De la Variedad de las Cosas, Gerolamo Cardano

[De varietate rerum]. Vasta enciclopedia cientí­fica compuesta por Gerolamo Cardano (1501- 1576) en 1556, y publicada en Basilea en 1557, en diecisiete libros.

Entre las doscien­tas veintidós obras de Cardano, especial­mente de Medicina, es ésta la más impor­tante. En ella resume o incorpora el mate­rial de su obra De la sutileza (v.). Es una verdadera mina de noticias sobre el estado de la ciencia de su tiempo, combinada con sus experiencias y descubrimientos de geo­metría, matemática, física, y con disertacio­nes sobre sus variados inventos, y también sobre sus propias ideas, creencias, supersti­ciones acerca de las propiedades y virtudes ocultas de la materia, las simpatías entre los cuerpos, adivinación, los horóscopos, la quiromancia, etc.

Trata también, en diferen­tes libros, de las propiedades admirables del agua y del aire, y la utilización por el hom­bre de los elementos (I libro); las propie­dades de la luz, las influencias de las estre­llas, con discusiones sobre el poder de los demonios, la influencia de la Luna, las ma­reas (II); las propiedades de los «cuerpos mixtos» con innumerables cuestiones sobre los olores, los sabores, las cualidades del vidrio, la leche, la sangre (III); las «prodi­giosas cualidades de las piedras para pre­sagiar los acontecimientos», la transforma­ción del agua del mar de salada en dulce (V); las extraordinarias cualidades de algu­nas plantas y sus modos de cultivo (VI); las propiedades de los animales, sus extra­ñas costumbres (VII); la curación supers­ticiosa de algunas enfermedades extrañas del hombre, y la discusión sobre la natu­raleza de los sueños y su valor (VIII); los «artificios» o industrias del fuego, y «comu­nes»; las extraordinarias virtudes y propie­dades del fuego, de los fenómenos químicos y las varias artes comunes; a continuación los «artificios» más sutiles: de ahí el capí­tulo sobre la ocultación, comprendidas la estenografía y la prestidigitación (XII); a los que siguen los «artificios más humildes»: la averiguación del material y los instru­mentos para escribir, fabricación de tintas, etcétera, la tipografía, las varias artes de embellecerse, de quitar las arrugas, hacer crecer y teñir los cabellos, volver blancos los dientes, de los cosméticos, los perfumes, etcétera. El libro XIV, tenido en gran fama, versa sobre «la adivinación más oculta», que abraza incluso «las señales y portentos» de les elementos; y es notable en Cardano, además de la repudiación de la hipótesis demoníaca para la explicación de los orácu­los entre los paganos, que sustituye por* la astrológica, el sentido crítico que en oca­siones muestra, en la interpretación, por ejemplo, de las visiones, para las cuales insinúa la hipótesis que hoy llamaríamos alucinatoria.

Interesantes son los casos refe­ridos de «monstruos» animales y humanos; el de la epidemia colectiva simultánea por «poseimiento» de las setenta alumnas de un pensionado de Roma, que llevaba dos años de duración, para la que insinúa la hipó­tesis de una infección del agua y del aire, o, como alternativa, la de un engaño. Sigue el libro no menos célebre (XV) «de la adi­vinación artificiosa»: los presagios de muer­tes y desgracias, el tratadito de quiroman­cia, y sobre todo el de «los hechiceros, brujas y agoreras», de los que, después de referir numerosos casos corrientes y en su tiempo generalmente admitidos, expone su opinión de médico y psicólogo de que «la mayor parte de éstos es fabulosa e inven­tada», y que en los procesos de brujas sus propias confesiones son mentirosas, incohe­rentes y sin valor; por lo mismo, aprueba la reforma judicial del Senado veneciano, que suprimió la causa principal de tales acusaciones, esto es, la confiscación de los bienes de las víctimas en favor de los acu­sadores y jueces en común.

En cuanto a los «milagros», de los que refiere un gran nú­mero, es notable que les dé como motivo de credulidad el hecho de que éstos no sean más maravillosos que tantos otros portentos y fenómenos de la naturaleza; respecto a la «resurrección de los muertos», se trata, dice, «de personas creídas muertas a juicio de los sentidos». Curiosos son los varios modos y trucos para hacer aparecer espectros, simu­lar muertes e imitar prodigios; las maneras de obtener sueños verídicos y oráculos y presagios de tempestades. Es interesantí­sima en la enumeración de lo que ayuda a «los oráculos naturales», la referencia a las enfermedades, «en las que quizás, como en los sueños, el alma se libera de los vínculos terrenales». En el libro XVI («sobre las cosas sobrenaturales maravillosas») acu­mula curiosísimas noticias de magia natu­ral, encantamientos y supersticiones, expo­niendo numerosos casos de fenómenos psí­quicos o físicos anormales, referidos, examinados, discutidos…

Cardano cierra este copioso y enredado barullo dando gracias a Dios de que se haya servido ayudarle a componer este tratado, que es un precioso y curiosísimo documento: mezcolanza de extrañas fantasías y de rigurosas observa­ciones científicas, de geniales indagaciones personales y de fácil credulidad hacia una fabulosa tradición, de Edad Media y de Renacimiento.

G. Pioli