Variedad, Paul Valéry

[Varieté, I, II, III, IV, V]. Título que Paul Valéry (1871-1945) ha dado a los cinco volúmenes de ensayos que reúnen parte de sus escritos en prosa, has­ta 1944.

El primer volumen (1924) es indis­cutiblemente el más interesante, recogiendo y reflejando en sus páginas los temas y las cualidades características de este raro y sutil ingenio. Contiene el largo ensayo Introducción al método de Leonardo da Vinci (v.), el cual puede considerarse (junto con la «Nota y Digresión» que lo precede) como la verdadera introducción y el pro­grama de toda la obra de Valéry. Los otros escritos deben ser todos considerados como obras de circunstancias, es decir, como debidas a una invitación o a un impulso externo a tratar un tema determinado, lo cual responde perfectamente al tempera­mento y al ingenio de Valéry, espíritu inte­resado en toda suerte de problemas y típi­camente llevado a imponer a los más diver­sos temas su mentalidad. Así lo vemos en «La crisis del espíritu» [«La cruce de l’esprit»]f apasionado analista de aquel conjunto de tradiciones y de innovaciones, de aquellos hechos espirituales que forman el tesoro de la civilización europea, la cual se le antoja trágicamente amenazada por la lucha política y por los excesos teóricos a que es arrastrada por su mismo desarrollo.

Páginas que se han hecho famosas no sólo por el lúcido rigor de un pensamiento, sino sobre todo por la sincera angustia con que él, «europeo», señala los términos e indica las posibilidades de un tan difícil y compli­cado problema. En el ensayo «Acerca del Adonis» [«Au sujet d’Adonis»], estudiando el pequeño poema de La Fontaine, aporta un nuevo argumento en favor de su teoría de la importancia de las «reglas» en poesía, con el valor de la obligación y el fruto de las dificultades superadas, precisando una de las bases del clacisismo contemporáneo. La imagen que traza de La Fontaine poeta es característica: «el autor del Adonis (v.) no puede ser más que un espíritu singular­mente despierto, todo delicadeza y bús­queda»; llega por este camino a considerar al poeta de las Fábulas (v.) como un maes­tro de su más joven amigo Racine; y su te­sis, de un La Fontaine atentísimo a los problemas del arte, no desprovista de no­vedad, ha sido confirmada por la crítica más reciente.

El «Avant-Propos» (prefacio al volumen de Lucien Fabre, La connuissanee de la Déesse) es un extenso estudio sobre el origen y evolución del Simbolismo (v.), no muy original ni en su base ni en su contorno, pero rico de ingenio en los juicios particulares y de felices definiciones. «Acerca del Eurêka» [«Au Sujet d’Eurêka»] es una variación sobre el conocido «poema cosmo­gónico» de Poe, que le da ocasión de refor­zar con las citas de un maestro las ideas sobre el conocimiento por él profesadas. El volumen es completado por una «Variación sobre un pensamiento» [«Variation sur une Pensée»], elegantísima digresión lírica sobre un pensamiento de Pascal, y por un «Home­naje» [«Hommage»], breve escrito ágil y penetrante motivado por la muerte de Proust. El segundo volumen (1929) acentúa el carácter fragmentario y episódico del pensamiento crítico de Valéry. En él, des­cuidando los argumentos filosóficos, se en­trega con preferencia a temas literarios.

