[Poesie religiose]. Colección de poesías de Mario Rapisardi (1844-1912), publicada en 1887. Las composiciones están animadas por una doliente y ansiosa concepción de la vida que, después del superficial optimismo juvenil, asoma ya en la conclusión del Job (v.): «todo es misterio, excepto el dolor».
Entre los ecos de Monti y Carducci, junto a evocaciones clásicas y. mitológicas, y alguna truculenta exaltación de la Verdad, de la Libertad y de las rebeliones titánicas, que hace eco a los temas predilectos de sus poemas precedentes, se halla en este volumen una serie de poesías, llenas de humana sinceridad en medio de la angustia y los extravíos y en el estremecimiento de la ascensión hacia la serenidad. De esta vibración humana están llenas las visiones de la naturaleza, en que el espíritu halla la voz de todos los dolores, la forma única de la eternidad viviente («Renovatio», «Conforto»).
De duda y de dolor están hechas las figuraciones de esta poesía: es el asceta que encierra en las tinieblas de la muerte los ojos que no vieron el rostro bello y funesto de Isis, a cuyo nombre el corazón saltaba como la ola que se hincha de amor bajo el rayo purpúreo de la luna («Martirio»); y Rama, que insatisfecho entre los brazos de su esposa, pide a Dios el dardo que deshaga sus miembros mortales («Nella foresta»); y la Felicidad blanca, impasible diosa, que es, quizás, lo mismo que la Muerte («Felicitas»); y la Paz, ante la cual solamente los muertos pueden decir : «O fiore che in cima dell’arte ruine cresciuto di pianto t’innalzi alle stelle, o sogno divino dell’anime belle, o candida Pace, sei nostra alla fine!» («Comizio di pace»).
En otras ocasiones, la meditación del poeta se detiene en visiones más serenas, y canta al joven que, dominado por el terror de la nada, se arroja al mágico reino de la vida, eterna Circe («Balada»), o el perenne sucederse del florido descuido de la vida con la sombra de la Muerte, donde el alma humana «assisa fra un’urna e una culla, ritesse la tela dei sogni» («Mors et vita»). En fin he aquí el verbo supremo que la Naturaleza, única diosa, concede al que le es fiel: ley de la vida y el amor, «l’unica luce nell’arduo mistero», la Charitas, «al cui soffio fecondo s’apre il cielo e palpita il cuore del mondo» («Nomos», «Crepúsculo», «Charitas»). Así, abandonadas las actitudes del rebelde y el apóstol, en la contemplación de su fe filosófica, Rapisardi encuentra finalmente una emoción que Compensa La Equívoca Oratoria De Gran Parte De Su Producción.
E. C. Valla

