Un Héroe de Nuestro Tiempo, Michail Jur’evič Lermontov

[Geroj našego vremeni]. Novela rusa de Michail Jur’evič Lermontov (1814-1841), publicada en 1840. Está formada por cinco narraciones («Bela», «Maksim Maksimovič», «Taman», «La princesa Mary» y «El fatalista») unidas entre sí por la existencia de un héroe central, Pečorin (v.), joven oficial ruso en torno a quien gira el relato y en cuyo nombre está conducido.

En «Bela», se narra cómo  Pečorin, enamorado de la hija de un príncipe Tártaro, Bela, consigue, a través de una serie de intrigas arriesgadas, raptarla y cómo, después de enamorarla, tiene indiferencia por ella y, al fin, la muchacha, olvidada por Pečorin, es nuevamente raptada por un tártaro y muerta; en «Maksim Maksimovič» se dan las caracte­rísticas del viejo oficial ruso en el Cáucaso, que se identifica con la tierra con­quistada. Maksim Maksimovič (v.) ha en­contrado en el Cáucaso a Pečorin y es él quien narra su aventura con Bela. La característica de su figura es acentuada por el poeta oponiendo los rasgos fuertes y sa­nos de su personalidad con los morbosa­mente enfermizos de Pecorin. Algunas pá­ginas del diario del último forman el con­tenido de «Taman», la tercera narración o capítulo de la novela que gira en torno a la figura de una muchacha, una atrevida y astuta criatura dedicada al contrabando que, descubierta por Pečorin , fingiéndose enamorada de él consigue ablandarlo y tra­ta de matarlo echándolo al mar. También la cuarta narración, «La princesa Mary», está formada por páginas del diario de Pečorin , que narra las aventuras bastante com­plicadas de su doble amor por Vera (v.) y por la princesita Mary (v.) y de su duelo con su amigo y rival en amores Grusnickij. En la última narración, «El fatalista», al contrario que en la precedente, falta casi la menor intriga, narrando únicamente dos episodios que intentan demostrar que el hombre no puede disponer a su arbitrio de su vida, sino que está sujeto a la fuerza de la fatalidad.

El mismo hecho de la di­visión en narraciones independientes, hace dudar que a Un héroe de nuestro tiempo le corresponda la calificación de novela; más bien podría llamársele biografía, en parte incluso autobiografía, con fondo analiticopsicológico, tratando precisamente ca­da una de las narraciones de presentar un lado característico de la compleja perso­nalidad romántica de Pečorin, en parte espejo de los tormentos espirituales del mismo escritor. Pero esto, que podría pa­recer un defecto, es un rasgo original de la obra desde el punto de vista de la téc­nica artística y adquiere aún mayor evi­dencia por el modo estilístico verdadera­mente plástico, tanto respecto a los perso­najes particulares, como de los ambientes en que se mueven. Con justicia, junto a las Historias de Belkin (v.) de Pushkin y a las Almas muertas (v.) de Gogol, Un héroe de nuestro tiempo ha sido considerado como una de las piedras fundamentales del gran edificio de la novela rusa del siglo XIX. [Trad. de G. Portnof (Buenos Aires, 1940)].

E. Lo Gatto