En el «Fragmento de un Descartes» [«Fragment d’un Descartes»] se libera fácilmente de la obra maestra de Descartes, con una elegante frase («discurso casi incorruptible, como todo lo que se ha escrito con exactitud»), para reducirse a una sabrosa variación so­bre la vida del filósofo; argumento que se recoge de nuevo con sugestiva agilidad in­mediatamente después en el «Regreso de Holanda» [«Retour de Hollande»], en el que patéticos recuerdos de Descartes y de Rem­brandt son evocados sobre el fondo de la ciudad de Amsterdam. El estudio sobre Bossuet, celebrado como maestro insuperable de estilo, la nota sobre La Fontaine «Ora­ción fúnebre de una Fábula» [«Oraison fu­nèbre d’une Fable»] y el «Prefacio a las Cartas Persas» [«Préface aux Lettres Per­sanes»] confirman la cada vez más acen­tuada tendencia del autor, hacia una suerte de clasicismo intelectualista. Los dos ensa­yos más extensos del volumen son el «Sten­dhal» y la conocidísima «Situación de Bau­delaire» [«Situation de Baudelaire»].

En el primero, con mimetismo característico, se abandona a una serie de digresiones ora frívolas y triviales, ora penetrantes y origi­nales (es notable el estudio sobre el ego­tismo), elevando de vez en cuando el tono de sus divagaciones con golpes de sonda caprichosos y seguros. El largo escrito sobre Baudelaire, pese al aparente rigor del tra­tado, no sale en realidad de los esquemas tradicionales: el poeta de las Flores del mal (v.), el teórico de las Curiosidades esté­ticas (v.) y del Arte romántico (v.), es casi exclusivamente considerado en su oposición al romanticismo, y su enorme influencia sobre toda la poesía posterior aparece más bien afirmada que demostrada. Las más be­llas páginas del ensayo son las que hablan de Poe y de Hugo. De hecho, el arte de Valéry ensayista aparece realmente vivo y precioso, sugestivo y brillante, justamente cuando se trata de reevocar ciertos aspectos fugaces y significativos, ciertos gestos ejemplares, momentos de vida y pulsación de alguna figura literaria que haya atraído sobre ella su curiosidad, o conquistado su atención o su afecto.

Así, el vértice de este volumen, y quizás los aciertos más genuinos de toda la prosa de Valéry, hay que señalarlos en las breves páginas sobre Verlaine, sobre Huysmans, y sobre todo en los apasionados homenajes a Mallarmé, donde es menester buscar el verdadero origen de tantas y tan­tas convicciones de Valéry, hombre de pensamiento y poeta. El tercero, el cuarto y el quinto volúmenes (1936, 1938, 1944) bien poco añaden al conocimiento esencial del es­critor, aun cuando su proverbial y consuma­da habilidad de estilista renueva acaso de página en página con notable felicidad los sabidos encantos.

Hay en ellas todavía un cariñoso recuerdo de Mallarmé; un retorno al tenaz mito leonardesco «Leonardo y los filósofos» [«Leonard et les philosophes»]; un grupo de escritos en el que, comentando su obra de poeta (el Cementerio marino, v.; Cármenes, v.; la Joven Parca, v. Poesías) o tratando del arte poético en general («El problema de la Poesía» [«Question de Poésie»], «Poesía y Pensamiento abstracto» [«Poésie et Pensée abstraite»]) desarrolla su reiterada teoría de la «Poesía pura»; insis­tentes y penetrantes llamadas a la vida intelectual «La política del Espíritu» [«La poli- tique de l’Esprit»], «El balance de la Inte­ligencia» [«Le bilan de l’Intelligence»]; y después, sobre todo en el cuarto y quinto volúmenes, discursos, fruto de su actividad de académico y conferenciante, sobre los más diversos temas: Goethe, la Historia, la Ciencia y el Arte, e incluso un curioso y elegantísimo «Informe sobre el precio de la virtud» [«Rapport sur les Prix de Vertu»]… El tercer volumen contiene además dos es­quemáticos «melodramas»; Amphion y Sémiramis.

M. Bonfantini

Leer a Valéry significa ante todo sentirse constreñido al más severo examen de con­ciencia intelectual, y haciendo este examen de conciencia es cuando tenemos las mayo­res probabilidades de comprender en qué disciplinas se aguza la punta, el poder de penetración de este espíritu tan completo y a la vez tan singular. (Du Bos)