Están reunidas bajo este título las poesías más notables de Francesco Gaeta (1879-1927), en un volumen publicado en 1928, al cuidado de Benedetto Croce.
La actividad poética de Gaeta va del Libro de la juventud [Libro della giovinezza, 1895] y las Reviviscencias [Reviviscenze, 1900] a los Sonetos voluptuosos y otras poesías [Sonetti voluttuosi ed altre poesie, 1906], y las Poesías de amor [Poesie d’amore, 1920]. Gaeta antes de rozar la poesía hubo de ejercitarse en la retórica, escribiendo en un principio himnos civiles y hasta canciones mitológicas y doctrinarias, a las que después renunció. Su poesía está siempre en versos regulares; es más, son por lo general formas difíciles y cerradas: tercetos encadenados, dísticos, sonetos, octavas. La primera y no siempre grata impresión que producen es de contraste entre la forma viva, actual, y las formas antiguas.
Gaeta es un sensual, uno de aquellos para quienes las cosas exteriores existen; y en él los aspectos, las formas de la vida, no contrastan, sino que, por el contrario, proporcionan la única realidad posible al espíritu. Sus mujeres, sus nostalgias, sus amores, él los canta tal como hablan a su corazón de hombre; pero sus estrofas trabajadas, sus versos difíciles, sus demasiado frecuentes inversiones, algún truncamiento que está de más, algunas palabras arcaicas a menudo dan la impresión como de un mosto nuevo introducido en odres viejos, pero vencida aquella primera impresión de dureza la percepción de la forma acaba por aislar mejor y dar más carácter a la inspiración. Gaeta canta todos los colores, los cuerpos, las alegrías de la vida que lo rodea.
Y en este ambiente el poeta dice sus amores, pinta sus mujeres. Las amantes de Gaeta o de su fantasía son pequeñas burguesas napolitanas, hijas de modestos comerciantes, esposas de tenderos. Entre la calle y el salón, aquel amor de Gaeta fue llamado «el amor en el balcón»: un aspecto característico de la vida corriente napolitana. En el balcón matutino se ven jóvenes esposas que tienden la ropa, cambian fundas de almohadas y las sacuden; un amor casero hacendoso; y con todo prohibido, sensual. Imágenes frescas, inmediatas; la muchacha («voi schiavi del corpetto/seni diciassettenni») y la casada coqueta «che fin sugli occhi pettina i capelli». Es una alegre sorpresa encontrar pañuelitos de color de rosa, corpiños de seda, broches, hebillas, ligas, en versos de bello giro clásico.
La sensualidad de Gaeta, con ser tan refinada y podríamos decir minuciosa es, con todo, franca, sana. Goce o padezca por amor, el poeta sabe dónde es justo detenerse, sin exigir nada más allá, pero sería error querer colocar a Gaeta, por sus muchos apuntes y pormenores realistas, en la línea de poetas prosaicos o de los llamados crepusculares. Gaeta intenta el camino opuesto; y los detalles minuciosos, prosaicos, prefiere ensalzarlos, envolverlos en el tono lírico. No quiere humillar la poesía en las cosas, prefiere ensalzar las cosas, hasta las pequeñas, en la poesía. En esto Gaeta es más semejante a Sala que a Gozzano, o a Moretti. Tampoco, como suelen los crepusculares, se muestra resignado, amargado. Muy al contrario.
Hay gran placer de vida y hasta una filosofía detrás de sus versos. Filosofía en verso en los primeros años; por fortuna no perseveró en este camino. Pero no cuesta mucho advertir en sus idilios y en sus amores, con la tristeza sensual, una virtud de dolor y un viril denuedo. El poeta no bebe descuidado la copa del amor; sabe que la frescura, la gracia del primer consentimiento, la grata embriaguez por cualquier cosa de los primeros días del amor, no volverá. E invita a la amada a que conserve también en su corazón aquel primer encanto, aquel «sol de junio». «Ah non dimenticarli, questi primi momenti!/ Ecco il sole di giugno va via dal tuo balcone ;/d’un pianoforte arrivano gli accordi sonnolenti/fra i tulipani, e un alito di neve e di limone…/Saprò come il tuo pettine dietro il guanciale cada,/ai caldi fianchi i solchi de le compresse vesti,/sul labbro \a pelurie periata di rugiada,/su le allaccianti braccia i segni degl’innesti…/Ma il giugno, il giugno tenero di rondini e di capri/e di sospiri d’organo pel cuore di Gesù/sol esso fu l’amore…» (Poesie d’amore).
No había otro poeta (sino tal vez Di Giacomo) que pudiese expresar la música sensual y napolitana de estos últimos versos. Ciertamente, Gaeta no siempre canta así ni tan bien. No son raros en él los momentos en que el poeta queda perjudicado por dificultades y asperezas de la forma, o en que se contenta con dejar en el papel un rastro apenas, un asomo de poesía. Gaeta no fue siempre un poeta acertado; sin duda, espigando cuidadosamente entre las composiciones poéticas de este autor se puede obtener un bello cancionero de amor.
P. Pancrazi

