Patria, Abilio Manoel Guerra Junqueiro

[Pàtria]. Poema alegórico, en versos alejandrinos, dividido en veintitrés escenas, del poeta portugués Abilio Manoel Guerra Junqueiro (1850-1923), publicado en 1896.

En tanto que el mar muge tempestuoso y los relámpagos surcan el cielo, en un salón del regio castillo — cuyos muros están ornados con los retratos de los antiguos reyes de Braganza — Siganus, Magnus y Opíparus, ministros del rey de Portugal, muestran un pergamino (el tratado entre Portugal e Inglaterra) y cambian entre sí cínicas e insultantes opiniones sobre el so­berano, tachándolo de fanfarrón, etc.

Llega el rey, quien declara que firmará el tratado sin leerlo, y se abandona a vanas charlas con los ministros. Cuando se queda solo oye una voz que se lamenta de haber te­nido castillos y fortalezas, naves y espadas, en tanto que ahora está privado hasta del alma, prisionera en el castillo. Es el «Loco», símbolo del Portugal decaído. Siganus y Opíparus lo traen ante el rey, encadenado, llevando en la mano un libro desencuader­nado y desgarrado: Os Lusiadas (v.), de Camoes.

Cuando el «Loco» ve los retratos de los soberanos de Braganza colgados de los muros, prorrumpe en soeces insultos con­tra ellos. El pueblo entre tanto se rebela y llegan al castillo los bramidos de la insu­rrección, mientras que el rey dice estulticias y el «Loco» se lamenta y maldice. La tempestad se desencadena en el cielo y en el mar, y una nave gigantesca se llena de gen­tes hambrientas.

Viejos, mujeres y mucha­chos aparecen en el curvo vientre del enor­me navío: son los emigrantes. El «Loco» grita y los ministros se lo llevan fuera. Al rey, que se queda solo, se le aparecen los espectros de sus predecesores y le aconsejan firmar el tratado.

Aparece también el Gran Condestable Nunho Alvares Pereira, que (en tercetos) deplora amargamente tantas mi­serias. Nunho Alvares se encuentra con el «Loco» y se reconocen. En tanto, el castillo arde y el rey muere. A la luz del incendio, el «Loco» recupera su alma, pero llegan cor­sarios que lo atan y lo insultan.

Llevado por fin a lo alto de la montaña, le crucifican, colocando sobre la cruz infamante la irónica inscripción: «Portugal, rey del Oriente». Escrito por Guerra Junqueiro bajo la tre­menda impresión producida por el «ultimá­tum» brutal con que Inglaterra humilló en 1890 a Portugal, decidiendo violenta­mente a su propio favor la cuestión de Chire, en Sudáfrica, el poema lleva el signo de una violenta indignación que, si no con­siente al autor ninguna efusión lírica, halla en la pasión que impregna el símbolo un aliento creador que da a su elocuencia, ya que no a su poesía, una fuerza de visión que no carece de vigor. [Trad. española, en ver­so, por Eduardo Marquina, en Obras com­pletas, tomo III (Barcelona, 1905)].

L. Panarese