Es, posiblemente, la obra maestra de Robert Burns (1759-1796), el más importante de los líricos escoceses, ideada de una sola vez, en un día de feliz inspiración, mientras el poeta aldeano se hallaba trabajando en los campos, y escrita luego febrilmente, durante la noche.
Publicada dentro del mismo año en que fue compuesta (1790), se hizo pronto famosa en toda Escocia. Es un romance grotesco, formado por casi doscientos versos, y que se basa en una vieja leyenda escocesa. Tam O’Shanter es un campesino que acostumbra entretenerse en la taberna las noches de los días festivos. Su mujer, Kate, le ha pronosticado numerosas veces, aunque en vano, que acabará de mala manera. En una ocasión en que un viejo camarada y una graciosa tabernera le han entretenido más que de costumbre, sale Tam de la taberna a una hora avanzada de la noche, mientras se desata el mal tiempo. Monta sobre su yegua Meg y se lanza por la oscuridad. Siente un poco de miedo, pero trata de engañarlo cantando viejas canciones escocesas. Cuando se aproxima a la iglesia de Alloway, entre los árboles sacudidos por el viento, observa que todas las ventanas se hallan iluminadas y siente la más viva de las confusiones.
La curiosidad es más fuerte que el miedo; se acerca’ y ve que en las naves de la iglesia, demonios y fantasmas se entregan a una danza vertiginosa, al son de una gaita tañida por el propio Belcebú. La danza está llegando al momento culminante cuando Tam reconoce, entre tantos viejos fantasmas, una bella muchacha «bien conocida en las orillas del Carrik», quien con una camisa cortísima es la más animada de todas las bailarinas. Tam la sigue con mirada des- lumbrada, hasta que de pronto el ardor lo trastorna y grita; «Ven, camisa corta». Cesa de repente la música, se apagan las luces y los espectros se lanzan a través de las ventanas sobre Tam. que apenas tiene tiempo de montar sobre Meg y escapar al galope. Siente cómo le persiguen los fantasmas cual enjambre de abejas envenenadas, y se encomienda al cielo y a su fiel yegua, pidiendo que logre alcanzar el puente vecino, sabiendo que los fantasmas no osarán rebasar el río.
La brava Meg consigue salvar a su dueño, pero cuando intenta dar un último salto más allá del centro del puente, tiene que dejar su larga cola entre las manos de Nannie, la Camisa corta. Tal vez en ninguna otra obra poética, el humorismo y la leyenda han logrado una fusión tan perfecta como en Tam O’Shanter. Exceptuando unos pocos versos, la poesía se desenvuelve en dialecto escocés, lo que contribuye a acentuar el tono verista y popular, pero por otro lado dificulta su difusión fuera de Escocia. Esta balada fue muy elogiada por Scott y Wordsworth.
L. S. Filippi

