De la Muerte, San Cipriano

[De Mortalitate]. Breve tratado de San Cipriano, obispo de Cartago (martirizado en el año 289), en 26 capítulos, escrito con ocasión de la epidemia de peste que en los años 252-253 diezmó la pobla­ción de Cartago. Es una exhortación espi­ritual, tejida de reminiscencias estoicas, pero reanimadas por el espíritu cristiano, dedicada a todos los que, en aquella ho­ra de prueba, mostraban estar turbados por los acontecimientos. El Reino de Dios — afirma S. Cipriano — está próximo; nadie debe temer la muerte si aspira a unirse con Cristo. En este mundo no hay paz; sería locura preferir las angustias y las lágrimas de este mundo a la perspectiva de un gozo sin fin. Si la plaga ataca lo mismo a los fieles que a los paganos es porque también los cristianos, mientras permanecen en el mundo, están sujetos a las miserias comu­nes de la humanidad. La fe no es un se­guro contra las desgracias; es menester sa­ber ofrecer a Dios el sacrificio de un co­razón humillado, reivindicando como único privilegio el del sufrimiento, con la convicción de que para el cristiano la muerte es una liberación. Tampoco tiene razón de la­mentarse el que teme la muerte natural como obstáculo para el martirio; Dios no pide nuestra sangre, sino nuestra fe. La muerte nos introduce, de cualquier modo que la afrontemos, en aquella inmortalidad gloriosa que debe asociarse al triunfo eter­no de Jesucristo. Para los cristianos, que son extranjeros en este mundo, la verda­dera patria está en los cielos. Apresuré­monos, pues, a entrar en nuestra verda­dera patria donde nos esperan nuestros seres queridos, donde Cristo coronará a lodos los que lo hayan amado.

M. Niccoli