Patrología Griega y Latina, Jacques-Paul Migne

[Patrologiae cursus completus]. Al ingenio po­deroso y a la actividad incansable del abate Jacques-Paul Migne (1800-1875), teólogo francés, debemos la existencia de esta obra colosal, que ideó y realizó entre 1844 y 1866, con objeto de recoger en una colec­ción única todos los textos cristianos, grie­gos y latinos, compuestos desde la época delos Apóstoles hasta los umbrales de la Edad Moderna.

La colección se subdivide en dos partes: la patrología griega y la latina. La griega comprende todos los textos cristia­nos compuestos desde la época de los Após­toles al Concilio de Florencia (1459), en 161 tomos (más 2 vols. de índices), publica­dos en dos series, la una de 108, la otra de 55 volúmenes, en los que al lado del texto griego va la traducción latina; existe además una tercera serie de 84 volúmenes, que con­tiene solamente las traducciones latinas de los textos.

La obra comienza con Clemente de Roma, Bernabé Apóstol, Mateo Apóstol, Hermas, para llegar hasta Teodoro de Gaza, Juan Paleólogo, Constantino Paleólogo, etc. La patrología latina, en 221 volúmenes (más cuatro de índices), se extiende desde los orígenes de la literatura cristiana, es decir, desde Tertuliano y Cipriano, hasta Inocen­cio III (1216).

Después de la muerte de Migne, en 1880, Horoy añadió a esta serie un apéndice de 6 volúmenes con el título Patrología Latina Medii Aevi, la cual parte del «Ordo Romanus», de la «Quinta Compilatio decretalium», para llegar con el sexto volumen a los escritos de San Francisco de Asís y de San Antonio de Padua.

El mayor mérito de esta obra consiste en ofrecer la primera edición de bastantes textos griegos y latinos, y la primera traducción latina de algunos textos griegos; se trata, sin embar­go, de ediciones que tienen muchos defec­tos desde el punto de vista crítico. Migne, en efecto, tuvo que recurrir a ediciones preexistentes y, por consejo de Pitra, so­bre todo a las de los benedictinos.

Tales ediciones, hechas con método menos rigu­roso que el actual, no pueden ser aceptadas como base para trabajos filológicos. Sin em­bargo, son muy útiles las noticias eruditas sobre la vida de los autores y sobre la his­toria literaria y religiosa de varios textos, que se anteponen a la edición de cada uno de ellos.

M. Corti