muy repetitiva y «forzada». Ray Douglas Bradbury (nacido en 1920) es un maravilloso escritor de cuentos que nunca se ha sentido cómodo dentro de la forma novela. Aparte del excelente material de El vino del estío, lo mejor de sus relatos fantásticos se encontrará en El País de Octubre (1955), una voluminosa colección que contiene cuentos cómicos, grotescos, horripilantes y conmovedores.
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Esta verdadera fantasía heroica sobre la Tierra de los Elfos de las antiguas leyendas noruegas fue publicada en un tiempo en que las novelas de literatura fantástica de cualquier tipo eran una mercancía rara en los Estados Unidos (aunque los libros de «Conan», de Robert E. Howard fueron publicados por una pequeña imprenta norteamericana a comienzos de los años cincuenta) . La novela de Anderson estuvo agotada durante una década y media antes de ser resucitada (y revisada) para la serie «Adult Fantasy» de Ballantine Books en 1971. Pese a la escasa atracción que tuvo, se ha convertido en una obra influyente, gracias al entusiasmo de Michael Moorcock y otros pocos autores de obras de espada y hechicería.
Esta breve novela de terror pertenece a la gran tradición británica de relatos horripilantes contados junto a la chimenea. El narrador, Alan Querdilion, cuenta la historia a un amigo que fuma su pipa mientras están sentados, a altas horas de la noche, ante un hogar lleno de leños crepitantes. Pero las experiencias de la guerra que relata están lejos de ser agradables. Sarban es el seudónimo de John W. Wall (nacido en 1910), escritor conocido por sus historias de fantasmas. En una introducción escrita para la edición americana, Kingsley Amis arguye que El cuerno de caza (The Sound of his Horn), aunque en gran medida situado en un futuro cuidadosamente imaginado, es literatura fantástica más que ciencia ficción: «el universo para-lelo en el que se sitúa el cuento principal no debe ser abordado mediante ningún género de técnica científica»; además, el encuadre es rural (y neofeudal), mientras que los horrores característicos de la ciencia ficción comúnmente son urbanos.
Curioso libro cuyo autor, seguramente un seudónimos, nos habla de la actual manía de alabar a toda v´citima y a cualquier perdedor por el simple hecho de haber perdido, no se sabe el qué, y no se sabe tampoco cómo.