Poesías, Goffredo Mameli

Fueron incluidas en la colección de Escritos publicados e iné­ditos de Goffredo Mameli [Scritti editi e inediti di Goffredo Mameli], publicada al cuidado de Antonio Giulio Barrili, en 1902, que contiene toda la producción de Gof­fredo Mameli (1827-1848), incluyendo los es­bozos y los apuntes.

Las primeras poesías de amor llevan la fecha de 1842, cuando el poeta, que apenas tenía quince años, transfiguraba a la mujer amada con una ideali­zación que oscila entre el ángel cristiano y la peri persa. «El amor», «El sueño de una virgen», «El joven cruzado», «La idea», ofrecen los vestigios de las reminiscencias escolares y están matizadas de vagas aspi­raciones a un dulce reposo, a un abandono a la manera de Prati. Pero ya en el epita­lamio «A un ángel» se apunta el conflicto entre los halagos de esa vida idílica y el deseo de acción; de manera que el final, en que se saluda a la joven que va a ser esposa, tiene casi el tono de despedida para todo cuanto había constituido el mundo de los sueños de la adolescencia.

La mano de Dios ha separado ya sus destinos, y la bandera del poeta estará «entre la sangre y el estruendo, donde se lucha y se espera con rebeldía el porvenir». Mameli se había aproximado, en efecto, a Mazzini; y de la fraternidad del trabajo nacieron los cantos «Los hermanos Bandiera», «Roma», «Dante e Italia», «El alba», que remontándose a las tradiciones gloriosas de Roma sellaban todo peligroso compromiso para la consecución de la unidad italiana según el pensamiento del maestro. Y en diciembre de 1847 fue escrita la oda «Dio e popolo», cuyo estribillo «che se il popolo si desta,/Dio combatte alia sua testa,/la sua folgore gli da» [«Que si el pueblo se despierta,/Dios combate a su ca­beza/y su rayo le da»] será la interpreta­ción de la fórmula mazziniana como Mameli la había sentido durante los festejos de Génova para celebrar el centenario de Balilla. Lo había precedido en pocos meses el himno’ «Hermanos de Italia», el cual, musicado por Michele Novaro, fué la canción de guerra que resonó por todos los campos de batalla los años siguientes.

Los aconte­cimientos del 48 fueron además eternizados en dos últimos cantos. El uno, «AH’armi all’armi» [«A las armas, a las armas»], con su poético juramento «Non deporremo la spada» [«No depondremos la espada»], lleva la simbólica fecha del 26 de agosto de 1848, para consagrar el épico combate de Morazzone donde los voluntarios de Garibaldi, .entre ellos el mismo Mameli, desa­fiaban, con breve pero fiera protesta arma­da, el armisticio del Salasco. Aquel himno fue en octubre del mismo año musicado por Giuseppe Verdi con el deseo de que pudiese «fra la música del cannone essere presto cantato nella pianura lombarda» [«Entre la música del cañón ser pronto can­tada en la llanura lombarda»].

El segundo, «Milano e Venezia», recitado en el teatro Carlo Felice en una academia musical lite­raria a favor de Venecia el 16 de septiem­bre, era el grito de dolor de todos los que habían visto aquel verano derrumbarse toda esperanza de libertad. Entre las obras in­completas hay un esbozo, con variantes, de un drama histórico cuyo protagonista, Pao- lo da Novi, tintorero de seda, elevado a la más alta magistratura de la república, cayó víctima de las celadas de sus envidiosos colegas y de un joven extranjero a quien hospedó e hizo confidente de sus más cela­dos secretos.

T. Momigliano