Mucho Ruido por Nada, William Shakespeare

[Much ado about nothing]. Comedia en cinco actos, en verso y prosa, de William Shakespeare (1564-1616), escrita en la forma que la po­seemos, en 1598, pero probablemente exis­tente ya en redacción de juventud, impresa en 1600 y en 1623. El motivo dramático central, del amante inducido a engaño por medio de una persona que adopta el pare­cido de su amada — antiguo motivo que ya se encuentra en las Aventuras de Quereas y Calirroé (v.), de Caritón de Afrodisia —, Shakespeare lo ha sacado de las Novelas (v.) de Matteo Bandello (nove­la XXII), en la versión de François de Belleforest (Histoires Tragiques, III, 1569), y del Orlando Furioso (v.) de Ludo vico Ariosto (historia de Ginevra y Ariodante). Las agudas discusiones de Benedicto y Bea­triz parecen inspiradas en las de Gaspare Pallavicino y de Emilia Pia en el Cortesano (v.) de Baldassarre Castiglione, traducido por sir Thomas Hoby en 1561.

El príncipe de Aragón, don Pedro, en cuyo séquito fi­guran Claudio y Benedicto (Benedick), vie­ne a visitar a Leonato, gobernador de Mesina, padre de Hero y tío de Beatriz. Clau­dio se enamora de Hero y se acuerda su matrimonio. La alegre y aguda Beatriz (v.) y Benedicto (v.), soltero impenitente e ingenioso, se encarnizan en atacarse con sus burlas; sus amigos deciden hacer que se enamoren y se las componen de ma­nera que Benedicto sorprenda una conver­sación en que el príncipe y Claudio hablan de un pretendido amor secreto de Beatriz por él, y Beatriz sorprende una confidencia semejante acerca del amor que Benedicto parece alimentar por ella en secreto. De este modo los amigos se imaginan ser artífices de la derrota de los adversarios del matrimonio; pero ya en aquel acosarse es­taba el germen de una secreta inclinación. Don Juan (don John), hermano bastardo del príncipe y recientemente reconciliado con él, es un carácter soberbio y perver­so.; envidioso del favor que Claudio goza cerca de su hermano, imagina un en­gaño para destruir aquel matrimonio: Borrachio, su criado, se presentará de noche bajo la ventana de Hero, y a la ventana se asomará, vestida con las ropas de Hero, Margarita (Margaret), la doncella de com­pañía de Hero, que está enamoriscada de Borrachio; el príncipe y Claudio asistirán de lejos al coloquio.

Así sucede con la in­voluntaria complicidad de Margarita, la cual, vistiéndose de Hero, piensa ceder a una inocente mascarada. Claudio y el prín­cipe quedan profundamente impresionados, y el día de las bodas delatan la conducta de la joven en plena iglesia. Hero se desmaya. Por consejo de fray Francisco (Friar Francis), que está seguro de la inocencia de Hero, Leonato hace correr la voz de que la joven ha muerto y Benedicto, estimulado por Beatriz, desafía a Claudio por haber calumniado a Hero. Mientras tanto, Borrachio, en estado de embriaguez, confiesa el engaño a un compañero y es oído por los guardias de la ronda nocturna, al mando de dos grotescos oficiales de policía, Dogberry y Verges, que dan lugar a unas escenas cómicas con sus bobadas y su pue­ril incompetencia. Borraehio es detenido y revela al príncipe y a Claudio el engaño de que han sido víctimas. Claudio ofrece reparación a Leonato y le recomiendan que se case con una prima de Hero en sustitu­ción de la supuesta muerta. En el momento de las bodas, la esposa descubre ser Hero en persona. Se casan también Benedicto y Beatriz, y su petulante agudeza no los aban­dona ni ante el altar. Desde luego don Juan, que había huido de Mesina, es dete­nido y será castigado. Aunque el enredo Hero-Claudio sea visiblemente el tema prin­cipal de la obra, con la melodramática escena de la iglesia y el efecto final de la muerta fingida que resucita (repetido, junto con otros rasgos de esta comedia, en el Cuento de invierno, v.), ello no constituye la parte viva de la obra.

Ya aquella trama se ve algo debilitada por la circunstancia de que las pasiones que sus­cita deben armonizarse con el clima de una comedia; de manera que, por ejemplo, la escena del coloquio fingido, imaginado para deshonrar a Hero, es sólo referida brevemente, el siniestro carácter de don Juan queda apenas apuntado y Claudio, en lugar de conmoverse con una desesperación pa­recida a la de Troilo (v. Troilo y Criseida) en semejante situación (la de asistir sin que lo vean al coloquio de amor de la mujer amada que le hace traición), se muestra mecánico e inhumano en su cambio de carácter a medida que la trama lo re­quiere. Las escenas verdaderamente vivas son las desarrolladas entre Benedicto y Bea­triz, pareja que se asemeja bastante a la de Biron-Rosalina en Trabajos de amor perdi­dos (v.); a pesar de que sus frases jocosas no sean propias del gusto moderno, su brío nos conquista; no son personajes del todo cómicos, pues la devoción de Beatriz por Hero, y su indignación y la diligencia con que Benedicto se compromete a servirla de­safiando a Claudio, les prestan aquella por­ción de seriedad que basta para representár­noslos como seres humanos completos.

Tam­bién son muy divertidas las escenas, cuyo carácter es de neta farsa, en que son pues­tos en ridículo los oficiales de policía; una frase de Dogberry, quien se queja de que el escribano no haya puesto en su informe que uno de los detenidos lo ha llamado asno, se ha hecho proverbial: «¡Oh, si él estuviera aquí para escribir que soy un asno!» [«That he were here to write me down an ass!»]. [Trad. española de Luis Astrana Marín en Obras completas (Madrid, 1930) con el título Mucho ruido y pocas nueces (10.a ed., Madrid, 1951)].

M. Praz