[Contes]. Colección póstuma de algunas páginas en prosa del poeta francés Albert Samain (1858-1900), publicada en 1903.
La finura, que tan patente es en la obra poética del autor, incluso cuando alcanza una notable fuerza representativa como En el jardín de la Infanta (v.) y en el Carro de oro (v.), se pone de manifiesto aquí en los mismos defectos de la construcción narrativa. Se trata de cuatro narraciones, escritas con una rebuscada simplicidad que no escapa a la delicuescencia; pero en conjunto adquiere vivo relieve la complacencia totalmente parnasiana en los detalles y la miniatura de personajes mimados y acariciados.
En «Xantis o la vitrina sentimental» [«Xantis ou la vitrine sentimentale» ], una danzarina griega ligera e inconstante, pero toda voluptuosidad y vibrante de vida, enamora a las demás estatuitas de una vitrina Luis XV, desde el marqués viejo y galante al músico soñador, al fauno rústico y salvaje que por celos hará en mil pedazos a la voluble bailarina; y es el epílogo de una variación sobre temas del siglo XVIII dibujados como un arabesco.
En «Divina Buentiempo» [«Divine Bontemps»] describe la sensibilidad de una jovencita que siente, inconscientemente, la fuerza del amor y que no encuentra paz; el estilo de este cuento recuerda algunas de las poesías más efusivas y personales del poeta. Defectos patentes de una aspiración que desea fundir lujuria y sentimiento, voluptuosidad morbosa y finura de corazón, se presentan en los diversos barroquismos de «Rovére et Angiséle».
Algo parecido aunque fastidiosamente estropeado por el oropel romántico, encontramos en «Hyalis, el pequeño fauno de los ojos azules» [«Hyalis, le petit faune aux yeux bleus»]: el amor no correspondido del fauno, que siente nacer en su alma aspiraciones y voluptuosidades desconocidas, se cierra con la muerte. El fauno toma el veneno de la hechicera y muere a los pies de la bella, después de haberle dado un beso mientras duerme. En esta narración se hace patente el tema inspirador del arte de Samain, demasiado a menudo enfermo de pasiones que no se calmaban con la vida y hacían desembocar en tortuosas tentativas psicológicas sus mismas confesiones de poesía.
C. Cordié

