[Geistliche Gedichte]. Poesías de Nikolaus von Zinzendorf (1700-1760), quien en 1722 acogió en su propiedad, de Bertlesdorf, en Silesia, a los miembros supervivientes y desparramados de la secta originariamente husita de los «hermanos moravos», asignándoles la parte de su propiedad que se encontraba a los pies del Hutberg, y los reorganizó rígidamente según principios pietistas coherentes y unitarios.
Cambió el nombre del lugar llamándole «Herrenhut» (Custodia del Señor); sus miembros fueron llamados «hermanos». El ideal de Zinzendorf era reunir en Herrenhut miembros pertenecientes a todas las sectas protestantes, para que, como en algún tiempo habían hecho los «hermanos moravos», constituyeran también una unidad, reunidos por un ilimitado e incondicionado amor a Cristo. No quería romper los vínculos con la Iglesia constituida, sino que miraba hacia un propio y particular sistema de prácticas piadosas. Para uso de la comunidad, de la que en 1737 se convirtió en obispo, compuso numerosas poesías para ser cantadas en las funciones religiosas.
El primer «Gesangbuch» [«Libro de cantos»] de la comunidad fue impreso en Lobau, en 1735; contenía novecientos setenta y dos cantos, de los cuales doscientos ocho son del propio Zinzendorf, que dan el tono a los de los demás autores (Gregor, Garve, Albertini, etcétera, además de los de su esposa, Dorothea Erdmuth). En ediciones posteriores del «Gesangbuch» se añadieron nuevas composiciones hasta llegar en la de Gnadau, de 1892, a mil doscientos doce cantos. En una edición autónoma de sus poesías, no pensó Zinzendorf durante su vida; sólo en 1845, hizo Knapp una colección completa. Son todas invocaciones estáticas y apasionadas de Jesús que, bajo ciertos aspectos, recuerdan las poesías escritas cinco años antes, en pleno barroco, por el jesuita Friedrich Spee (v. Ruiseñor que desafía) y por Angelus Silesius (v. Querubín -peregrino).
Sin embargo, se diferencian de éstas en que las composiciones de Zinzendorf más que verdadera poesía son plegarias en verso. Algunas. veces su fervor y su intensidad son tales que despiertan en nosotros sentimientos no tanto de estupor como de incomprensión hacia una sentimentalidad que aparece exagerada, pero que sin embargo correspondía exactamente a las necesidades espirituales del autor y de sus adeptos y que ejerció gran influencia en la conciencia de todos los fieles de la comunidad.
Todavía hoy algunos de los cantos forman parte del patrimonio espiritual de la Iglesia Protestante, fuera de la secta de los «Herrenhüter»; así, por ejemplo, el «Jesús, precédenos en la vida» [«Jesu geh voran auf der Lebensbahn» ], que se canta durante casi todas las funciones.
C. Gundolf

