[Christliche Mystik]. Obra historicofilosófica del alemán Joseph Gorres (1776-1848), publicada por primera vez en Ratisbona en cuatro gruesos volúmenes en 1836-42.
En los años en que la publicación de las obras completas de Hegel y la Vida de Jesús (v.) de Strauss parecían señalar el triunfo definitivo del inmanentismo, esta poderosa obra representa una primera historia documentada de lo trascendente y de su continua, directa intervención en la lucha entre la luz y las tinieblas, entre Dios y Satanás, que acompaña en su camino a la humanidad, a través de los siglos. A la emancipación de la carne proclamada por la «Joven Germania», Gorres opone la redención de la carne de la servidumbre del pecado y la liberación del espíritu; al dúalismo ético y metafísico, el monismo teocéntrico; al idealismo panteísta, la filosofía perenne del realismo cristiano. Ésta es la posición polémica de Gorres, que debe ser tenida presente por todo el que quiera hoy juzgar objetivamente del valor de su obra. La falta de una severa crítica de las fuentes, las construcciones apriorísticas y las fantásticas especulaciones, el tributo pagado en la última parte al ocultismo y a la demonología, no pueden hacernos olvidar que la Mística de Gorres constituye la primera tentativa de una metafisiología y metapsicología de la experiencia mística y de una antropología de la santidad.
En los pasajes en que el autor, olvidados sus esquemas, se esfuerza por obtener con método deductivo, del material recogido, los caracteres distintivos de los fenómenos particulares, donde con la ingenua fidelidad del cronista, pero al mismo tiempo con la segura intuición del poeta y del creyente, cuenta la historia de un alma o traza la figura de un santo, donde, en fin, para explicar las supersticiones y las aberraciones de una época, dibuja con mano segura el cuadro de la vida política, moral y religiosa, consigue ser siempre eficaz y persuasivo. Entonces comprendemos que la Mística cristiana es verdaderamente el testamento espiritual del gran escritor católico, la obra en la cual vertió toda la plenitud de su experiencia religiosa y humana, madurada en una larga vida fecunda y combativa. Aquí, la infatigable investigación de un primer principio inmutable, que es la nota predominante de esta vida, se apacigua finalmente en la contemplación de aquel mundo de la santidad, en el cual, de siglo en siglo, se refleja y se actúa el Evangelio de Cristo y se cumple la obra de la Redención. Las ideas que informan la Mística cristiana están ya claramente expresas en el prefacio que el autor escribió en 1829 para la edición de las obras de Suso, al cuidado de Diepenbrock. El hombre, llamado a unir, como «naturaleza media» que es, las dos opuestas esferas de lo real, y constituido por Dios rey del Universo, por su culpa primera ha decaído de su dignidad y ha perdido su armonía interior.
Sólo si el alma humana, arrepentida del pecado, va al encuentro espontáneamente de la obra redentora del eterno amor, el orden podrá ser restablecido. Los caminos escogidos por la Gracia para reconducir el alma al abrazo del Padre son el gran tema de la mística cristiana. Al proceso de deformación corresponde, grado por grado, el proceso de la reforma interior, el cual, preparado por la ascesis, culmina en el éxtasis en que el alma, olvidada de sí misma y de las criaturas, se hunde en el abismo de los divinos misterios y se une con su Creador. Las estaciones que el alma recorre en su gradual ascensión hacia Dios están ilustradas con amplitud de argumentaciones y de ejemplos en los dos primeros volúmenes de la Mística. Los otros están dedicados al fatal «descensus» del alma, que cediendo a las lisonjas de Satanás va bajando de grado en grado hasta la última abyección, hasta identificarse, en cuanto es posible a la criatura humana, con el propio Príncipe del Mal.
C. Grünanger

