Las composiciones del mexicano Manuel Acuña (1849- 1873) vieron la luz póstumamente con el título de Versos, que se cambió por el de Poesías en la segunda edición (París, Garnier, 1884), y por el de Obras en la más reciente, o sea la publicada por José Luis Martínez (México, 1949).
Produjo Acuña su obra poética entre 1868 y 1873, toda ella de carácter lírico, si se exceptúa el drama titulado El pasado, que figura en las ediciones a partir de la de 1884. Aparte un grupo de poemas que pudiéramos llamar «ideológicos» (los tercetos «Ante un cadáver», «El hombre», etc.), los restantes son «amorosos», «patrióticos», «humorísticos», «descriptivos» y «de circunstancias». Entre los primeros, es uno de los mejores «Resignación», motivado por su ruptura con Laura Méndez, al que siguen en mérito los tercetos «A Laura» y el «Nocturno», sobre el que volveremos luego; de los patrióticos, son dignos de mención «El Giro», «Hidalgo», «15 de septiembre» y «Cinco de Mayo»; de los humorísticos, «La vida del campo» y «A la luna», y de los descriptivos, el rotulado «San Lorenzo».
Un grupo de poesías, «Hojas secas», recuerda la manera de Bécquer, aunque no es seguro que Acuña alcanzara a leer los versos del sevillano; también tiene algunas canciones y cuatro «Doloras», imitación de las de Campoamor. Inspiróle «Nocturno», la más conocida de sus composiciones, su pasión por Rosario de la Peña: «Pues bien; yo necesito decirte que te quiero,/decirte que te adoro con todo el corazón…» Esta obra — como ha observado Martínez — «carece estrictamente de auténtico temblor lírico; sus versos están desprovistos de belleza formal; sus imágenes no tienen el relieve y el vuelo que se reconoce en las de «Resignación», por ejemplo, y los mismos sentimientos que confiesa el poema no pasan de vulgares; pero el secreto de su popularidad puede encontrarse en el hecho de que en el «Nocturno» parece acuñarse el lenguaje mismo del infortunio amoroso, la fórmula ya hecha en que el desgraciado en amores siente expresada su desventura».
A. Millares Carlo

