Según la atribución de la Suda (v.) este diálogo lo compuso el neosofista Filostrato, llamado el Ateniense, autor de Apolonio de Tiana (v.) de las Vidas de sofistas (v.); de las Imágenes (v.). Tiene lugar en el Quersoneso tracio, entre un viñador cuyas tierras están cerca del santuario de Protesilao, y un navegante fenicio detenido por los vientos contrarios. A petición de este último, escéptico en lo tocante a la inmortalidad, a los héroes y a su posibilidad de intervenir después de muertos en los asuntos de los hombres, el viñador le da cuenta de las apariciones de Protesilao, de sus profecías, de las acciones de los héroes míticos, de Palamedes, Ayax (v.), Héctor (v.), Aquiles (v.), Antíloco (v.), Patroclo (v.), Eneas (v.), Sarpedonte, Alejandro, etc.; habla con mucho detalle del espíritu de Aquiles y del culto que se le tributaba en Tesalia. El diálogo, que se termina con la llegada de la noche, y con la promesa del viñador de hablar al día siguiente de los dioses de los infiernos, tiene forma platónica, aunque queda muy por debajo de sus modelos; viva y bastante lograda es su ambientación. Se propone comprobar la actividad de los demonios, a los que identifica con los héroes de la mitología; es interesante como exponente del movimiento que tendía a reafirmar la fe en la antigua religión griega y en particular a renovar el culto de los héroes. La segunda parte, quiere precisar la verdad sobre la guerra de Troya, mediante el testimonio del héroe Protesilao, y se conecta con una larga relación de escritos y narraciones basados en los acontecimientos de la guerra de Troya.
C. Schick

